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Una nueva casa para salvar vidas

  • IFEMSI trabaja en tres áreas: prevención, contención y sanación.
  • Centro de atención a mujeres con intención de abortar abrió dos clínicas

Danny Solano Gómez
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En casi ocho años de brindar atención se ha salvado la vida de 1200 bebés que pudieron haber sido abortados, pero también se trata de 1200 madres que dijeron sí a la vida y siguen recibiendo acompañamiento.

Así habló Priscilla Díaz, directora del Instituto Femenino de Salud Integral (IFEMSI), sobre la labor que ha realizado este centro desde su fundación, cuyas nuevas instalaciones en Pavas, San José, fueron inauguradas el pasado lunes 3 de marzo.

Esta organización sin fines de lucro brinda atención integral a mujeres embarazadas que han contemplado la opción de abortar, con el objetivo de que digan sí a la vida y, con ayuda, salgan adelante.

IFEMSI cuenta con el apoyo de profesionales en medicina y psicología, asimismo tiene programas de formación y capacitación en diversos oficios. En casos específicos también se da apoyo con diarios de alimento y pañales.

Además, se ofrece acompañamiento espiritual con respeto del credo confesional de las gestantes.

Siete de cada 10 mujeres que atienden deciden continuar con el embarazo. Sin embargo, debido a que hay quienes terminan por practicarse un aborto el Instituto tiene el Proyecto Sara, con la meta de sanar y atender a esas mujeres con pérdidas gestacionales.

Esta nueva clínica en Pavas cuenta con mejores condiciones que la anterior ubicada igualmente en ese distrito josefino. Recientemente también se abrió otro local en Montes de Oca.

Al final de la actividad se hizo la donación por parte de Senda de la Vida de unos modelos fetales al Equipo Provida de la Parroquia de San Isidro de Coronado.

En la inauguración participaron laicos y líderes a favor de la vida. También estuvieron presentes Pbro. Marvin Benavides y el diácono, Frank Brenes, así como miembros de otras denominaciones religiosas como Sixto Porras, director de Enfoque a la Familia. 

“Abrí una clínica abortiva con mi mamá”

Durante la inauguración de las nuevas instalaciones en Pavas estuvo presente Marta Ávila, presidente de Heartbeat Internacional en Miami, una asociación cristiana que promueve centros para embarazos en crisis, la cual sirvió de inspiración para IFEMSI.

“Un día vamos a ver el aborto como vemos hoy la esclavitud y nos preguntaremos ¿cómo fue que eso sucedió?”, dijo Ávila.

También estuvo presente la cofundadora de las primeras clínicas de Heartbeat Internacional en Miami, Jeannie Pernia, quien compartió su testimonio.

Antes de convertirse en provida, Jeannie fundó junto a su madre la primera clínica de aborto en Hialeah, Miami.

Contó que ella y su progenitora habían trabajado en una clínica donde hacían abortos, notaron que era un buen negocio, por lo que decidieron ellas mismas tener una propia. 

Un día Jeannie quedó embarazada, aunque ella quería tener a su hijo, su madre y su pareja la presionaron para que abortara, así lo hizo, con dolor en su corazón, reconoce.

Poco tiempo después volvió a quedar embarazada, pero esta vez, contra toda opinión decidió que iba a tener a su bebé. Rompió con su pareja, su madre le vendió a él las acciones de la clínica y abrió otra donde también se hacían abortos.

Jeannie se casó y tuvo dos hijos más. Tras una crisis familiar se acercó a la iglesia. Un día, durante una celebración, llegó un ministro a hablar sobre el aborto, pues el condado donde ella vivía era el proveedor de abortos número uno en Estados Unidos.

“¿Qué pasó con el niño que aborté? No había procesado eso, reprimía todo recuerdo, pero ahora me enfrentaba a una persona que me hablaba del aborto… quería salir corriendo”, contó Jeannie.

Al final de la charla, después de escuchar el testimonio de una mujer que había abortado, con la que ella se identificó, fue donde el ministro y se ofreció a ayudar. Para su sorpresa el hombre le propuso crear una clínica provida, mayor fue la sorpresa cuando vio el local y estaba en el mismo edificio donde ella había trabajado para hacer abortos.

“Yo ni siquiera era capaz de pasar por esa calle (…) Dios iba a convertir aquel lugar de cultura de muerte en uno de cultura de vida”, comentó.

Jeannie relató que para ella fue muy importante la sanación. “Cuando una mujer se practica un aborto el dolor es tal que una se pone una máscara con una sonrisa y trata de olvidar (…) siempre habrá una cicatriz, pero al menos ya no supura, ya no duele”, dijo. 

Con los años su madre también se volvió provida, incluso tiene un doctorado en teología y sirve en la Iglesia. 

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