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Emprendimientos sociales cambian paradigma empresarial

  • Iniciativas incluyen un componente humano que las distingue

Danny Solano Gómez
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Con tan solo 26 años, Ximena Mendoza fundó en su natal Paraguay, Mboja’o, una empresa que tiene el objetivo de combatir el desperdicio de alimentos y la subalimentación en su país, esta iniciativa ofrece un servicio de recolección de los excedentes de alimentos que no se comercializan en locales gastronómicos, como restaurantes, para llevarlos a comedores infantiles o fundaciones.

Ella aclara que no se trata de sobras, sino de la que no se vende al final del día y que muchas veces es desechada. Por este servicio se cobra una tarifa mensual, por su parte los locales no tienen que buscar deshacerse de la comida y obtienen un valor agregado al posibilitar que muchas personas de escasos recursos puedan alimentarse bien.

Esta joven fue una de las invitadas a participar del TallerVIVA, que se realizó del 11 al 16 de noviembre en el Hotel Bougainvillea, en Santo Domingo de Heredia, el cual reunió a más de 70 emprendedores sociales de Latinoamérica.

Se considera emprendimientos sociales a aquellas iniciativas de negocio que tienen un impacto social y ambiental, según explicó Shannon Music, directora ejecutiva de VIVA Idea.

Music agregó que algunas de estas iniciativas empiezan como Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y modifican su modelo de negocios para obtener ganancias y depender menos de donaciones, o también hay otras que empiezan directamente como empresas que ven una oportunidad o nicho de mercado en medio de ciertas circunstancias.

Aporte social y ambiental 

Un ejemplo que mencionó es el de Kingo en Guatemala. Ante la realidad de muchas comunidades rurales en ese país donde no tienen acceso al servicio de energía eléctrica, esta empresa ofrece algo así como un servicio de energía solar prepago. 

Para ello instalan paneles de energía solar, con los que producen electricidad (a bajo costo y amigable con el ambiente) que las familias pueden comprar de acuerdo a sus necesidades, ya sea por un día, una semana o un mes.

Por su parte Mboja’o por ejemplo, ha logrado en un año rescatar 60 mil kilos de comida y beneficia a cerca de mil personas gracias a los contratos que mantiene con siete locales fijos o al brindar servicios en bodas, cáterin, eventos gastronómicos y otros.

En la actividad también participó Carlos Ortiz de Volcafé, una multinacional con presencia en Costa Rica que compra café a productores para venderlo a otras empresas (a nivel nacional o internacional), las cuales a su vez se encargan de tostar el café o comercializarlo. 

Ortiz gerencia una iniciativa que busca apoyar a los productores mediante una formación empresarial (agronómica, administrativa y financiera) que les permita hacer sus fincas más productivas y eficientes. 

De esta forma, Volcafé se asegura que el productor responda a su demanda con un producto de la calidad que necesitan. Según informó el gerente, se capacitó a los equipos de campo para que estos, en vez de solo verificar el estado de la cosecha, transmitan conocimientos de gestión, técnicas agrícolas, planificación y rentabilidad a los productores. 

Así, por ejemplo, un productor, podría reducir significativamente la cantidad de días que va a la finca y aprovechar ese tiempo para estar con su familia o para dedicarse a otra actividad económica que le genere más ingresos.

Asimismo Ortiz detalló que la empresa tiene un proyecto en el cual hacen “una evaluación de la pobreza” a través de indicadores multidimensionales para conocer qué impacto han tenido ciertas decisiones en las fincas en el ámbito familiar, comunitario o ambiental, por ejemplo, el mejoramiento de un sistema hídrico para uso de la finca puede también facilitar el acceso al agua potable de los vecinos.

 

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