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Adviento 2018: camino de esperanza, conversión y compromiso

Mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

El Adviento es el tiempo litúrgico que nos invita a la esperanza, mientras nos comprometemos a preparar el camino al Señor. “Preparar” significa asumir una determinada actitud ética, es conversión y compromiso social (Lc 7,23). Se trata de allanar los senderos, quitar las piedras del camino y evitar accidentes a lo largo del recorrido. Más aún, implica una actitud interna libre de ambigüedades, de desvíos y de yerros. Esperamos a Jesús, con un corazón limpio. 

Este tiempo, también, nos prepara a la celebración del nacimiento de Jesús, la Navidad. Es tiempo de esperanza, porque si el Hijo de Dios nace en los corazones, todos nosotros, nuestras familias y comunidades cristianas, seremos signo de auténtica novedad y renovación. El misterio de la Encarnación (Jn 1,14) nos compromete en la construcción de la paz como fruto de la justicia, solidaria y fraterna, en medio de los problemas que en la convivencia en sociedad nos inquietan y preocupan.  

Los signos externos, como la corona de adviento, el árbol de Navidad y el portal, nos hablan del misterio del amor de Dios, que anima a fortalecer la familia y la fraternidad. Signos que, además, nos comprometen como cristianos en la misión de reafirmar nuestro amor a cada ser humano, en especial con los más desfavorecidos de la sociedad, como son los pobres y las víctimas de la violencia (Lc 14.13).

En nuestra condición de Pastores, que peregrinamos con nuestras comunidades diocesanas, consideramos urgente dar respuesta a los siguientes aspectos:

1. Situación fiscal del país

No dudamos de la urgencia de una reforma fiscal, la cual durante décadas se ha postergado a falta de un consenso nacional, pues los intereses de los diferentes sectores entran en conflicto. Sin embargo, vemos en el diálogo sincero y constructivo, razonable y justo, con representación de todos los sectores, el único camino en la búsqueda del bien común, con especial cuidado de los socialmente más vulnerables. Nos preocupa que, en torno a la crisis fiscal, haya surgido otra crisis de naturaleza social, manifestada en una conflictividad que pone en riesgo la cohesión social en Costa Rica. 

Por tanto, urge la construcción de consensos mediante una amplia mesa de diálogo social. Más allá del actual proyecto de ley para el fortalecimiento de las finanzas públicas, Expediente N. 20.580, la meta es encontrar una política tributaria que desempeñe una fundamental función equitativa y redistributiva de la riqueza, no sólo en favor de quienes necesitan subsidios apropiados, sino también en el apoyo a la inversión y el crecimiento de la economía real .1

Es importante señalar que, además de encontrar soluciones al déficit fiscal, esta mesa de diálogo servirá también para recuperarnos del deterioro de la democracia que estamos experimentando, y encausar el camino de la cohesión social y de la paz. Urge pasar la página de las confrontaciones, ofensas y egoísmos mezquinos. 

2. Crece la pobreza

Según el INEC, 328.840 hogares, aproximadamente 1.142. 069 personas, se encuentren por debajo de la línea de pobreza, y de éstos, 99.034 hogares, es decir, 360.783 personas, viven en pobreza extrema y, por ende, estén en situación de hambre. Detrás de esas cifras hay rostros, personas que sufre y que tienen el derecho de llenar sus necesidades de alimentación, vivienda, vestido, servicios básicos, salud, educación y seguridad. 

Estamos convencidos que la causa más profunda de la pobreza en una sociedad es de naturaleza ética. Así lo expresa el papa Francisco al señalar que la pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que afectan a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales2.

Fortalezcamos en este tiempo de Adviento nuestro espíritu de solidaridad, y preguntémonos sobre nuestro grado de responsabilidad en la existencia y persistencia de la pobreza. Cada uno, desde las instancias correspondientes, comprometámonos a buscar los caminos para responder a esta triste realidad, ante la cual no podemos permanecer indiferentes.

3. La violencia en nuestra sociedad

Aunque somos una nación sin ejército y reconocidos como un país pacífico y pacifista, experimentamos una creciente escalada de violencia, que va adquiriendo carácter estructural: violencia al interior de los hogares; violencia contra las mujeres; violencia infantil en todas sus expresiones; violencia en las carreteras; violencia delictiva, que alcanza su más dolorosa manifestación en las últimas tasas históricas de homicidios; violencia en centros educativos (bullying); violencia en los medios de comunicación y en redes sociales virtuales; violencia contra personas por su nacionalidad, por su orientación sexual, por sus creencias políticas o religiosas; violencia por acoso laboral o sexual. 

El narcotráfico y el crimen organizado son una causa importante en el incremento de los homicidios, pero también se establece una asociación entre los homicidios y la desigualdad, aunque no sea esta la única causa, pero muchas manifestaciones de la violencia no se explican sin estos factores.

 La tendencia, cada vez más generalizada y creciente, de la violencia evidencia que se está produciendo una transformación cultural en nuestro país. Son comportamientos que tienden a expandirse y a involucrar cada vez a más personas. 

El mandamiento “no matar”, que compartimos en Costa Rica los creyentes de todas las confesiones y los que profesan una ética no confesional, no se reduce a no quitar la vida a una persona, sino a no dañarla en su integridad. Nuestro Señor Jesucristo dice: Han oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo les digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; el que llame a su hermano ‘imbécil’, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame ‘renegado’, será reo de la gehenna de fuego (Mt 5,21-22). 

Estamos llamados a ser constructores de paz. Los pacíficos son fuente de paz, construyen paz y amistad social. A esos que se ocupan de sembrar paz en todas partes, Jesús les hace una promesa hermosa: “Ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9). Él pedía a los discípulos que cuando llegaran a un hogar dijeran: “Paz a esta casa” (Lc 10,5). La Palabra de Dios exhorta a cada creyente para que busque la paz junto con todos (cf. 2 Timoteo 2,22), porque “el fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz” (Stgo 3,18). Y si en alguna ocasión en nuestra comunidad tenemos dudas acerca de lo que hay que hacer, “procuremos lo que favorece la paz” (Rm 14,19) porque la unidad es superior al conflicto3.

Es urgente combatir el crimen en todas sus formas, junto con el establecimiento de políticas de protección y promoción de las personas menores de edad. Este reto comienza por casa. Empeñémonos en la mejor política preventiva, que es educar a nuestros niños y niñas para que sean personas pacíficas. Ellos deben aprender en su hogar la ternura, el buen trato, la tolerancia, el respeto, la ayuda mutua y la altísima valoración que merecen las demás personas, descartando toda forma de exclusión, discriminación o maltrato. 

Nos apremia el reto de la construcción de una cultura de paz, de reconciliación y de encuentro, de profundo respeto y aprecio por la vida humana. El cambio cultural, que revierta las tendencias al crecimiento de la violencia, es una tarea a largo plazo, pero es la única forma de construir una sociedad pacífica.

Los graves problemas, a los que nos hemos referido, y las consecuencias que de ellos se derivan, no deben ser obstáculos para continuar el camino con esperanza, poniendo a disposición todos los medios necesarios para alcanzar lo que se espera. El Emmanuel, el Dios con nosotros,  camina a nuestro lado y nos anima en estos momentos difíciles (Mt 1,23; 28,20).

¡Preparemos el camino del Señor, allanemos sus senderos! Así comprenderemos que la verdadera alegría se experimenta cuando hemos sido capaces de vivir, de caminar, de esperar y practicar la justicia como purificación liberadora. Entonces la vida se transforma en júbilo, en gozo, en anuncio y nuestra palabra va acompañada de una fuerza indescriptible, de un dinamismo que invita a todos a asumir su parte de compromiso. 

Que el Señor Jesús, que nos dice la paz les dejo, mi paz les doy (Jn 14,27), bendiga todos los esfuerzos de quienes, día a día, trabajan en la construcción de una sociedad pacífica. Que, a ejemplo de la Virgen María, salgamos al encuentro del que nos necesita, seamos portadores de quien es la fuente de la auténtica alegría y esperanza, el Hijo de Dios que nació en Belén. Que ella, que guardó en su corazón el mensaje que recibieron de lo alto los pastores el día del nacimiento de Jesús: Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres (Lc 2,14), interceda por nuestro país, para que “bajo el límpido azul de nuestro cielo, vivan siempre el trabajo y la paz”.

En San José, el 21 de noviembre del 2018.
Obispos de Costa Rica

 

1Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero, n.º 5.

2Papa Francisco “Mensaje II Jornada Mundial de los pobres” n.° 4, 2018

3Exhortación Alegraos y regocijaos, n.º 88.

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