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Prevención si, alarmismo no

El mundo vive una alerta por la expansión de casos de Coronavirus, un contagio que inició en China pero que ya ha alcanzado a más de 70 países.

En una época de fronteras abiertas y de intercambios globales de flujos migratorios, es esperable que dicho virus llegue a nuestro país, tal y como lo han dejado claro las autoridades de salud.

Si bien la información oficial dice que solo dos de cada 100 infectados muere por el contagio, no pueden bajarse los brazos en las medidas de prevención que están siendo recomendadas, especialmente el lavado correcto de las manos y el protocolo de estornudo y tos.

Estas medidas tan sencillas son armas eficaces para evitar que el Coronavirus se propague sin control por Costa Rica, aumentando el peligro que ya tienen personas con factores de riesgo como afecciones respiratorias, deficiente sistema inmune y enfermedades crónicas.

No hace mucho, otra epidemia, la del virus H1N1, también llegó a nuestro país, y se pudo enfrentar con éxito gracias a la educación de la población y la actitud proactiva de actores como los medios de comunicación y las propias autoridades sanitarias.

Porque ante situaciones como ésta, lo importante es la prevención y la información certera, no el alarmismo que crea histeria, multiplica las dudas y fomenta la desinformación.

Lamentablemente, en las últimas semanas hemos sido testigos en nuestro país de la propagación de otra epidemia, la de noticias falsas en torno al Coronavirus, que han cread un sentimiento de temor en la población, a pesar de los llamados a la cordura hechos de manera oficial.

Las redes sociales se han convertido en el vehículo para extender todo tipo de mentiras y manipulaciones, hasta hojas de expedientes de salud han salido del control de hospitales y se han viralizado en Internet, vulnerando el derecho a la privacidad de los datos de las personas involucradas y alimentando el morbo entre la población.

Es hora de terminar por lo sano con este tipo de acciones irresponsables y peligrosas para la salud pública. Las autoridades deben de perseverar en las acciones legales contra quienes se dedican, pareciera que a tiempo completo, a desinformar y engañar a las personas, extendiendo falsedades que van en detrimento de las verdaderas medidas preventivas.

Con igual fuerza es necesario que se desarrollen campañas a través de las mismas redes sociales y los medios de comunicación tradicionales que pongan bases científicas a la verdad, y se fomente la cultura del conocimiento sobre la prevención de enfermedades contagiosas.

Las escuelas y colegios deben de ser los primeros lugares para librar esta guerra contra la propagación del virus, de forma que los niños y los jóvenes lleven a sus casas información certera que abone a la mesura y a la toma de acciones responsables.

De paso, se podría luchar contra otros virus y enfermedades que ya causan más muertes y ante los que existe menos preocupación, como la influenza por ejemplo.

Se entiende que hay quienes lucran con el temor y la desinformación de las personas, pero estamos hablando del riesgo de perder vidas humanas, y no se puede permitir que la majadería y la indolencia de algunos se convierta en la tragedia de otros.

Como sociedad, con responsabilidad, saldremos delante de esta situación como lo hemos hecho antes, contando con la ayuda de Dios y el apoyo de quienes amamos la vida y la verdad.

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