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El don preciado de la vida

  • Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado. Jer.1, 5

Como ciudadanos y especialmente como Pastores del Pueblo de Dios a nosotros confiado, de frente a las informaciones difundidas por los medios de comunicación sobre la intención de implementar una “norma técnica” por  parte de las autoridades del Poder Ejecutivo, que permita la aplicación del mal llamado: “aborto terapéutico”, queremos presentar la enseñanza de la Iglesia, fundamentada en la Palabra de Dios y en armonía con la más correcta aplicación del respeto a los Derechos Humanos, y en especial al respeto del Derecho Fundamental a la Vida Humana.

En este sentido recordamos que: “Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte” (Cf. Instrucción Donum Vitae, III).

Es deber del Estado garantizar el derecho a la vida de todo ser humano desde su concepción, tal como lo reconoce nuestra Carta Magna y otras normas de nuestro ordenamiento jurídico positivo: “Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho [...] El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos” (Cf. Instrucción Donum Vitae, III).

Nos unimos a los llamados realizados por el Colegio de Médicos y Cirujanos, así como de otras asociaciones de médicos, para que toda norma que pretenda regular la aplicación de un procedimiento médico destinado a una mujer en estado de gravidez,  debe basarse en estrictos criterios médicos y científicos, y nunca en consideraciones ideológicas. Siempre atendiendo a la mejor valoración ética y científica de la condición del binomio madre - hijo, y la mejor manera de salvar la vida e integridad de ambos. En este sentido, recordamos que los avances en la seguridad social de nuestro país han logrado proveer a la madre y al hijo de una atención médica de primer orden, que ha reducido la mortalidad materno - infantil a niveles del primer mundo.

Recordamos que el mismo Código de Ética del Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica, obliga al personal médico a atender al binomio madre - hijo con todas las terapias que tengan a su alcance, de manera que las situaciones donde se debe decidir entre la vida de uno de los dos pacientes son escasas y extraordinarias, y deben ser resultas según las mejores prácticas médicas.

Expresiones como “aborto terapéutico” “interrupción del embarazo”, son simplemente términos que pretenden disminuir la gravedad del acto, pues, el aborto provocado siempre será quitar la vida a un inocente, negándole así su derecho humano fundamental.

Reiteramos nuestra cercanía con las mujeres y las familias que viven la experiencia de un embarazo riesgoso o en circunstancias adversas. El Estado, la sociedad y la Iglesia debemos ser cercanos a estas mujeres y familias en momentos en que requieren todo nuestro apoyo.

Considerando lo anterior, es que hacemos un llamado al señor Presidente de la República y a las otras autoridades del Estado involucradas a:

1. Respetar nuestro marco normativo constitucional y legal que promueve y protege el derecho a la vida humana desde su concepción hasta su desenlace natural, todo ello en armonía con las más estrictas normas y criterios médicos y científicos.

2. Este debe ser el fundamento de la decisión que se tome, y no lo meramente político (compromisos  adquiridos) o ideológico.

3. Fortalecer los programas de atención y acompañamiento a las mujeres y familias gestantes.

4. Promover programas sociales y educativos que concienticen sobre el valor de la Vida Humana (artículo 21 Constitución Política) y promuevan el rescate de la familia y el matrimonio (artículos 51 y 52 Constitución Política), en especial dirigidos a las mujeres y a las familias gestantes.

5. Asegure la mejor atención médica y social a  todas las personas desde su concepción hasta su muerte natural.

Llamamos también a todos los cristianos y personas de buena voluntad a estar vigilantes de que en nuestra sociedad crezca siempre el valor y el respeto a la vida humana desde su concepción, esto es desde la unión de óvulo y el espermatozoide, hasta su desenlace natural. 

Recordamos que nuestros gobernantes como depositarios de la voluntad del soberano, no pueden sino gobernar de conformidad con los más altos valores de nuestra Nación, consagrados en nuestra Constitución Política y en otras normas del ordenamiento jurídico.

Que  la poderosa intercesión de María, Virgen y Madre, Nuestra Señora de los Ángeles nos asista en defender el derecho a la Vida Humana, tal como es la voluntad de Nuestro Señor.

 

Dado el 21 de enero del 2019.

Obispos de Costa Rica

 

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