All for Joomla All for Webmasters

La fe es el secreto de los centenarios de Nicoya

el . Publicado en Gran Tema

De acuerdo con investigadores, la espiritualidad es uno de los elementos más importantes para que las personas alcancen edades por encima de la esperanza de vida. Es el caso de los abuelos centenarios de Nicoya, como doña Trinidad Espinoza, de 102 años.

Danny Solano Gómez
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

A sus 101 años, José Bonifacio “Pachito” Villegas se sienta en el patio de su casa a escuchar boleros con un pequeño radio. Es pícaro, bromista y todavía monta a caballo. Dice que el secreto de su longevidad es el amor. “Amo a Dios y de ahí a todo el prójimo”.

Este vecino de Copal de Nicoya es uno de los longevos que se pueden encontrar en este cantón guanacasteco, considerado una de las cinco zonas azules del planeta (Módulo 1), es decir, territorios donde hay una alta densidad de población que supera la esperanza de vida del país. Costa Rica tiene un promedio de esperanza de vida de 80 años, superior incluso a países desarrollados como Estados Unidos. 

Pero, además, las zonas azules consideran las condiciones del estado mental y físico de los longevos, así como la concentración de personas nonagenarias y centenarias. Por ejemplo, en Nicoya el número de personas que alcanzan los 100 años ronda entre 40 y 45. 

“En Nicoya hay por lo menos el doble de personas mayores de 80 años que en otros cantones del país”, comentó Joseth Gamboa, investigador del Instituto de Estudios Sociales de Población de la Universidad Nacional (Idespo). 

Entre las personas longevas de las cinco zonas azules hay aspectos en común. Sin embargo, hay dos elementos más que están muy presentes en las cinco Zonas Azules: Se trata de personas que se criaron en comunidades con un gran sentido de cooperación y la espiritualidad. 

Fe sólida 

Don Pachito donó el terreno donde se construyó el templo filial de su comunidad, así cumplió un sueño que él y su fallecida esposa tenían, sus familiares también colaboraron con la construcción y acabados. Este hombre dice que reza al despertarse y antes de dormir.

Por su parte Doña Toñita Orozco (94 años) fue una de las fundadoras de la Legión de María en Nicoya, fue animadora de canto y colaboró arduamente para la construcción del templo de Corralillo en Nicoya. 

Estos son solo dos ejemplos de personas creyentes y longevas. De acuerdo con Gamboa, la espiritualidad ayuda a sentir seguridad y dar sentido de vida a las personas, así como tranquilidad para enfrentar momentos difíciles, lo cual favorece una buena calidad de vida.

Según explica, esto tiene que ver mucho con el bienestar emocional, pues poseen la fortaleza para seguir adelante en las situaciones difíciles gracias a su espiritualidad. 

Esta característica está presente en las cinco zonas azules, así que no está asociado a un sistema de creencias específico o una religión en particular, detalló Gamboa. 

“Muchas de sus amistades y personas con las que compartieron ya no están, han partido. Ellos han vivido muchos duelos, incluidos los de hijos, hermanos, pareja…  el manejo de los duelos tiene mucho que ver, y el elemento espiritual les da mucha fortaleza”, mencionó como ejemplo el investigador.

Las personas religiosas viven más

Gilbert Brenes Camacho, del Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica (CCP) fue parte de un proyecto conocido como CRELES (Estudio de Longevidad y Envejecimiento Saludable Costa Rica, por sus siglas traducidas al español).

En este estudio (realizado en 2005, 2007 y 2009) se trató de medir a las personas con “alta o baja espiritualidad”. Para esto hicieron una encuesta donde preguntaban a longevos a qué denominación religiosa pertenecían y la frecuencia de asistencia a ceremonias religiosas.

Se encontró que un 82% de los adultos mayores se declaraban católicos, un 14% cristianos no católicos, un 1% de otras religiones, y un 3% no tenía religión.

De todos los adultos mayores, un 6% va a servicio religioso diariamente, un 43% semanalmente, un 17% nunca va, y el resto (34%) asiste con menos regularidad. Cabe mencionar también que algunos con discapacidades tienen dificultades para asistir a ceremonias religiosas, aunque lo deseen. 

“Seis respetados investigadores internacionales (Haviva, Zimmer, Ofstedal, Jagger, Chiu y Saito) analizaron los datos de Costa Rica junto con otros del mundo y encuentran que, entre los ticos la esperanza de vida total y la esperanza de vida libre de discapacidad es mayor para los que van a servicios religiosos al menos una vez a la semana (o sea, los más religiosos) que entre los que van a servicios religiosos con menos frecuencia (los menos religiosos)”, señaló Brenes.  

Otro dato interesante que menciona es que, entre los hombres más religiosos, la esperanza de vida total es de 24, y para los menos religiosos es de 20 años (la diferencia no es estadísticamente significativa).  Sin embargo, entre las mujeres, las más religiosas tienen una esperanza de vida de 27 y para las menos religiosas es de 20 (diferencia significativa).

Además, “para las mujeres más religiosas, la esperanza de vida libre de discapacidad (saludable) es de 16 años, mientras que para las menos religiosas es apenas de 11.  Para los hombres, las cifras son 17 y 14 respectivamente, lo cual son diferencias estadísticamente significativas”, señaló. 

Comunidades solidarias y cooperativas 

Otro elemento muy importante -menciona Gamboa- es que se criaron en sociedades de mucha cooperación, con familias muy unidas. 

“Usted sabía que si necesitaba algo había gente que le iba a ayudar, si la cosecha se perdía los otros le ayudaban y le daban trabajo, la comunidad los protegía, las cosas eran en común, si usted tenía frijoles repartía frijoles, si el otro tenía maíz les daba maíz a todos, eso es muy marcado, casi todos hacen referencia a eso”, expuso Gamboa.

Y agrega que esto beneficia al desarrollo, pues las preocupaciones, los problemas y el apoyo que puedan tener en situaciones difíciles repercuten en la salud. 

Otros elementos

La alimentación de estas personas se considera muy natural porque los productos que consumían no habían sido producidos con agroquímicos o pesticidas. “Comían mucho cerdo (que no había sido criado con concentrado) y productos de mar”, explicó Gamboa.

El investigador menciona que los climas calientes ayudan a evitar los efectos de enfermedades como reumatismo o problemas en los huesos. Por otra parte, se cree que las concentraciones de calcio en el agua pueden ser beneficiosas.

El especialista también menciona que la herencia genética puede influir en un 20%.Hubo el caso de tres hermanas que alcanzaron los 100 años, pero también hay personas que alcanzan edades altas sin tener antecedentes familiares de longevidad importantes. 

¿Cuáles son y por qué se llaman zonas azules?

El nombre de zonas azules surgió porque el demógrafo y estadístico, Michael Poulain, uno de los primeros investigadores sobre el tema de la longevidad, comenzó a marcar con azul en un mapa las zonas donde encontraba mayor densidad de población longeva. Este término se popularizó a partir de la publicación del libro “The Blue Zones” (Las zonas azules) de Ban Buettner.

Las zonas azules del mundo son: Cerdeña, Italia (específicamente Provincia de Nuoro y Ogliastra), la isla de Okinawa, Japón, Loma Linda, California, la Península de Nicoya, Costa Rica, e Icaria, isla de Grecia cerca de la costa turca.

 

“Éramos muy hermanables”
Doña Antonia “Toñita” Orozco, 94 años.

A doña Toñita le gusta leer la Divina Misericordia y la Biblia, de hecho, mostró una edición ilustrada de La Sagrada Escritura, al abrirla vio una imagen de Jesús curando a un ciego, entonces contó que le hicieron una operación de catarata en su ojo derecho, por lo que pide al Señor que todo vaya bien.

Con una gran sonrisa doña Antonia “Toñita” Orozco de 94 años dice: “¡Estoy bien viejita!”. Recuerda cuando cantaba la misa en latín en la Iglesia Colonial y lo estricto que era Fray Agapito (párroco de Nicoya entre 1920 y 1940).

Es conocida porque desde hace muchos años en Adviento celebra y anima las Posadas. Esta maestra pensionada además fue una de las fundadoras de la Legión de María en Nicoya y participó en la construcción y acondicionamiento de la iglesia de Corralillo en Nicoya.  

Toñita relata que si un vecino mataba un chancho repartía la carne entre los vecinos cercanos. “Éramos muy hermanables”. 

 

“Lo que comía uno comía el otro”
Doña Trinidad Espinoza, 102 años

Esta amante de las rancheras se sienta en una mecedora en el patio de una humilde casita, por entre sus piernas pasan unos pollitos mientras a su espalda los chumpipes picotean y escarban en el suelo en busca de alimento. Ahí está ella, mira a sus dos periquitos que caminan en un palo y sonríe.

“Me acuerdo de cuando se murió la primera persona del pueblo, se llamaba Úrsula, una chiquita”, cuenta doña Trinidad, quien no aprendió a leer, pero tiene una memoria envidiable para fechas y nombres.

“Lo que comía uno, comía el otro”, relata. Dice que desde pequeña aprendió a ordeñar vacas, arriar el ganado en el potrero y ensillar una bestia. “Yo picaba leña, molía la piedra, echaba tortillas a la mano, yo le daba abasto en dos comales en Lagunilla”. “Todas las noches rezo y pido por mis hijos”, cuenta al terminar la entrevista.

 

“Tener un corazón grande y la Palabra de Dios”
Doña Daisy Cortés, 92 años.

¿Cuál es el secreto para llegar a esa edad? Inmediatamente contesta: “Tener un corazón grande y la Palabra de Dios, saber que uno tiene que compartir”.

Doña Daisy (92 años) vive en Nicoya centro, también vivió en otros lugares y en todos se caracterizó por ganarse la vida preparando comida, primero a las personas que pasaban por el pueblo, hasta que abrió un local.

“Mi mamá cuando pasaba la gente por Los Ángeles (entre Hojancha y Mansión) a todo el que pasaba les hacía café y les daba comida, ella no vendía, les regalaba”, recordó. 

“Pasó Abraham, Tino Barrantes… viene con carreta. Y mi mamá les alistaba, entonces me acostumbré a eso, ya luego me pagaban”, agregó.

Sobre cómo era Nicoya antes, menciona que “la gente era muy dadivosa, se compartía mucho. ¿Que había un trapiche? vaya que hay miel, y uno tranquilamente pedía: “Dame un sobado” (chicarrón cubierto de miel) y le daban. ¿Que el palo de naranja? Se compartía, el de mango también, así era”.

 

 “Uno era pobre pero no aguantaba hambre”
José Bonifacio, “Pachito”, Villegas, 101 años.

Pachito disfruta andar a caballo, ya no va lejos porque sus familiares temen que le pase algo, sin embargo, acostumbra montar un rato por el potrero. 

“Por la comida no había problema, abundaba, la gente sembrara, había carne, había de todo. Uno vivía pobre pero nunca faltaba la comida, uno podía estar escaso de ropa o descalzo, pero comida no faltaba”, contó.

“La gente de antes se quería, se servían, se ayudaban. Hoy no papá, si usted me hace un favor yo tengo que pagarle, si no, no me lo hace”, dijo.

Y agregó: “Antes la comida era arroz, frijoles, carne, cuajada, leche y frutas, frutas había hasta en el monte, hoy no hay nada padre, si uno quiere una naranja hay que comprarla y quién sabe de dónde viene (...) ya no hay ganado en Copal y antes todos tenían sus vacas”.

La fe es parte importante en su vida, tanto así que a la pregunta de si rezaba respondió: “¿¡Qué si rezo!? ¡Al levantarme y al acostarme papá!”. Al referirse a su edad dice que “es la voluntad del Dios” y que “son 101 años que me ha dado el Señor”.

0
0
0
s2smodern