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Los Doce

el . Publicado en Sagradas Escrituras

  • ¿Quiénes fueron realmente los Doce? Hoy lo sabremos

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica, Cenacat

Hemos oído hablar muchas veces de los doce apóstoles, aquellos hombres que, siendo discípulos, fueron elegidos por Jesús para estar con él y para enviarlos a predicar. San Lucas nos lo presenta en el siguiente texto:

“Por aquellos días, se fue Jesús al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles: A Simón, a quien puso el nombre de Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelota; a Judas de Santiago y a Judas Iscariote, que fue el traidor” (Lc 6,12-16).

El evangelio de San Lucas nos presenta la elección de los doce (Lc 6,12), que fueron escogidos para convivir con Jesús, como apóstoles. Los primeros cristianos recordaron y registraron los nombres de estos Doce y de algunos otros hombres y mujeres que siguieron a Jesús y que después de la resurrección fueron creando comunidades para el mundo. 

Como vemos, antes de proceder a la elección de los doce apóstoles, Jesús pasó una noche entera en oración. Rezó para saber a quién escoger y escogió a los Doce, cuyos nombres están en los evangelios y que recibirán el nombre de apóstol. Apóstol significa enviado, misionero. Fueron llamados para realizar una misión, la misma que Jesús recibió del Padre (Jn 20,21). San Marcos concretiza más y dice que Dios los llamó para estar con él y enviarlos en misión (Mc 3,14).

Seguidamente nos da sus nombres. Con pequeñas diferencias los nombres de los Doce son iguales en los evangelios de Mateo (Mt 10,2-4), Marcos (Mc 3,16-19) y Lucas (Lc 6,14-16). Gran parte de estos nombres vienen del Antiguo Testamento. Por ejemplo, Simeón es el nombre de uno de los hijos del patriarca Jacob (Gén 29,33). Santiago es el mismo nombre que Jacob (Gén 25,26). Judas es el nombre de otro hijo de Jacob (Gén 35,23). Mateo también tenía el nombre de Leví (Mc 2,14), que fue otro hijo de Jacob (Gén 35,23). 

De los doce apóstoles, siete tienen el nombre que vienen del tiempo de los patriarcas: dos veces Simón, dos veces Santiago, dos veces Judas, y una vez ¡Leví! Esto revela la sabiduría y la pedagogía del pueblo. A través de los nombres de patriarcas y matriarcas, dados a sus hijos e hijas, los judíos mantuvieron viva la tradición de los antiguos y ayudaron a sus hijos a no perder la identidad. Lamentablemente, los nombres actuales que se ponen a las personas, no son ni cristianos, ni son parte de nuestra identidad ni de nuestra idiosincrasia.

Estas doce personas, llamadas por Jesús para formar la primera comunidad, no eran santas. Eran personas comunes, como todos nosotros. Tenías sus virtudes y sus defectos y hasta sus pecados. Los Evangelios informan muy poco sobre la forma de ser o el carácter de cada una de ellas. Pero lo poco que informan es motivo de consuelo para nosotros. Veamos:

 

Pedro era una persona generosa y entusiasta (Mc 14,29.31; Mt 14,28-29), pero a la hora del peligro y de la decisión, su mente está confundida y se vuelve atrás, negando a Jesús por tres veces (Mt 14,30; Mc 14,66-72). Llega a ser satanás para Jesús, es decir, tropiezo (Mc 8,33). Jesús le dio el sobrenombre de “piedra” (Pedro, en Mt 16,18). Pedro, por sí mismo, no era piedra. Se volvió piedra (o roca), porque Jesús rezó por él (Lc 22,31-32).

Santiago y Juan estaban dispuestos a sufrir con Jesús y por Jesús (Mc 10,39), pero eran muy violentos o de mal carácter (Lc 9, 54). Por eso Jesús los llamaba “hijos del trueno” (Mc 3,17). Juan parecía tener ciertos celos. Quería Jesús sólo para su grupo (Mc 9,38).

Felipe tenía una forma de ser acogedora. Sabía poner a los demás en contacto con Jesús (Jn 1,45-46), pero no era muy práctico en resolver los problemas (Jn 12,20-22; 6,7). A veces era medio ingenuo. Hubo momentos en que Jesús perdió la paciencia con él: “Pero Felipe, ¿tanto tiempo que estoy contigo, y aún no me conoces?” (Jn 14,8-9)

Andrés, hermano de Pedro y amigo de Felipe, era más práctico. Felipe recurre a él para resolver los problemas (Jn 12,21-22). Fue Andrés el que le llamó a Pedro (Jn 1,40-41), y fue Andrés el que encontró al muchacho con los cinco panes y los dos peces (Jn 6,8-9).

Bartolomé parece haber sido el mismo que Natanael. No podía admitir que nada bueno pudiera venir de Nazaret (Jn 1,46).

Tomás fue capaz de sustentar su opinión, una semana entera, contra el testimonio de todos los demás (Jn 20,24-25). Pero cuando vio que estaba equivocado, no tuvo miedo en reconocer su error (Jn 20,26-28). Era generoso, dispuesto a morir con Jesús (Jn 11,16). Lo conocemos como “Tomás el incrédulo”, por sus dudas acerca de Cristo resucitado.

Mateo o Leví era publicano, cobrador de impuestos para Roma, como Zaqueo (Mt 9,9; Lc 19,2). Eran personas odiadas por el pueblo y consideradas despreciables y pecadores públicos.

Simón, por el contrario, parece haber sido del movimiento llamados “zelotes” que se oponían radicalmente al sistema que el imperio romano imponía al pueblo judío. Por eso se apellidaba Zelota (Lc 6,15). 

Judas Iscariote era el que se ocupaba del dinero del grupo, el tesorero (Jn 13,29). Llegó a traicionar a Jesús, lo conocemos como el traidor por excelencia (Mc 3,19).

Finalmente, Santiago el de Alfeo y Judas Tadeo; de estos dos los Evangelios sólo informan del nombre, sin dar más detalles.

Como doce fueron los hijos de Jacob, fundadores de las doce tribus de Israel (Éx 1,1-4), Jesús quiso fundar con ellos al nuevo Israel, la Iglesia, aún con sus fallas y defectos que tenían, como nosotros. Pero gracias a ellos, a su fe, testimonio y predicación, nos ha venido la fe en Cristo, en nuestra Iglesia, una, santa católica y apostólica.

 

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