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Semana Santa, corazón de nuestra fe

  • Los actos de piedad popular en la Semana Mayor deben de ser cuidados y orientados para que sean verdaderos espacios de meditación y crecimiento espiritual.

Ma. Estela Monterrosa S.
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Vivir la Semana Santa, día a día, es un enriquecedor camino de fe, tanto las actividades de piedad popular como la liturgia ayudan a acercarse a los misterios de Dios, pero ¿qué deberían valorar los fieles de cada uno de estos actos? ¿pueden las actividades de piedad popular equipararse a la liturgia?

En los días santos muchas comunidades viven grandes y emotivas manifestaciones de piedad popular. En este sentido, vale recordar las palabras del Papa Francisco: “El pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo”. La piedad popular, dice, es “verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal”, dice el numeral 122 de la exhortación apostólica Evangelii gaudium.

Asimismo, en el Documento de Aparecida, los obispos de América Latina afirmaron que la piedad popular es “una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros”. Agregan que “en el ambiente de secularización que viven nuestros pueblos, sigue siendo una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe” (264).

Para el Papa Francisco, quien ama al “santo Pueblo fiel de Dios” ve en estas acciones la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo, que ha sido derramado en los corazones (EG, 125).

Sin embargo, a veces los católicos exceden el verdadero sentido de las acciones de piedad popular, por lo que es necesaria la instrucción y cuidado para evitar tales situaciones.

Las palmas del Domingo de Ramos

La Semana Santa inicia con la celebración del Domingo de Ramos en que se recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. “Este día se realizan procesiones donde se usan ramos -en Costa Rica se usa palma, pero pueden ser otros tipos de plantas- como signo de que reconocemos a Cristo como Rey, como Mesías, agitarlos o sostenerlos es signo de que creemos en Cristo. En este caso, los ramos son parte de la liturgia”, explicó el Pbro. Manuel Rojas, colaborador de la Comisión Nacional de Liturgia de la Conferencia Episcopal, repasando los criterios del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia.

Después de la celebración, muchas personas se llevan las palmas benditas para su casa, “está bien si se usan como proclamación de Cristo como Mesías; pero no son amuletos. Las personas pueden hacer con ellas una cruz en la puerta para mostrar que son creyentes, pero no para alejar tormentas”, ejemplificó. 

Asimismo, indicó que las palmas están benditas, por lo tanto, si las personas no quieren colocarlas en la puerta de su casa pueden quemarlas o dejarlas en la parroquia donde las utilizarán para hacer ceniza al inicio de la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza. Se usan las palmas porque sus cenizas no queman.

La adoración al Santísimo, los actos del viernes Santo, sábado Santo y domingo de Resurrección, Vigilia pascual en la noche santa y más detalles en la edición impresa de Eco Católico. 

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