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Convicción y conversión contra los abusos

El Dr. Rocco D’Ambrossio, profesor de filosofía política en la Universidad Pontificia Gregoriana, habla del tema de abusos sexuales en la Iglesia. El profesor D’Ambrossio ofreció una clase sobre Institución y Comunicaciones en el Diplomado sobre Prevención de Abusos en la Iglesia Latinoamericana, organizado recientemente por el Centro de Protección al Menor de México (CEPROME).

Lic. Lisandra Chaves
Especial para el Eco Católico

Doctor, ¿cuál es su especialidad?

Yo enseño filosofía política y particularmente estoy interesado en analizar las instituciones y la lógica de las instituciones, por ejemplo, cuando éstas enfrentan problemas. Yo analizo el problema de los abusos de menores porque sucede de forma similar en todas las diócesis y el descubrimiento de los sacerdotes abusando menores está creando un gran impacto. El impacto significa muchas cosas, la gente está interesada en conocer la verdad primero que todo, en descubrir si algo es real o falso y el otro problema es cómo juzgar el problema en la Iglesia. Yo he visto la situación en Estados Unidos, Irlanda, Escocia y es importante considerar y medir el nivel de confianza de la gente en la Iglesia, porque conocer y descubrir que algunos sacerdotes, no todos, (es un pequeño grupo para ser honesto, normalmente 6% o 7% de todos) actúan de esta mala manera se convierte en un shock para la comunidad.

¿Cuál es su percepción sobre la respuesta que se da a esta situación?

Sobre cómo hace la Iglesia para enfrentar el problema y qué estrategias usa, yo estoy muy positivo porque se ha hecho un gran trabajo, no conozco la situación en su país, pero en general sí se ha hecho un trabajo, creando un curso como este de CEPROME y creando oficinas encargadas del problema. La atención al problema ha crecido mucho, los esfuerzos para la prevención de los abusos también. En los países que conozco, el tema más delicado en este momento es cómo prevenir o formar sacerdotes no expuestos a convertirse en pedófilos. Yo trabajé en un seminario por 18 años y ahora trabajo en la Universidad Gregoriana donde hay seminaristas y sacerdotes y para ser honesto, es muy difícil dar forma al problema. Hablando con psicólogos, no es claro predecir que un hombre joven se volverá abusador. Es muy difícil descubrir la parte más débil de la personalidad que podría revelar el problema.

¿Cuál es su consejo para los obispos y el clero? 

He visto en Italia, en el principio, que algunos de los obispos no están dispuestos a admitir el problema. Hay que reconocer y enfrentar el problema. “Time and tide wait for no man…”, dicen en Inglaterra, significa que ni el tiempo ni la marea pueden esperar a nadie. El tiempo y la marea (el problema) en este caso, no esperan a nadie, significa que usted tiene que actuar inmediatamente porque sino el nivel del mar sube y usted puede ahogarse. Es importante enfrentar el problema, comenzando por establecerlo como una prioridad, y segundo, establecer cómo atender a los abusadores sacerdotes; tercero, lo que el Papa dice de colaborar con las autoridades civiles, y cuarto, educar a la gente en la Iglesia para darle un sentido al momento, comenzando por decir que es horrible lo que sucede pero que la Iglesia no se terminó por eso, la Iglesia es santa y pecadora y han pasado cosas horribles durante siglos. El Papa ha tenido el coraje de denunciar y encontrar la forma de trabajar la situación. La responsabilidad del problema es de los obispos y sacerdotes que cometen los abusos.

¿Qué debemos hacer con los sacerdotes ante esta crisis?

Mi madre, adulta mayor, ve 20 noticias por día y ella es una mujer sencilla y confundida que necesita saber qué es verdad y qué es falso. Debemos crear espacios en nuestras Iglesias donde sea posible discutir libremente sobre todos los temas. Pienso que no necesitamos expertos para explicar los abusos de menores, necesitamos personas con algunos conocimientos científicos, pero lo más importante es ayudar a la gente a enfrentar el problema y darle un lugar en su fe. Cuando descubro algo malo en la Iglesia, dos de mis estudiantes están en prisión y aun no puedo concebir que hicieron lo que hicieron, aun yo, necesito tiempo para pensar en el problema y encontrar, no la solución, sino un lugar para esto en mi fe. He sido su profesor, si he sido buen profesor no sé, no estaba a cargo del problema, pero en esos momentos conocía el rector del seminario, excelente persona, ahora es obispo, de los mejores en Italia, pobre hombre, estaba destruido por la idea. Por eso digo, que necesitamos lugares para discutir, lugares para armar el rompecabezas porque es difícil, no es simple.

¿Cuál es su consejo para los laicos?

Es necesario pedir a los obispos la verdad sobre el problema, porque la gente pregunta qué pasa, qué es lo que Dios quiere, por eso hay que ayudarlos a enfocarse. Todos deben estar envueltos en la solución. Es importante que no solo haya laicos sino especialmente mujeres, por muchas razones, en Roma muchas de las personas que allí trabajan son laicas y mujeres. Al tratar el problema es importante también que haya personas casadas porque ellos son más sensibles al problema con los menores.

Usted habló del Papa Francisco y de la Reforma en la Iglesia, y el Papa dijo que la santidad es la base de esta Reforma, ¿por qué?

La santidad es base para la Reforma porque en la Iglesia la Reforma significa cómo podemos obedecer a Dios de una mejor manera. Obedecer a Dios de mejor forma significa que seamos más santos como personas y como Iglesia. El Papa Francisco lo dice de otra manera, especialmente cuando habla a la curia vaticana, antes de navidad dio un fuerte mensaje, muchas veces ha dicho que el éxito de la Reforma pasa por mi convicción y mi conversión. Es el camino. La reforma en la Iglesia, incluso en el Estado, no puede ser exitosa si los ciudadanos no están convencidos, si los políticos no están convencidos en un nivel civil, mucho más si es en la Iglesia, la Reforma en la Iglesia pasa por mi convicción y mi conversión. Es interesante, cuando hablo de la Reforma, se habla de poder, estrategias y políticas, pero para ser honesto, la primera pregunta debe ser ¿Creo que en la Reforma? ¿Quiero comprometerme con esto?

Es muy jesuita empezar por la conversión personal, por eso el Papa Francisco nos ha escrito la exhortación sobre la santidad Gaudete et Exsultate y lo escribió por esta razón, para ser claro sobre la conversión personal.

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