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Amor mutuo y bien común

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

Al iniciar un nuevo año litúrgico, “camino a través del cual la Iglesia hace memoria del misterio pascual de Cristo y lo revive”1 , pido al Señor que, celebrando y viviendo este misterio, alcancemos una profunda riqueza espiritual para asumir, con renovado entusiasmo, nuestra vida cristiana.

Teniendo la esperanza como actitud central de este tiempo, la liturgia nos llama a preparar el camino para la segunda venida de Cristo. Nuestra súplica: “Maranathá” (Ven Señor Jesús), es expresión del anhelo del creyente para que, cada vez, esa presencia de Cristo sea más plena hasta el día definitivo.

En este primer domingo, el apóstol San Pablo pide que el Señor nos colme y nos haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, “para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, seamos presentados santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre”.2

La expresión “rebosar de amor mutuo y de amor a todos” manifiesta el deseo de Cristo para sus discípulos: “Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes; permanezcan en mi amor.”3 Mientras aguardamos su venida definitiva, Jesús nos llama a una búsqueda activa del bienestar del otro, pues el amor es concreto y está en las obras más que en las palabras.

“No es amor decir solamente: “te amo, amo a todas las personas”. No. ¿Qué haces por amor? El amor se da”.4   San Juan Pablo II nos preguntaba si, en el mundo de hoy “¿Crece de veras en los hombres, entre los hombres, el amor social, el respeto de los derechos de los demás…?”5 

Benedicto XVI nos decía que ese amor es tangible en la búsqueda de la justicia y que el deber de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es, sobre todo, propio de los fieles laicos: “Por tanto, no pueden eximirse de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”.6

Como nos recuerda la V Conferencia de Aparecida, los laicos “deben sentirse corresponsables en la edificación de la sociedad según los criterios del Evangelio”.7

Desde esta perspectiva, invito a los fieles los laicos, a esos miles y miles de hermanos que, como dice el Papa Francisco “están en primera línea de la vida de la Iglesia”, para que ejerzan su misión en el mundo y que ofrezcan razones de esperanza a los más pobres, a los excluidos y a los marginados, poniendo su creatividad al servicio de los desafíos del mundo actual.8

El amor al otro, el amor mutuo, el amor a todos no puede quedar en un simple discurso. Las actuales circunstancias sociales exigen nuestra solidaridad. 

La pobreza creciente, la desigualdad social, la baja calidad de educación y la falta de oportunidad para los jóvenes, el desempleo, la realidad de los migrantes y desplazados que buscan sobrevivir, el maltrato y la violencia contra las mujeres, los niños y los ancianos y el alto índice de violencia y criminalidad, entre otros aspectos, reflejan no sólo los sufrimientos sino la profunda incoherencia de una sociedad que se dice mayoritariamente creyente y cristiana.

El amor mutuo crecerá en la medida que vivamos la fe con alegría y coherencia, atendiendo al envío que Jesús nos hace para anunciar y dar testimonio suyo en el mundo. Esta es la manera concreta de clamar “Ven Señor Jesús”.

1Juan Pablo II, Carta Apostólica SPIRITUS ET SPONSA, XL ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN SACROSANCTUM CONCILIUM SOBRE LA SAGRADA LITURGIA. N.5

2San Pablo a los Tesalonicenses 3, 12—4, 2

3Juan 15,9-11

4Papa Francisco, a los jóvenes de Turín y Piamonte, 21 de junio de 2015 

5Juan Pablo II, Redemptor hominis, n.15

6Benedicto XVI, Deus Caritas Este, n.29

7Benedicto XVI, Discurso inaugural Aparecida, 13 de mayo del 2007

8Cf. Papa Francisco, Red Mundial de Oración del Papa por la misión de los fieles laicos, mes de mayo, 2018

 

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