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La trampa de publicar lo que vende

Derecho de respuesta a “Universidad”

Pbro. Víctor Hugo Munguía C.
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Señores Periodistas
Álvaro Murillo y Luis Fernando Cascante
Periódico “Universidad”

De toda mi consideración,

Permítanme expresarles, desde el inicio, que la publicación sobre el Seminario de Marzo 26, 2019, no refleja de manera ninguna, mi experiencia personal de vida en esa casa, que no puedo sino llamar bien amada, en la que viví desde la secundaria (Seminario Menor), hasta la filosofía y Teología (Seminario Mayor), luego los años de especialización en Europa, más quince años como Formador de planta y doce como profesor externo. Con todos estos años de experiencia, creo que puedo decirles algo de la vida de Seminario que Ustedes no conocen, aunque con este desconocimiento se atrevieron a hacer juicios de valor sobre la Institución más querida por toda la Iglesia, como si ella fuera el caldo de cultivo de miserias humanas y no la forjadora de personas que en muchos tiempos y en muchos lugares han dado testimonio de servicio y generosidad.

En el primer párrafo Ustedes se atreven a hablar de “prácticas encubiertas”. Sepan que todo seminarista normal sabe que un falta moral grave de cualquier tipo debe ser denunciada y si alguno no lo hace, sabe que está poniendo en grave peligro a la Iglesia. No parecen ustedes conocer que las “obligaciones de conciencia” son un imperativo muy serio y dan por un hecho que el encubrimiento es el pan de cada día en el Seminario. Sepan que no son uno ni dos los que han tenido que dejar el Seminario por alguna falta y que tampoco somos uno ni dos los que nos hemos visto obligados en conciencia a informar de alguna falta grave, que ha terminado en la expulsión de algún seminarista.

En el segundo párrafo se atreven Ustedes a decir que  “profundizan en un pensamiento conservador doctrinal que limita la sexualidad humana a la procreación...ambiente propicio para que hombres homosexuales escondan de la sociedad su orientación”. ¡Qué atrevida es la ignorancia! Ustedes no tienen ni idea de lo que ha evolucionado el pensamiento de la Iglesia en torno a la sexualidad y dan por un hecho que estamos en tiempos muy pretéritos. No se atrevan, por favor, a insultar la inteligencia de los ilustres (sí, ilustres) profesores que han llenado las cátedras del Seminario. Además, Ustedes no han vivido esa experiencia y no pueden tener idea de que una vida de oración, deporte y estudio puede aportar a gente joven un ambiente sano para el desarrollo humano. Si alguien percibió que el Seminario es un escondite de homosexuales, simplemente no tuvo ojos para ver las santidades discretas de muchos seminaristas y los heroísmos virtuosos de sus compañeros. La opinión de unos pocos testigos, por respetable que sea, no convierte en verdad las afirmaciones gratuitas.

En el tercero y el cuarto párrafo se atreven Ustedes, por el testimonio de uno pocos seminaristas y por “altas fuentes eclesiásticas...bajo condición de anonimato”, a decir que las relaciones que se forjan entre los Formadores y los Alumnos son de “poder”, “clericalismo” y “dependencia”. Es claro que las “fuentes” que les informaron tenían problemas serios de personalidad, porque mi larga vida de Seminario me aportó amistades profundas con mis Formadores, amistades profundas con mis ex-alumnos y si alguna antipatía hubo, nadie tiene autoridad moral para criticar las antipatías, que suceden en todo lado y que todos tenemos. Además las “altas fuentes eclesiásticas” (expresión que muestra la ignorancia del “abc” de la estructura de la Iglesia), si no tuvieron la hombría de decir sus nombres, no debieron ni siquiera mencionarse. Recuerdo que cuando llegaba un “anónimo” al Seminario, hablando mal de algún seminarista, éste no se tiraba al basurero, por respeto al basurero, sino que se quemaba inmediatamente, porque no merece credibilidad quien no da la cara.

En el quinto párrafo ponen como título que el Seminario es “un clóset con candado”. Un infundio de esta envergadura merece una denuncia penal, porque nadie podría podría demostrar semejante calumnia. Me temo que los “informantes” (muy pocos por lo demás) tenían problemas y con el recurso conocidísimo de la “proyección”, endilgaron a todo el Seminario su propio y personal problema. De parte de ellos es comprensible (un recurso psicológico de esta naturaleza es más común de la cuenta), pero de parte de periodistas del Semanario que debería brillar por “información veraz”, es simplemente inaceptable.

El protocolo tan duro que tiene la Iglesia para enfrentar la pederastia, que incluye la expulsión inapelable del estado clerical, después de pagar la pena civil, no parece gozar de la simpatía de Ustedes. Sepan que nada más duro le puede suceder a un Sacerdote que ser expulsado del tipo de vida que le dio sentido a su historia. Ustedes no han visto el sufrimiento que esto causa.

De lo dicho por un  ex-seminarista (anónimo...) del Seminario San Ezequiel Moreno de los Agustinos, responderán ellos que conocen su vida de comunidad, si lo consideran pertinente.

Señores,  es absolutamente falso los que Ustedes dicen de que los formadores tiene “dominio sobre la conciencia del seminarista”. Ni siquiera un confesor, ligado por el Secreto de la Confesión,  puede imponer nada a un seminarista que se confiese con él. Tampoco un Director Espiritual, ligado por el “secreto comiso”, puede influir sobre las decisiones de los “escrutinios” que disciernen la idoneidad de un candidato. Me parece que debo ilustrarles que en la Iglesia Católica, la conciencia personal es sagrada  y nadie puede inmiscuirse en ella, sino por expresa voluntad del dueño de su propia conciencia. Si algo cuidamos en la Iglesia es la diferencia entre “fuero externo” (lo que se conoce en la realidad de la vida común y corriente) y “fuero interno” (lo que se conoce en secreto porque la persona lo ha contado). Me temo que debo de nuevo ilustrarles que en las decisiones de “la continuidad o expulsión del aprendiz” (para citar sus palabras), los que conocen cosas de “fuero interno” no tienen ni voz ni voto en esas decisiones. Están muy equivocados o Ustedes o sus informantes escasos o anónimos.

De los periodistas que tienen que bailar el ritmo que les propongan los dueños de los mass-media, podría esperar amarillismo, exageraciones, inexactitudes y hasta infundios. Pero del periódico de nuestra más prestigiosa Alma Mater, que debería reflejar la altura de la Escuela de Periodismo, no he podido comprender cómo cayeron en la trampa de publicar lo que vende y parece que vende hablar mal de todo lo que hace, dice o vive la Iglesia Católica, como si fuera ella la única compuesta por seres humanos comunes y corrientes, capaces de heroicidades como las de San Romero de El Salvador o las de Sor María Romero de Nicaragua y Costa Rica, y capaces de miserias de toda clase. Habría que ver cuál gremio profesional puede tirar piedras, estando libre de toda culpa.

A pesar de tanta falta de objetividad, que ha permitido el chiste de mal gusto de llamar “objetividad”, las materias que estudian en la Escuela de Periodismo, reciban las seguridades de mi más respetuosa consideración.

 

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