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San Óscar Romero: cristiano, pastor y santo

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

“Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger.”  Así, San Óscar Arnulfo Romero, desde su propia experiencia, presentaba la esencia del cristiano, del pastor y del santo.

En él, constatamos esa búsqueda sincera que le llevó a recorrer el camino que el Señor le pedía, y ese llamado, común a todos los bautizados, no era otro que “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.” 

Romero fue un cristiano auténtico y su encuentro personal con Jesucristo le lanzó a anunciar el Evangelio de la vida, incluso con su propia muerte: “Este es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana...” 

Dios fue transformando con su gracia el corazón de este Pastor que había escogido como lema episcopal: “Sentir con la Iglesia”. Romero abrazó plenamente el Misterio de la Iglesia, esposa de Jesucristo, haciendo de su ministerio pastoral una entrega a ella y a la construcción del Reino, de la cual es servidora.

Fue un Pastor que amó a la Iglesia y, particularmente, a aquel rebaño a él asignado y por ello, anhelaba “ser uno con la Iglesia encarnada en este pueblo que necesita la liberación”: “No me consideren juez o enemigo. Soy simplemente el pastor, el hermano, el amigo de este pueblo”.  Al reconocer la entrega y el desprendimiento de Romero, el mismo San Juan Pablo II se encaminó a la tumba del mártir en su visita a El Salvador en 1983 y allí exclamó: “Celoso pastor que dio la vida por su pueblo”.

Este “santo del pueblo” como se le llamó desde su martirio, asciende ahora a los altares y representa para la Iglesia universal el vivo testimonio del profeta de nuestro tiempo cuya santidad personal se proyecta hacia Dios y hacia los demás. 

 El ejemplo de Romero, discípulo fiel del Señor e hijo de nuestra región, nos lleva a constatar que “La santidad no es una prerrogativa solamente de algunos: la santidad es un don que es ofrecido a todos”.  

En el contexto de su canonización, y teniendo otros grandes referentes de santidad, el Papa Francisco nos enseñaba: “Jesús es radical. Él lo da todo y lo pide todo: da un amor total y pide un corazón indiviso. También hoy se nos da como pan vivo; ¿podemos darle a cambio las migajas? A él, que se hizo siervo nuestro hasta el punto de ir a la cruz por nosotros, no podemos responderle solo con la observancia de algún precepto. A él, que nos ofrece la vida eterna, no podemos darle un poco de tiempo sobrante. Jesús no se conforma con un «porcentaje de amor»: no podemos amarlo al veinte, al cincuenta o al sesenta por ciento. O todo o nada”.

En medio de la realidad difícil que tenemos en el mundo y en la Iglesia, el testimonio de San Óscar Arnulfo, ha de llevarnos a la convicción de que bien vale la pena dar la vida por valores permanentes, y que es Cristo quien todo lo transforma. La justicia social no será posible, si no desechamos todo egoísmo e indiferencia, toda polarización que es expresión de estos males. Toda sociedad, y nuestro país no es la excepción, ha de guiarse por aquellos valores que ayuden a fortalecer la  solidaridad y equidad, sobre la base de la fraternidad y mediante una ética que ilumine toda acción.

1  Mons. Romero; Homilía 17-12-78.

2  Papa Francisco, Evangelii Gaudium n,20

3  Mons. Romero, Homilía 16-03-1980.

4 Mons. Romero, Homilía 6-01-1980.

5  Papa Francisco, 3 de diciembre del 2014

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