All for Joomla All for Webmasters

“He sido un chineado de Dios”

  • Padre David Fuentes, Diócesis de Limón

Laura Ávila Chacón
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El Padre David Fuentes nació en 1971. Su infancia transcurrió en el seno de una familia católica. Sus padres fueron don Cecilio Fuentes Arias y doña Evelia Quirós Araya. 

Su vocación a la vida sacerdotal se remonta precisamente a estas raíces de la fe de su familia, cosa que comprendió luego de ordenarse como presbítero en 1998.

“Entendí a través del tiempo mi vocación por mis papás, mis abuelos y por un animador comunitario al que siempre encontraba rezando en la capilla del Santísimo”, afirma el sacerdote, incardinado a la Diócesis de Limón y que actualmente estudia derecho canónico en España.

Desde aquel momento en su mente y corazón siempre estuvo la idea del sacerdocio, hasta que un día decidió solicitar su ingreso al seminario, pensando en que si lo aceptaban podría ser señal de que era el camino que Cristo quería para él.

El ejemplo del animador fue determinante “Él organizaba misas, reunía la comunidad y siempre rezaba para que en el pueblo hubiera una vocación religiosa”, recuerda.

El llamado a la vida religiosa se le manifestó de diferentes maneras y en diferentes etapas de la vida. “Mi decisión vocacional se presentó como un misterio de Dios. Él me fue llevando por sus caminos de manera natural, es decir, no fue de modo extraordinario sino en lo ordinario que él se me manifestó”.

Desde entonces, ha podido palpar la mano de Dios siempre en su ministerio, por eso se describe como “un chineado del Señor”.

“He visto la mano de Dios en la gente que me ha apoyado, colaborado y aún continúan apoyándome a través de la oración, eso siempre lo he visto como un signo de Dios, Él me ha preparado el camino en mi ministerio”, afirma.

El Padre David fue ordenado por imposición de manos de Mons. José Francisco Ulloa Rojas, primer obispo de Limón, en la antigua catedral. Aún tiene viva en su mente la frase que escogió para ese momento tan especial, en unión de sus seres queridos y todos los fieles de la diócesis. La frase es “Hagan lo que él les diga”, un recuerdo, que según el sacerdote, todavía le da fuerza hoy.

La vocación es un misterio de amor

El Padre David afirma que la vocación siempre nace en el seno de una familia. “Para mí la familia es y será semillero de vocaciones. En mi caso gracias a Dios he contado con el amor y el cariño de mis padres y mis cinco hermanos”, explica.

Meditando sobre el sacerdocio, asegura que “es un misterio de amor entre un Dios que llama por amor y un hombre que responde libremente y por amor”. La vocación sacerdotal, recuerda, no es una carrera con una meta definida, sino una historia de amor con los hermanos que más necesitan. 

“El sacerdote está llamado a ser puente entre Dios y los hombres, porque muchas personas necesitamos este encuentro con Jesucristo que se nos hace presente en la Eucaristía”.

Con este deseo de servir, el Padre David se propuso terminar sus estudios en psicología, como un complemento de su vocación sacerdotal.

“La intención primera fue mantenerme actualizado en los estudios, porque creo que un sacerdote ocupa estar formado, por eso, cuando terminé los estudios en el seminario, me hice el propósito de seguir ligado a la universidad, no por sacar una carrera sino por mantenerme actualizado y eso ha sido de mucha utilidad en mi ministerio y vida personal, lo recomiendo a mis compañeros sacerdotes”, afirma. 

Actualmente, dada la necesidad de instaurar una primera instancia del Tribunal Eclesiástico en Limón, el Padre David fue enviado a estudiar derecho a España, a la Universidad de Salamanca, por iniciativa de Mons. Javier Román, su obispo.

Allá estará Dios mediante durante los próximos tres años, tiempo durante el cual guardará el agradecimiento a todos los que de una u otra forma han contribuido a su crecimiento como sacerdote y como persona. En particular a sacerdotes como Evelio Salazar, Francisco Trejos y Manuel Eugenio Salazar.

“A todos les agradezco de corazón la ayuda, la orientación y el consejo al igual que a los laicos, que también son parte de mi vida, son escuela, animación y alegría”, concluyó.

0
0
0
s2smodern