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¿Un sacerdote con hijos debería dejar el ministerio?

“Un sacerdote que ha tenido hijos y con dos mujeres, ¿puede seguir siendo sacerdote? ¿No es que los sacerdotes se comprometen a ser célibes y así ser fieles a la Iglesia? Es que conozco a un sacerdote oriundo de mi parroquia que está en esta situación. Me parece un tanto contradictorio que aún siga sacerdote y que siga consagrando mientras que hay personas que no pueden comulgar porque se casaron por la Iglesia, más tarde se divorciaron y ahora tiene una nueva pareja con la cual han vivido por muchos años en fidelidad. Espero que pueda responderme. Saludos y gracias”.

César - Costa Rica

Es verdad, estimado don César, la Iglesia Católica Latina confiere el sacramento del presbiterado, sólo a varones célibes y que se comprometan a ser fieles a su promesa.

Desafortunadamente no siempre se ha dado ni se da la plena fidelidad a la promesa que un día solemnemente pronunciaron. Sin embargo, esa dolorosa circunstancia no elimina el sacramento del orden, como una mala conducta de un cristiano, no elimina el sacramento del bautismo que un día recibió. Como uno es bautizado de una vez para siempre, así un cristiano es ordenado presbítero para siempre. Sin duda usted mismo, alguna vez, ha escuchado esa repetida expresión, con ocasión de alguna ordenación: “tú eres sacerdote para siempre”.

Ahora bien, si un sacerdote tiene uno o más hijos ¿debería dejar el ministerio y seguir su vida en la Iglesia, pero como laico? 

Papa Francisco que quiere justamente poner “las cosas” en orden, pide que si de una relación de un sacerdote con una mujer, ha nacido una criatura, atendiendo al derecho natural  de la criatura a tener a su papá, el sacerdote debe dejar su ministerio y a atender a su hijo o hija.

Hay que reconocer sin embargo que las disposiciones de la Iglesia, no siempre han sido tan determinantes y claras es por eso que puede darse algún caso como el que usted, don César, nos describe. Es verdad: hay algún sacerdote que en su momento ha fallado, ha tenido algún hijo, pero no se les ha pedido en el momento en que fallaron que abandonaran el ministerio… Actualmente el hijo o hijos ya han crecido y entonces ya no tendría mucho sentido obligar al sacerdote abandonar el ministerio cuando ya su hijo no lo necesita tanto… habrá alguna otra manera para que el sacerdote reconozca su responsabilidad. 

La situación de los divorciados que han vuelto a casarse y que no pueden comulgar, no es del todo comparable con el caso de los sacerdotes que habiendo fallado, una vez arrepentidos, siguen ejerciendo el ministerio. Y me explico: si una persona casada “por la Iglesia” cae en adulterio, ese grave pecado no “destruye” el sacramento del matrimonio y si se arrepiente sinceramente nadie le niega la santa comunión si ella la pide. Aquí sí que cabe la comparación: si un sacerdote “falla” y se arrepiente, no vemos que haya una razón grave que le impida ejercer su ministerio… a menos que no haya otra obligación superior que se lo prohíba, como sería el caso de atender a su hijo que una vez concebido, tiene el derecho natural a que su papá lo atienda, lo críe y lo eduque con verdadero amor de padre.

Distinto es el caso de la pareja vuelta a casarse… si el primer matrimonio religioso ha sido válido y actualmente vive con otra persona, su situación persiste siendo irregular, aunque haya vivido en fidelidad y sigue resonando entonces, debido a esa irregularidad, la afirmación de Jesús: “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” (Mt 19,6).

Con esto no quisiera sin embargo, dar la impresión de que todos los casos son iguales… solo Dios ve en profundidad el corazón humano y la circunstancia de nuestras decisiones.

El tema es para que haya polémica y no es para menos, porque nuestros laicos quieren que sus sacerdotes sean como Cristo los quiere, honestos y auténticos pastores… sus “críticas” nos ayudan a tener bien presente el alto ideal del sacerdocio cristiano, aunque aún más nos ayude su oración: “concédenos Señor, numerosos pero sobre todo santos sacerdotes”.

Monseñor Vittorino Girardi S.

Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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