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“La cultura de la muerte no triunfará”

Negar la dignidad y disponer de la vida de los seres humanos más débiles es el rasgo más característico de la llamada cultura de la muerte, una realidad que permea nuestra sociedad promovida desde centros de poder económico y político mundiales. A pesar de su influencia, el especialista en Salud Pública Dr. Alberto Ferrero, sostiene que no triunfará, siempre que quienes creen en la vida asuman el compromiso de sus propias convicciones.

Laura Ávila Chacón 
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¿Por qué “Cultura de la Muerte”?

Entendemos como cultura aquel conjunto de creencias, costumbres y convencionalismos aceptados y practicados en una sociedad. La Cultura de la Muerte se caracteriza porque, como resultado de una poderosa y sistemática difusión e imposición de ideas y de razonamientos basados en ideologías que niegan la dignidad inviolable de todo ser humano, han logrado que se llegue a considerar socialmente aceptable, el que las personas y los grupos sociales más aventajados, puedan disponer de la vida de los seres humanos más débiles.  Entre las manifestaciones más dramáticas de la Cultura de la Muerte se encuentra, sin duda, la legalización del asesinato de seres humanos inocentes en los vientres de sus madres, pero también vemos manifestaciones en otros fenómenos sociales tales como deportaciones o asesinatos masivos de grupos étnicos, en las distintas manifestaciones contemporáneas de esclavitud y en otros fenómenos relacionados con el ámbito de la salud pública, como es el caso de la eutanasia, el suicidio asistido e incluso, en las técnicas científicas que, con el fin de lograr un fin aparentemente bueno, violentan el derecho a la vida de otros seres humanos.  

¿Quién es el promotor de la Cultura de la Muerte?

A los promotores de la Cultura de la Muerte no es posible agruparlos bajo la bandera de una única nación, de un único organismo o de un grupo de organismos internacionales o de empresas comerciales, ni siquiera es posible etiquetarlos bajo una única ideología. La Cultura de la Muerte se origina en el hecho de que personas y grupos que ejercen funciones de poder e influencia, niegan la dignidad de determinados grupos de seres humanos y logran un grado significativo de aceptación social de sus postulados. En su manifestación más contemporánea, los promotores de la Cultura de la Muerte son poderosos grupos de interés económico y comercial con una gran influencia política sobre gobiernos y sobre organismos internacionales. Los cómplices somos todos quienes, de una manera u otra y según nos convenga, renunciamos a nuestros principios y aceptamos algunas de las prácticas que dicha cultura nos propone.

¿Qué pretenden?

Pretenden el mantenimiento de las ventajas que la situación socioeconómica y geopolítica vigente les genera, evitando, entre otras cosas, que se modifiquen los términos de las relaciones comerciales y de distribución de recursos vigente entre países y entre empresas. Para ello, se han propuesto limitar el crecimiento del principal motor de progreso de las sociedades menos favorecidas, el cual es el capital humano integralmente desarrollado. Fue la protección de estos intereses lo que motivó la creación, en 1952, de la Federación Internacional de Paternidad Planificada (IPPF) que, en 1969, en su congreso celebrado en Dacca, oficializó el aborto como un método de control del crecimiento poblacional. Como una estrategia fundamental para el cumplimiento de sus objetivos, han permeado sus postulados en organismos transnacionales, particularmente aquellos adscritos a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como resultado de lo cual se crea, en 1967, el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades en Materia de Población (FNUAP) y, en 1994, en el marco de la Conferencia sobre Población y Desarrollo celebrada en el Cairo, se impone el término “Salud Sexual y Reproductiva”, mientras que, en 1995 en Pekín, en el marco de la Conferencia sobre la Mujer, se comienza a difundir el conjunto sistematizado de ideas que hoy identificamos como la Ideología de Género. 

 ¿La Cultura de la Muerte es una ideología, una moda, un pensamiento político o una estrategia comercial?

Si bien ninguna de estas figuras abarca completamente la Cultura de la Muerte, de una u otra manera, todas están relacionadas con ella. Por una parte, si bien no es exclusiva de una ideología en particular, pues eventualmente sería compatible con cualquier ideología que tenga en común una concepción denigrada y denigrante del ser humano, ciertamente la Cultura de la Muerte se origina en un conjunto de ideas y creencias colectivas referidas a la conducta social, de tal manera que diversos pensamientos políticos podrían impulsarla e, incluso, utilizarla en provecho propio. Por otra parte, como hemos dicho, su origen, pero también su difusión, tiene que ver con intereses y con estrategias comerciales que se aprovechan de fenómenos sociales y de los medios de comunicación masiva para presentar como aceptable y hasta deseables conductas que atentan contra el respeto a la vida humana. 

¿En qué se basa una ideología?

La ideología es un conjunto de ideas y creencias colectivas que proponen distintos modos de actuar de las personas en las sociedades. Necesariamente, de una manera explícita o, al menos implícita, una ideología debe incluir una concepción del valor que nos reconocen o nos niegan como seres humanos. Ideologías distintas pero que comparten el haberse negado a reconocer en el ser humano una dignidad inviolable, pueden validar conductas compatibles con la Cultura de la Muerte. Vemos, por ejemplo, cómo ni el marxismo leninismo de la Unión Soviética ni el fascismo racista de la Alemania Nazi, enfrentadas en la Segunda Guerra Mundial, reconocían la dignidad del ser humano y ambas provocaron grandes masacres de grupos humanos.  

¿La manipulación del lenguaje es fundamental para crear Cultura de la Muerte?

La manipulación, en general, no sólo del lenguaje, es necesaria para impulsar la Cultura de la Muerte, pues sus impulsores necesitan evitar la resistencia natural al mal que prevalece en el ser humano. Por eso, vemos manipulación de términos, pero también de ideas y de conceptos e, incluso, del conocimiento científico y de la administración de la justicia. Es así que, mientras vemos que, por una parte, el aborto se encubre bajo el concepto de “interrupción del embarazo” para evitar referirse a la muerte provocada de un ser humano inocente, cuando se trata de un embarazo inesperado se hace alusión a la “salud integral” de una madre a la que es necesario “curar” de un embarazo, con lo que recurren al término “interrupción terapéutica del embarazo”. Lo mismo ocurre en el ámbito científico, donde se han llegado a establecer términos insostenibles como pre-embrión y hasta se permiten afirmar que los seres humanos no lo somos, sino hasta después de que nos implantamos en el endometrio de nuestras madres. Por supuesto, tampoco pueden explicar que, si no somos seres humanos, ¿entonces qué somos?    

En Costa Rica ¿quiénes la promueven?

Por razones que merecen un estudio y un análisis más profundo, mayoritariamente, el pueblo costarricense, mantiene una moral sustentada en el reconocimiento de la dignidad de toda persona humana desde el momento de su concepción, lo cual ha sido confirmado mediante la realización de distintas encuestas de opinión. Esta particularidad hace que, a diferencia de otros países, la legalización y, en consecuencia, la validación social de las conductas relacionadas con la Cultura de la Muerte, como es el caso del aborto, no se sometan abiertamente a discusiones legislativas y, mucho menos, a consultas populares sino, que en vez de ello, se deban limitar a la estrategia de disfrazarlas con el traje de los derechos humanos y de ideologías supuestamente reivindicativas de los derechos de la mujer o de las personas homosexuales, como es el caso de la ideología de género. Bajo esta figura, penetran los contenidos curriculares de los centros educativos superiores, entiéndase universidades, y los contenidos ideológicos y programáticos de partidos políticos que llevan a la práctica sus postulados cuando alcanzan el poder.  

¿Se disfraza la Cultura de la Muerte de Derecho Humano?

Sin duda. Esto se refleja actualmente en la presión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que Costa Rica emita una Norma que reglamente el Aborto Impune previsto en nuestro Código Penal y lo convierta en un “Aborto Terapéutico” que, en la práctica, se convertiría en la legalización del aborto a petición. Como es previsible, en caso de que nuestro país no cumpla con esta prerrogativa, se traduciría en un nuevo juicio en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como ocurrió en el caso de la Fecundación In Vitro, en cuyo caso, como resultado de una sentencia que no guarda relación con la Convención Americana de Derechos Humanos que debían resguardar, nuestro país resultó condenado y obligado, no sólo a legalizar dicha técnica en nuestro país, sino a que sus costos fueran cubiertos por todos los ciudadanos mediante nuestras cotizaciones a la seguridad social.  

¿Cómo se manifiesta la Cultura de la Muerte en nuestro país?

Sus manifestaciones sociales son variadas y numerosas, pero me parece esencial que se centre la atención en el adoctrinamiento de las nuevas generaciones y en las manifestaciones de dicha Cultura en la moral, particularmente en la moral sexual que, con una fuerza inusitada, se válida socialmente entre los jóvenes. El resultado de ello es la pérdida de valor del amor conyugal entre un hombre y una mujer, el debilitamiento de la familia, la desintegración familiar, el aborto y, como resultado, el freno, deseado por sus impulsores, del desarrollo de nuestras sociedades.   

¿Llegará a triunfar la Cultura de la Muerte o será siempre una lucha constante entre el bien y el mal?

Los creyentes cristianos tenemos la certeza de que, en esta lucha entre la Cultura de la Muerte y la Cultura de la Vida que en ocasiones nos parece imposible de ganar, la Cultura de la Muerte no triunfará y que la victoria final corresponde, desde ya, a aquel que es Señor de la Vida. Sin embargo, esto, lejos de constituir una excusa para evadir nuestra responsabilidad como cristianos, nos debe comprometer a vivir una vida acorde con nuestras convicciones y a librar las batallas que nos corresponde, según nuestro estado de vida y según los dones que se nos han sido concedidos.