“En diálogo con nuestro hermano mayor”

 

Pbro. Glenm Gómez Álvarez

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¿Qué expectativa tenía usted como Presidente de la Conferencia Episcopal respecto a ese encuentro con el Papa?

Estaba muy seguro, dentro de mí, que se trataría de un encuentro con un gran hombre de Dios, tenía muchísimo interés de oírlo, de observarlo. En segundo lugar, vine un poco acongojado, tal vez, por cuanto no conocía cómo se iba a desarrollar el encuentro, pero al final, prevaleció la bondad, la vida y la sabiduría que esa persona transmite.

 

La Conferencia Episcopal es una instancia  de colegialidad, si bien cada uno de ustedes podía referirse a la situación de sus diócesis, ¿cómo se experimenta esa colegialidad entorno al Papa?

Encontrarnos todos allí presentes ante la persona de él, esto ya en sí es una manifestación de la colegialidad; que viniéramos a rendir una información sobre el estado y la situación social y pastoral de nuestras respectivas diócesis a quien consideramos en esta Visita nuestro hermano mayor, y así lo tratamos, al contemplar la seriedad con que nos escuchó, con que nos atendió a uno por uno, y la atención que ponía a cada uno de los temas, la interrupción que esporádicamente hacía para referirse a algún puntito o pedir una leve aclaración, todo esto son elementos de un encuentro muy fraterno de una profunda comunión eclesial.


En sus documentos el Papa apela a dejar un poco el centralismo en la vida de la Iglesia, ¿pastoralmente se puede sentir eso a propósito de ese diálogo con Francisco?

Uno tiene ante él mucha confianza y él piensa, y así lo ha manifestado en algún documento, de que las conferencias episcopales podrían desarrollar más el discernimiento para que ellas puedan iluminar desde su situación y decidir muchas situaciones, esto es muy importante a criterio mío. Después de todo el Vaticano está lejos de nuestra propia idiosincrasia y de nuestras propias realidades. Evidentemente, nunca vamos a prescindir de un diálogo y de una relación y de una comunión con los dicasterios y oficinas de la Santa Sede pero es muy importante que las conferencias episcopales y cada obispo en particular encuentren espacios garantizados para analizar situaciones y resolverlas por ellos mismos.

 

Se experimenta control por parte de la Santa Sede o del Papa respecto a la acción de ustedes como obispos.

En el Papa no noto control alguno. Al final él se refirió a algunos temas que a él siempre le han preocupado y que no ha ocultado en su papado. Él insiste en que los sacerdotes y ministros ordenados seamos muy cercanos a la gente y muy noble al tratarla, especialmente a los que más padecen. En este punto él nos insistió mucho que se supere un clericalismo que ha hecho y no deja de seguir haciendo daño en las comunidades, en las diócesis, etc. Ya la presentación de su sencillez por sí misma habla e interpela, un hombre con una sotana humilde, blanca y sin ninguna otra cosa. Nos encontramos con un hombre sin autoritarismos, sin vanidad, sin ostentación, sin poses principescas, sino con un hombre humilde y pobre y desprendido.

 

Hace Francisco una lectura latinoamericana sobre la realidad también de Costa Rica.

Se refirió poco a los temas costarricenses, una media referencia al sistema económico que en el saludo se le presentó, desarrollo económico que ha dejado el bien social como prioridad fundamental. Se refirió a eso de una manera muy general, como que es una corriente en general. Se refirió a Aparecida y algunas perspectivas pastorales del Documento de Aparecida. Preguntó alguna cosita para pedir aclaración de lo que cada uno de los obispos iba diciendo, pero al final nos insiste en esos temas en que él ha venido retomando durante su pontificado: una Iglesia al servicio de las personas, ministros humildes, cercanos a las personas, a los barrios más pobres, él insiste en esas temáticas.

 

La pregunta a partir de cierta especulación que se dio: ¿los regañó el Papa Francisco a ustedes?

En absoluto, es un hermano en que no se le ve por ninguna parte una actitud agresiva, grosera, violenta. Un hombre muy bondadoso y muy sereno, refleja mucha dulzura y mucha paz.

 

Los temas eclesiales que más le preocupan a la Conferencia Episcopal, ¿se le transmitieron al Santo Padre? 

Cada obispo transmitió lo que más le preocupa de su respectiva diócesis, y de las labores que se están haciendo en las respectivas diócesis, en ese sentido no hubo una propuesta unísona dela Conferencia Episcopal, sino de cada obispo en particular.

 

Sin embargo, usted tenía un documento base…

Yo le presenté un saludo de parte de la Conferencia Episcopal y de parte de la Iglesia en Costa Rica. En ella se hace una referencia muy general a la situación del país y a la situación de la Iglesia en Costa Rica, pero no era con el fin de hacer una exposición amplia y detallada y con el fin de pedir su consejo, era un saludo prevalentemente.

 

¿Les dio un mensaje el Santo Padre para los costarricenses?

No nos dio ningún mensaje, cosa que nos extrañó porque ha sido tradicional que el Papa dé un mensaje a la Conferencia Episcopal, escrito, esta vez no.

 

Hubo un saludo a los costarricenses…

El Papa es muy atento desde luego. Algunos de nuestros obispos le presentaron el saludo que los fieles de Costa Rica le mandan, los fieles de nuestras comunidades y se le manifestó: le mandan saludos, le mandan abrazos, que están rezando por usted, que vaya a Costa Rica. Eso se le dijo, se le manifestó el cariño que el pueblo costarricense le tiene y él escuchó todo eso con mucho agrado, él devuelve esos saludos.

 

Lo invitaron a visitar el país?

 

Ya estaba invitado y esta vez le reiteramos la visita al país, con mucho respeto, sin ejercer presión alguna. Está en manos de él aceptar la invitación en el momento en que la Divina Providencia se lo permita o las circunstancias se lo permitan.