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La Niña Marisa

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Opinion

 

La Niña Marisa

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

Por más de 60 años el pueblo ha transmitido el testimonio de una muchachita herediana cuya docilidad a la gracia de Dios, serenidad, sacrificio y alegría, permiten vislumbrar su profunda fe.

Los años han pasado y, aún hoy, miles de personas reconocen el ejemplo, la valentía y la coherencia de María Isabel Acuña Arias, conocida por muchos como la “niña Marisa” a quien gran cantidad de fieles le atribuyen favores y llevan peticiones al mausoleo donde descansan sus restos en el cementerio de Heredia.

A propósito de la visita ad limina, al reunirnos con el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, expuse con entusiasmo el caso de Marisa, esta adolescente, dulce y jovial que permaneció, a pesar de su grave enfermedad, firme en su fidelidad a Dios, dando un valeroso testimonio de vida.

No fue una improvisación, pues ya había solicitado a sacerdotes de la Arquidiócesis de San José que, con total seriedad, compilaran materiales y testimonios que nos permitan iniciar, primero a nivel diocesano, y con total certeza moral, las investigaciones sobre esta joven que tuvo una auténtica fama de santidad, desde antes de su muerte.

Cuando sea oportuno, enviaremos a la Santa Sede el informe y será la Congregación de los Santos la que nos dará una respuesta oficial para que la causa sea tramitada.

Por esto, no es de la noche a la mañana que veremos los frutos de esta misión y, menos aún, que se promueva algún tipo de culto indebido, pero la posibilidad de iniciar este estudio sobre su vida y testimonio de fe, es ya un primer paso para manifestar que Marisa vivió en fidelidad a la gracia de Dios y que en ella, también reconocemos el poder del Espíritu de Santidad presente en la Iglesia, capaz de suscitar santos como modelos, primeramente, y luego como intercesores (Cf. Lumen Gentium 40, 48, 51).

Inspirado en el texto sagrado: “Bienaventurados (felices) los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8) el Papa Francisco dice: “Queridos Jóvenes, como ven, esta Bienaventuranza toca muy de cerca su vida y es una garantía de su felicidad. Por eso se los repito una vez más: atrévanse a ser felices”. Desde esta perspectiva, el testimonio de Marisa es una “provocación” para suscitar en la vida de muchos jóvenes abundantes frutos y la certeza de que Cristo es el “Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6).

Marisa puede inspirar a los jóvenes costarricenses, y del mundo, a no dejarse abatir por las dificultades o problemas, a darle sentido a la vida superando el pesimismo de nuestro tiempo, a no dejarse arrebatar los auténticos valores morales, a entender que la relación con Dios no es un apéndice en la vida sino un don que nos puede hacer capaces de los más grandes sacrificios.

Asimismo, su vida es un recordatorio de que todos estamos convocados para ser santos y que este llamado del Señor alcanza a todos los bautizados sin exclusión. En la misma Congregación nos manifestaron la alegría de promover causas de personas solteras, casadas, obreros, profesionales, en fin, laicos que aspiran a una vida perfecta: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mateo 5, 48).

San Juan Pablo II manifestó: “El laico que acepta generosamente la caridad divina en su corazón y en su vida, es más santo que un sacerdote o un obispo que la aceptan de modo mediocre” (Audiencia 24 de noviembre de 1993).

Que el gozo suscitado por este anuncio no se quede en un entusiasmo temporal, antes bien, que la vida de Marisa nos motive a todos a cumplir con la misión que el Señor nos encomienda, brillando con un testimonio de vida coherente y una esperanza viva.