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Humanae Vitae: 50 años

Escrito por Super User el . Publicado en Editorial

El 25 de julio de 1968, hace 50 años, veía la luz una de las piezas del magisterio más relevantes, proféticas y actuales: la encíclica Humanae Vitae, del hoy beato Papa Pablo VI.
En su esencia, Humanae Vitae es la respuesta de la Iglesia a la transformación de la sociedad de los años 60, en el marco de los movimientos de liberación sexual y la agresiva irrupción de los métodos artificiales para el control demográfico.

De fondo, el texto crea todo un ordenamiento de la enseñanza moral sobre el amor conyugal, el matrimonio, la dignidad de la vida humana y la familia, que lo hacen extremadamente relevante para nuestra época y contexto.
Afirma el beato pontífice contestando a quienes, ayer como hoy, se empeñan en quitarle mérito al matrimonio, deformándolo, manipulándolo o considerándolo como un simple efecto social: “(El matrimonio) es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas”. (HV, 8) 

El matrimonio se distingue de cualquier otra unión porque es plenamente humano, es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo, no fruto de efusiones de instintos o sentimientos, parte de la libre voluntad y está destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegrías y los dolores de la vida cotidiana, de modo que los esposos llegan a ser un solo corazón y una sola alma alcanzando juntos su perfección humana.
Por tanto, el amor que une a los esposos debe de ser total, sin reservas indebidas ni cálculos egoístas, es fiel y exclusivo hasta la muerte, fidelidad que ciertamente puede resultar difícil pero que siempre es posible, noble y meritoria.
Pero además, el amor conyugal está llamado a ser un amor fecundo, que no se agote en la comunión entre los esposos sino que esté destinado a prolongarse suscitando nuevas vidas. Esta característica en particular lleva a la consideración de la paternidad responsable, y de la apertura a la vida, como don sagrado que es.
La encíclica, consecuentemente, considera ilícitos los medios artificiales de control de los nacimientos, comenzando por el crimen del aborto, la esterilización y el uso de los métodos anticonceptivos.
En su lugar, aprueba y recomienda aquellas formas que respetan el orden establecido por Dios, como la observancia de los periodos infecundos. La ciencia médica, contando con el apoyo irrestricto de la Iglesia, ha desarrollado para ello, y con mucho éxito, recursos como el método Billings, sobre el que cientos de matrimonios se forman y recurren con resultados muy satisfactorios desde el punto de vista físico, familiar y espiritual.
Toda esta riqueza moral, integrada desde hace medio siglo al magisterio de la Iglesia sigue siendo un recurso muy útil para los creyentes, que al igual que en la época en la que fue escrita la encíclica, enfrentan corrientes de pensamiento que desconocen la naturaleza y el valor de la vida, el matrimonio y la familia en la sociedad.
En nuestro propio contexto costarricense, acaba de anunciarse por parte de los magistrados de la Sala Constitucional que en pocos días resolverán acerca del mal llamado “matrimonio homosexual”, en respuesta a varias acciones planteadas por activistas varios años atrás.

Amén de la evidente cortina de humo que busca distraer la atención de la profunda y grave crisis que atraviesa el Poder Judicial, es bueno que como creyentes podamos releer estos días la Humanae Vitae, de modo que tengamos los argumentos suficientes para sostener los principios y enseñanzas cristianas sobre este tema tan delicado.
A lo largo de los años, la encíclica Humanae Vitae ha despertado todo tipo de posiciones. Se le considera de hecho el texto del magisterio más respondido en la historia de la Iglesia, y no es para menos. La verdad siempre resulta incómoda y exigente… pero es necesaria, y es una obligación en conciencia de los hijos e hijas de Dios.

 

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