Una representación desafortunada

 

El pasado 7 de julio se llevó a cabo en la Organización de las Naciones Unidas la defensa oral del sétimo informe de Costa Rica sobre el cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

Nuestro país estuvo representado de modo oficial por la Ministra de la Condición de la Mujer y Presidenta del INAMU Alejandra Mora, quien días antes anunció en los medios de comunicación su intención de exponer en este foro a los que llamó “grupos conservadores y fundamentalistas” como los culpables de que los “derechos sexuales” de las mujeres en Costa Rica estén “estancados”.

Dichos grupos, según la funcionaria, incluyen aquellos de carácter religioso que reducen el tema a una discusión sobre el derecho a la vida, cerrando el diálogo y esgrimiendo argumentos desde el miedo y el estereotipo.

Llama la atención en primer lugar que para la denuncia de un supuesto uso del miedo y los estereotipos como arma política, la ministra recurra precisamente a lo mismo en contra de quienes piensan distinto a ella.

Esta contradicción se extiende a la lucha que en la práctica dan organizaciones del gobierno y grupos de presión por los llamados derechos sexuales y reproductivos, enfocados en temas como “el derecho a decidir sobre el cuerpo”, un eufemismo para plantear el aborto sin llamarlo como tal y extender las posibilidades de recurrir a él estirando el sentido de lo ya normado por ley.

Tal es así que en el contexto de la reunión en la ONU, la llamada Coalición Feminista para el Avance de los Derechos Humanos de las Mujeres, presentó un informe alternativo al aportado por el gobierno. En el documento se denuncia, como parte de la supuesta violación a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, el incumplimiento del aborto impune pese a que está normado en el artículo 121 del Código Penal.

La presión alrededor de este tema hace que actualmente desde una comisión que lidera el Ministerio de Salud, se estudie un protocolo que vendría a normar dicho artículo, implementación que preocupa a grupos pro vida porque plantearía la supuesta afectación sicológica del embarazo para justificar el aborto, entre otros portillos.

Ya sabemos que este gobierno, desde sus más altas esferas políticas en Casa Presidencial, ha asumido una dirección inequívoca en estos temas, que se extienden a otros afines como la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo y sus intentos de homologación con el matrimonio.

La frustración de la ministra por lo que considera es un estancamiento no es sino el reflejo de la opción por la vida que hace la abrumadora mayoría del pueblo costarricense.

Y no son datos inventados. La Encuesta de Opinión Pública de la Universidad de Costa Rica (noviembre 2016) reveló que casi un 60% de los ticos se opone al aborto en caso de violación, y en el mismo porcentaje rechaza el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo. 

En otro estudio, esta vez de la firma OPol Consultores para el diario digital elmundo.cr reflejó que ante la pregunta “¿Apoya usted el aborto?”, un 85,2% de los encuestados indicó que no lo apoya, mientras que solamente un 11% afirmó apoyarlo y un 3,8% se manifestó indeciso entre esas dos posiciones.

Así las cosas, el enfoque de la intervención de la ministra ante la ONU fue desafortunado y poco representativo. Y lo más grave es que el desgaste político y de recursos puesto en estos temas podría servir para luchar contra situaciones que vulneran cotidianamente derechos reales a muchas mujeres en nuestro país, como son la pobreza, la violencia y la marginalidad.

Ya llegará el día en que desde una visión integral, alejada de las ideologías y centrada en el interés superior y la dignidad de las mujeres, el Estado asuma causas justas y sensatas. Por el momento, no se pueden dejar de señalar las desviaciones, los intereses y desatinos.

Porque defender el aborto no es defender a las mujeres. Es atentar contra ellas, contra su futuro, su estabilidad emocional y sus vidas… porque también crecen niñas en el vientre de las madres.

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