Nueva carta pastoral sobre la Iglesia diocesana y su misión evangelizadora

 

Ma. Estela Monterrosa S.

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Mons. José Manuel Garita, obispo de la Diócesis de Ciudad Quesada, publicó su IV Carta Pastoral el viernes 7 de setiembre. El documento lleva el título: “Y serán mis testigos” Carta Pastoral sobre la Iglesia diocesana y su misión evangelizadora hoy.

El documento consta de cinco capítulos y se puede leer en línea en la página web de la diócesis: iglesiaciudadquesada.com.

En el primer capítulo, “Origen de una comunidad y de un testimonio de vida”, el obispo explica que la Iglesia nació del impulso misionero de su Maestro y que debe anunciarlo sin excluir a nadie.

Esta nueva Carta Pastoral, expresa el prelado, busca exponer “algunos trazos que delinean la vida de la Iglesia, a fin de que puedan ayudarnos a dinamizar, aún más, el testimonio de fe, esperanza y caridad, que nos da identidad y razón de ser a nuestra misión como discípulos misioneros, y que, como Iglesia diocesana, debemos convertir en nuestra forma de vivir, y que exige de todos nosotros el impulso de una auténtica conversión pastoral”.

En el segundo capítulo, “La Iglesia concretizada en la comunidad diocesana”, Mons. José Manuel Garita quiere proponer “la posibilidad de pensar como Iglesia diocesana sobre nuestra identidad y nuestra misión, de evaluar nuestras relaciones eclesiales y nuestra acción pastoral, para estimular así canales de diálogo y reflexión”.

“Ser Iglesia y vivir en comunión diocesana, se trata de una experiencia de fe que configura nuestra vida como discípulos y misioneros, y por lo tanto que tiene su fundamento en el mismo Señor”, expresa.

Agrega que la “Iglesia es la comunidad de aquellos que comparten los mismos sentimientos de Jesús, comunidad que ha de tener como aspiración máxima el servicio a los hermanos a semejanza del Maestro”.

 

Comunión e Iglesia

El tercer capítulo, “La Iglesia es misterio de comunión y experiencia de comunidad”, inicia reflexionando sobre el modelo eclesial.

Seguidamente, destaca la importancia de la perseverancia en la vida de la comunidad de la Iglesia. “La comunidad persevera en el empeño y en el compromiso asumido con ocasión de la conversión, ésta no fue simplemente un entusiasmo pasajero y superficial, fruto de los sentimientos y emociones del momento, sino el punto de partida de la vida nueva llamada a desarrollarse y profundizarse”, expresa.

En este sentido, también recalca que asumir “la acción pastoral, no como un conjunto de actividades, sino como una red de procesos llamados a entretejer un proyecto diocesano es el «camino de pastoral orgánica» que puede generar una «respuesta consciente y eficaz» (DA 371) a las exigencias de la realidad; pero recorrer este camino nos exige un salto cualitativo, cuya maduración requiere de perseverancia”.

En este capítulo, el prelado también insta a que, con creatividad y audacia, se promuevan espacios diversos en los cuales los bautizados puedan profundizar en su identidad y sentido de pertenencia a la vida eclesial.

El cuarto capítulo, “La Iglesia un único cuerpo en comunión y unidad”, reflexiona sobre distintas implicaciones de la comunión “de la que la Iglesia es Sacramento” y afirma que se “articula como comunión de vida y de fe, de cuantos hemos recibido el don del mismo Bautismo; como comunión de comunidades que, ancladas en la vida diocesana, comulgan por medio de ella con la Iglesia universal; y comunión entre sus pastores y de estos con el Obispo, como expresión de su testimonio en el servicio jerárquico”.

En este sentido, el prelado puntualiza diferentes niveles en los que la comunión eclesial se desdobla: la comunión entre todos los bautizados, la Iglesia es comunidad de comunidades, la comunión de los pastores, la comunión que se expresa y celebra en la Eucaristía.

El quinto capítulo, “La Iglesia como experiencia de compartir, servir y buscar el bien” presenta una reflexión acerca de la situación social de la diócesis.

La realidad de la Iglesia diocesana, dice el Obispo, está marcada por “grandes cambios que afectan la vida de su gente” (…) “Volvemos por ello, nuestra mirada hacia algunos elementos de su vasta realidad, que quiero proponerles como objeto de reflexión y discernimiento”.

El prelado analiza el tema de la pobreza que prevalece, la situación de la familia, el cuido y la responsabilidad por el ambiente, el acceso a la educación superior, el impacto que ha tenido el consumo y venta de drogas, las consecuencias de ser una cultura consumista y violenta y el creciente desencanto de los habitantes que se percibe en diferentes formas.

Al finalizar la Carta, Mons. José Manuel ofrece una serie de conclusiones – objetivos para llegar a ser una Iglesia diocesana capaz de vivir en comunión y unidad; capaz de dar testimonio de la fe en el amor; que sea más misionera, alegre y en salida, guiada siempre por el Espíritu; comprometida con los retos de hoy y que, desde este mundo, camine hacia los valores definitivos.