Dichosos los que construyen la paz

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José 

 

El próximo 21 de setiembre celebraremos el Día Internacional de la Paz, fecha dedicada al fortalecimiento de los ideales de paz en el mundo entero. 

Este año, según determinó la Organización de Naciones Unidas (ONU), la campaña tiene como lema: “Juntos por la paz: Respeto, seguridad y dignidad para todos” y pretende, especialmente, que las personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares en busca de una vida mejor disfruten del respeto y de la seguridad viviendo dignamente.  

Como Iglesia, esta fecha no puede pasar inadvertida pues, enseñaba San Juan Pablo II, la religión tiene un cometido vital para suscitar gestos y consolidar condiciones de paz: “Este papel lo puede desempeñar tanto más eficazmente cuanto más decididamente se concentra en lo que la caracteriza: la apertura a Dios, la enseñanza de una fraternidad universal y la promoción de una cultura de solidaridad.”1

El Papa Francisco es fiel ejemplo de este servicio de la Iglesia a la humanidad. En su reciente visita a Bogotá, Colombia, el Santo Padre insistía en que la búsqueda de la paz es un trabajo que no da tregua y que exige el compromiso de todos: “Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes para ayudarnos mutuamente”.

Desde la Doctrina Social de la Iglesia se nos propone un concepto y una práctica de paz más profundos, pues la paz no es simplemente la ausencia de guerra y constantemente se ve desafiada.

Francisco, también, señaló que existen densas tinieblas que amenazan y destruyen esa paz: “Las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”.

Estos mismos retos a la paz los percibimos, lamentablemente, en nuestra querida Costa Rica que a pesar de contar con un gran potencial humano y una enorme riqueza de recursos,  experimenta una creciente desigualdad y una justicia social estancada, donde  la salud, la educación, la seguridad, la familia, el trabajo digno, entre otros aspectos, están en crisis.

Esas nefastas “tinieblas corruptoras de los intereses” particulares reaparecen en nuestra Nación.  El tema de la descomposición y el clientelismo político ha vuelto a cobrar vigencia. Como advierte Francisco, el peso de la corrupción “quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el egoísmo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y estéril…”2  

Como el mismo Santo Padre nos recuerda, el único camino para salir de la corrupción y superar la tentación es “el servicio” porque, “la corrupción proviene del orgullo y la soberbia”.

Desde esta perspectiva comprometámonos en serio a ser constructores de paz, encaminándonos de inmediato a un diálogo que permita superar la discordia que, día a día, asume formas nuevas. 

Al celebrar este Día Internacional de la Paz, asumamos el compromiso de ser, verdaderamente, constructores de la paz, haciendo de la solidaridad, la justicia y la fraternidad nuestros cimientos. “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

1 JUAN PABLO II, XXXVI JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ, 1 DE ENERO DE 2003, n.9

 

2 Francisco, Vigilia Pascual, 15 de abril 2017