¿Cómo actuar con una persona drogada en Misa?

 

“Hola Monseñor: Soy fiel lector del Eco Católico y de su columna Tus Dudas… En mi parroquia es común que personas en estado de drogadicción, en medio de la Misa, ingresen y realicen, desde luego, acciones que interrumpen la celebración… El sacerdote tiene una actitud de tolerancia. Hace unos días, un señor, en evidente estado de drogadicción ingresó y llegó hasta el altar y se colocó entre éste y el sacerdote, haciéndole gestos amenazantes… Yo estaba cerca y me acerqué aún más por el lado del altar, haciéndole gestos al señor para que se bajara del presbiterio. El sacerdote no me daba ninguna indicación… Se acercaba el momento de la Consagración y mi angustia iba aumentando, particularmente cuando veo que el señor me muestra en su cintura lo que me parecía un arma punzocortante. No era el único en experimentar una profunda preocupación a la vez que pedía ayuda a Dios. Por fin, el señor bajó, me abrazó amigablemente y se dirigió a la salida. Le acompañé y al despedirse me pidió mil colones. He aquí mi duda: ¿Qué hubiera pasado si llegando el momento de la Consagración, ese señor no hubiese bajado? ¿Y si hubiese sucedido algún tipo de agresión? ¿Existe algún protocolo que establezca cómo actuar en estos casos? ¿Qué recomienda usted? Esperando su respuesta, su atento servidor”. 

M. Gerardo Meléndez - Parroquia en San José


Estimado M. Gerardo: La primera reacción que experimenté al leer su correo, fue la de admiración hacia su párroco que mantiene una actitud de paciente tolerancia en los casos parecidos (aunque no tan graves) al que usted me describe. Es lo mejor que se puede hacer, con la esperanza de que como el drogadicto ha entrado y se ha acercado, así, al poco tiempo se retire. Usted mismo, estimado M. Gerardo habrá notado que así normalmente acontece.

Paso ahora a sus preguntas. Si al momento de la Consagración el señor drogadicto no se hubiese bajado, era del todo lógico que el Celebrante esperara unos momentos más y si el drogadicto siguiera cerca, con bondad invitarle a que se retirara, a lo mejor con un gesto de amistad…

Además, en general, no hay que temer algún gesto de agresión de parte de los drogadictos que entran en nuestros templos durante las Celebraciones… Los drogadictos realmente peligrosos no son los que entran en los templos durante la Celebración. Ellos están en otros lugares.

En cualquier caso, no hay modo de evitar de manera absoluta cualquier posibilidad de agresión para el celebrante, estando abiertas las puertas del templo.

Hasta ahora no se ha visto la necesidad de establecer un Protocolo que indique cómo actuar en estos casos. De mi parte, lo llamaría “Protocolo del sentido común”, dejando que sean los celebrantes de turno quienes, según las tan distintas circunstancias de nuestras comunidades, vean cómo dejarse ayudar en los casos en que personas “inesperadas” lleguen a nuestra Asamblea, causando inconvenientes. En cualquier caso, tendremos que evitar toda actitud y todo gesto que parezcan duros y dictados por la ira más que por una paciente bondad y misericordia.

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