Jornada Mundial de las Misiones 2017

 

Este domingo 22 de octubre la Iglesia universal celebra la Jornada Mundial de las Misiones a fin de que todos los miembros del gran Cuerpo de Cristo cobremos nueva conciencia de nuestra vocación misionera, nos unamos en ferviente oración por la misión y las misiones, y pongamos nuestro grano de arena para la evangelización del mundo.

Quisiera aprovechar este espacio que me brinda el Eco Católico y presentarme como Obispo Delegado de la Conferencia Episcopal para Comisión Nacional de Misiones (CONAMI). Un saludo afectuoso para todos aquellos que por años han venido sirviendo la causa de las misiones en este país y en el mundo, con mi especial gratitud a Mons. Javier Román por su servicio anterior en este cargo. 

De mi parte, cuento con una cierta experiencia misionera en varios países, pero no conozco muy de cerca la organización y dinámica de trabajo de las OMP en Costa Rica. Por eso, a la vez que me pongo a su disposición en lo que pueda servirles, pido su ayuda para lograr meterme con alma, vida y corazón, en esta importante institución de la Iglesia. 

Hoy más que nunca el mundo necesita la levadura de la Buena Nueva de Jesucristo, muerto y resucitado, que proyecte luz en medio de tantas tinieblas y esperanza en medio de tanta desilusión.

Al igual que todos los años, el Papa Francisco nos ha regalado en esta ocasión un mensaje iluminador para  la  presente Jornada Mundial de las Misiones. El lema del mismo es: la Misión en el corazón de la fe cristiana. Bien conocemos el corazón auténticamente misionero de nuestro Supremo Pastor. Desde el comienzo de su pontificado el Papa nos ha hablado de su sueño: una Iglesia misionera, una Iglesia pobre y para los pobres, una Iglesia en salida, capaz de abandonar sus trincheras de seguridad y comodidad, para proyectarse a las periferias sociales y existenciales de la humanidad. En su mensaje, Francisco no  podía dejar de reflejar su sentida preocupación por que llegue a todos la Buena Nueva de Jesucristo. 

Por eso afirma que: “El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial” y añade: “a través de la Iglesia, Él continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrientas de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta”.      

El mensaje del Papa nos hace comprender claramente que la primera misión del cristiano es la de buscar al Señor permitiendo que Él cambie su corazón y lo haga semejante al suyo; esta misión continúa en el compromiso del cristiano en favor de una profunda renovación de toda la Iglesia; esa misma misión se consuma  en la aceptación de la cruz, del dolor y de la misma muerte, como donación total de sí por la salvación de todos. Misión es entrega, misión es compromiso, misión es muerte y resurrección.

Concluyo este mensaje fraterno renovando mi compromiso de disponibilidad para el servicio que se me ha pedido en favor de las Obras Misionales Pontificias. 

Que el Señor bendiga a todos aquellos con quienes más de cerca compartiré este ministerio y nos revista de fidelidad y amor para cumplirlo. 

 

Mons. Gabriel Enrique Montero

Obispo diocesano de San Isidro