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Oportuno llamado a la lucidez

 

Oportuno llamado a la lucidez

 

La Conferencia Episcopal de Costa Rica ha dado a conocer su mensaje para el proceso electoral 2017-2018, que el próximo año nos llevará a las urnas para elegir nuevo Presidente y diputados, y cuyo texto íntegro publicamos en esta misma edición.

Su llamado concreto sobre asuntos que demandan soluciones realizables por cada uno de los aspirantes al poder, es iluminador en cuanto a las prioridades nacionales en este momento de la historia.

El mensaje de los obispos llega en una coyuntura delicada cuando desde varias trincheras del escenario público nacional se pretende acallar la voz de la Iglesia como actor social, desconociendo principios fundamentales de la vida en democracia, que contradictoriamente se dice proteger.

Esta visión laicista, absurda y hasta al margen del ordenamiento jurídico constitucional, es la misma que mueve hilos en la actual administración, y que dan como resultado disparates como los que desde el Sistema Nacional de Radio y Televisión, SINART, han sorprendido a los costarricenses, argumentando la defensa de las audiencias pero vulnerándolas al mismo tiempo, en relación a la cancelación de los espacios de la Misa y el Santo Rosario en el canal estatal.

Da la sensación de que conforme pasan las semanas y se acerca el cambio de gobierno se acrecienta el deseo de empujar cambios que no han podido hacerse en estos cuatro años por el camino del diálogo y la reflexión serena. Cuidado.

Por eso es oportuna la solicitud de los obispos en su mensaje a vivir el proceso electoral de manera informada, consciente y responsable, en procura de la construcción de una democracia participativa, a favor del bien común y que facilite escribir el futuro de nuestro país desde el dictado de la voluntad popular, y no al calor de “criterios técnicos” teñidos de ideologías trasnochadas, repudios o resentimientos.

El rechazo de las agendas ocultas, la demagogia y el populismo como armas para alcanzar el poder por medio de las emociones, y no a través de la racionalidad de un voto informado, es otro acierto del mensaje episcopal, como lo es su llamado a la unidad nacional, en contra de polarizaciones que nos dividen y alejan a unos de otros.

Esta campaña electoral, tan empeñada en lo efímero de las promesas vacías, debería en cambio tratar sobre temas medulares para devolver la esperanza perdida a los costarricenses. 

Entre ellos la transparencia en la función pública, profundamente herida después de los escándalos de corrupción y tráfico de influencias por todos conocidos, la situación de poblaciones empobrecidas y excluidas, como los agricultores, los pescadores y los indígenas, el caos vial, la pobreza que no cede terreno, la violencia intrafamiliar y la reforma de nuestro sistema educativo, que ha de conformarse como una ayuda subsidiaria del Estado a la autoridad de los padres sobre sus hijos, y el modelo educativo que desean para ellos.

Naturalmente, en el corazón de la Iglesia estarán siempre aquellos más indefensos, como los no nacidos, cuyas vidas peligran por corrientes que desean abrir las puertas al aborto mediante eufemismos y la presión de organismos supranacionales.

Finalmente, los temas relacionados con el medio ambiente, la casa común, como refiere el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’, cuya degradación acarrea amenazas para la salud, la vida y la estabilidad democrática en nuestro país.

 

Se trata pues, de propuestas lúcidas sobre verdaderos temas país, que deben de ser atendidas y respondidas tanto por candidatos como por electores, en actitud responsable y visionaria con el bien de todos los costarricenses.

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