“Ser sacerdote es esculpir a Jesús en el corazón de las personas”

 

“Ser sacerdote es esculpir a Jesús en el corazón de las personas”


Danny Solano Gómez

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Tenía apenas cinco años cuando soñó que la Virgen, como una maestra, le señalaba el dibujo de un jardín en unas cartulinas y le decía:  “Mi hijo necesita un pastor”. El cuadro cobraba vida y ella le señalaba a un jardinero que podaba rosas: “Como él”, le indicaba. 

“Después me mostró en la cartulina un pastor con una oveja en sus hombros y otras que lo seguían. Ella me decía: “Pronto lo vas a entender”. Junto al jardín había una capilla de madera, la misma donde iba a rezar con mis papás, ella me llevó allí, estaban dando misa y me mostró al sacerdote”. Entonces yo le dije: “Si usted me ayuda, yo con mucho gusto”.

Desde que tuvo aquel sueño, el hoy Padre Fernando García, vicario de Nuestra Señora de La Merced, en San José centro, supo que su vocación era el sacerdocio. 

Nació en Guadalupe de Goicoechea el 16 de febrero de 1952. Hijo de una enfermera obstétrica y un papá zapatero, aunque este tuvo otros oficios como comerciante y escultor. Fernando era el mayor de ocho hermanos.

Desde pequeño sus padres le transmitieron la fe y la devoción por María Santísima. “Como éramos tantos mi mamá trabajaba dos turnos, llegaba siempre del trabajo a rezar de rodillas ante una imagen de la Virgen. De niño me decía: Si mi mamá es tan buena, ¿Cómo será esa para que mi mamá le rece?”.

De joven participaba de manera muy activa en grupos de Renovación Carismática Católica. No obstante, entró a la Universidad de Costa Rica a estudiar microbiología, incluso tuvo sus novias, pero un día decidió dejarlo todo y hacer lo que tanto deseaba y para lo cual sentía un llamado. Como dice él, un día se escapó al Seminario. Tenía entonces 24 años.

Se ordenó el 4 de diciembre de 1982. Desde entonces se ha caracterizado por su buen humor, su atenta escucha (le gusta mucho ofrecer el Sacramento de la Reconciliación), su devoción por la Virgen María (una vez le dijo a Jesús que lo perdonara porque él sentía que quería más a su Madre, pero “Ella me enseñó a amarlo a Él”, dice), su pasión por el Santísimo Sacramento y su fe en el poder de la oración.

 

Ahí está su mamá: María

Al Padre le hubiera gustado ser cineasta. Por eso cuando las personas llegan a confesarse o a hablar con él se ve a sí mismo como un productor de cine. “La gente trae un guión, entonces hay que acomodarlo. Me gusta escuchar a la gente”. “Lo que más me gusta es evangelizar, hablar con la gente”, mencionó.

Como curiosidad, cuando confiesa siempre lo hace detrás del altar, porque para él es una manera de decir que el Señor está por encima de él y su misericordia ilumina los corazones de las personas.

Tiene grupos de oración, allí las personas suelen pedir por la sanación de alguien, aunque según dice el Padre, muchas veces lo que realmente necesitan es una reconciliación con el Señor. Sin embargo, en ocasiones afirma haber sido testigo de curaciones sin explicación aparente, gracias a la acción misericordiosa de Dios.

Fue Capellán en el Centro Penitenciario de San Sebastián, y como Vicario en Nuestra Señora de La Merced ha tenido bellas experiencias con ex privados y privados de libertad. 

“Un día de estos vino un muchacho, venía de cumplir una pena de nueve años, decía que su tristeza más grande era salir y que ahí no estaba su mamá. Yo le dije: “Aquí está, es esa (la Virgen de La Merced)”. El cayó al suelo. Le regalé unas tortillas y le di plata para los pases. Después me llamó todo contento, me dijo: “Padre, ¡viera cómo me recibieron en mi casa!, una gran enseñanza la que me dio, esa (la Virgen de La Merced, patrona de los privados de Libertad) va a seguir siendo mi mamá, yo la tenía muy abandonada”, contó.

El Padre Fernando gusta ver EWTN, escuchar vidas de santos y música romántica. Cuenta que su papá en una ocasión le dijo que de todos sus hijos él había escogido la vocación más bonita, por se trataba de “esculpir a Jesús en el corazón de las personas”. Esta frase él la atesora en su corazón y mueve su ministerio pastoral.

 

Foto D. Solano.

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