Mi Paz les doy…

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

¡Felices Pascuas de Resurrección! El Señor venció a la muerte y puesto que, por el bautismo, hemos resucitado con Cristo, busquemos desde ya los bienes de lo alto.1 Vivir la Pascua significa esforzarnos por transmitir la vida plena que Cristo nos ofrece.

Este es tiempo de esperanza, gozo y paz. Casualmente, la primera palabra del Resucitado a los suyos ha sido: “Paz a vosotros”2. 

Él trae su paz al mundo. Él es nuestra paz y, quienes en él creemos, debemos ser personas de paz, constructores de unidad auténtica y verdadera, hombres y mujeres que reconocen y viven el misterio de la cruz y de la resurrección como misterio de encuentro y de reconciliación, abiertos a la sabiduría de Dios, pues “los que sólo saben reprochar alborotan la ciudad, pero los sabios aplacan la cólera…El insensato da libre curso a su impulsividad, el sabio domina la suya y la calma.”3 

Cristo, “Príncipe de paz”4 nos enseña a vivir coherentemente nuestra fe, amándonos como él nos ha amado, “pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad … Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.”5

El Señor resucitado nos llama hoy, a vencer el odio con amor, a hacer prevalecer la unión por encima de la hostilidad y la confrontación: “Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.”6  La paz que Cristo nos ofrece no es la paz que el mundo proporciona pues “la presencia del Espíritu hace que nuestro corazón esté en paz. ¡No anestesiado, no! ¡En paz! Consciente, en paz: con la paz que sólo la presencia de Dios da”.7

Este mensaje de paz que Cristo nos transmite resulta providencial y necesario en el actual contexto de nuestro país, sobre todo, al haber llegado al final de un proceso electoral plagado por discursos ideológicos o partidistas, las recurrentes ofensas, insultos y expresiones descalificadoras contra los adversarios que, a todas luces, han fragmentado, aún más, a nuestra Nación y la estabilidad de su sistema democrático.

Hemos visto como, en particular, las redes sociales multiplicaron la difusión de mensajes (difamación, injurias, calumnias) que pretendían básicamente provocar la confrontación a lo largo de esta segunda ronda. Igualmente, y al calor de la contienda, brotaron actos que incitaban al odio, la intolerancia y a la violencia a partir de argumentos fundados en razones morales o religiosas, que apelaban a la emoción más que a la razón de los ciudadanos. 

El tono de esta campaña es quizás la epidermis de un problema más profundo, real e inminente, que refleja la violencia y hostilidad que se ha venido enquistando en nuestra sociedad. Ya tendrán ocasión de sobra los técnicos y burócratas para ahondar en este tema que obliga a replantear los valores en conflicto y alentar el debate público en torno al anhelado equilibrio.

El mismo Jesucristo nos enseña que «Todo reino dividido contra sí mismo queda devastado. No hay casa que permanezca, si internamente está dividida».8  Los enfrentamientos políticos e ideológicos nos están llevando por caminos peligrosos y los creyentes, en primera instancia, debemos ser luz en medio de las tinieblas y evitar que se repitan episodios tan lamentables y controversiales. Enseñaba Benedicto XVI: «Cristo no triunfa por medio de la espada, sino por medio de la cruz. Vence superando el odio. Vence mediante la fuerza más grande de su amor. La cruz de Cristo expresa su “no” a la violencia.”9

Nos dice Francisco: «cuando yo me enfado y pierdo la paz, cuando mi corazón se preocupa, es porque no estoy abierto a la paz de Jesús; porque no soy capaz de llevar la vida tal como viene, con las cruces y los dolores que llegan: porque no soy capaz de pedir: “Señor, dame tu paz”».10

Que  sea esencialmente esta súplica: “ Señor, dame tu paz” la que acompañe nuestro camino y que el Dios del amor y la paz siga bendiciendo a Costa Rica. Somos un país de paz, no dejemos que nos arrebaten esto que está en el corazón de todos.

1 Cf. Colosenses 3,1

2 Jn 20,19

3 Proverbios 29, 9.11

4 Isaías 9, 6

5 Santiago 3, 15-18

6 Mateo 5,44

7 Papa Francisco. Homilía, 20 de mayo del 2014

8 Lucas 11,17

9 Benedicto XVI, misa crismal, 1° de abril del 2010

10 Francisco,  Homilia 16 de mayo del 2017

 

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