Los hijos de Coré

Los hijos de Coré  

 

Los hijos de Coré nos dejaron un tesoro musical en sus salmos.

 

Pbro. Mario Montes M.

Animación bíblica, CENACAT

 

El domingo anterior vimos a Asaf, músico, levita y compositor de una colección de salmos. Pero en el Salterio también aparecen los llamados “hijos de Coré”, como autores de una colección sálmica. ¿Quiénes fueron ellos? Su antepasado común fue Coré, a quien junto con Datán y Abirán, fueron famosos por organizar un motín contra Moisés. Su historia trágica la encontramos en el capítulo 16 del libro de los Números. Coré era primo hermano de Moisés y Aarón (Éx 6,18-21), y, al igual que ellos, de la tribu de Leví, la encargada del culto y la única tribu hebrea legítima en Israel, que ejercía el sacerdocio hasta los tiempos de Jesús.

Coré aparece como rebelde en el texto de Núm 16,1ª.2b.3-4.11.16-24.27ª.35. Fue el jefe de un grupo de doscientos cincuenta hombres, que se rebelaron contra Moisés y Aarón, porque, según ellos, ambos reclamaban una autoridad sagrada y unas funciones religiosas que no tenían razón de ser, en una comunidad donde se suponía que todos eran iguales. Tanto él,  como Datán y Abirán, fueron sometidos al juicio de Dios con la prueba de los incensarios, y el juicio se inclinó a favor de Moisés y Aarón, pero en contra de Coré y sus secuaces, que fueron devorados por el fuego mientras ofrecían el incienso (Núm 16,4-7.18-24.35). Coré es presentado como nieto de Leví (ver Núm 16,1). De forma que los llamados “hijos de Coré”, son quizá los descendientes del nieto de Leví del mismo nombre, pero que no murieron en aquella refriega, tristemente célebre en la historia bíblica.

Pues bien, con el título de “Salmo de los hijos de Coré” tenemos once salmos (Sal 42. 44-49. 84-85. 87-88). Además, sobre la familia de Coré y su familia para atribuirles la paternidad de once salmos, encontramos en el primer libro de las Crónicas la siguiente noticia: “Los porteros del campamento de los hijos de Leví fueron: Salún, hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Coraj, y sus parientes, los coreítas, de la misma familia” (1 Crón 17,19). 

Ellos se ocupaban del culto como guardianes de la entrada de la tienda, lo mismo que antaño sus antepasados custodiaban la entrada del campamento del Señor, oficio que volvieron a tener después del destierro de Babilonia (1 Crón 9,19; Esd 11,19). La relevancia de la familia coreíta vino a través de la tradición de sus antepasados. Coré y su familia eran los que tenían reservada la responsabilidad del culto.

Y su nombre vuelve a aparecer en el libro del Eclesiástico: “Unos extraños se aliaron con él (Aarón) y en el desierto le tuvieron, los seguidores de Datán y de Abirán, y la banda enfurecida de Coré” (Eclo 45,18). Hasta en el Nuevo Testamento encontramos una referencia a Coré y la rebelión que había organizado: “¡Ay de ellos!, Han tomado el camino de Caín; por afán de lucro han caído en la aberración de Balaán, y han perecido en la aberración de Coré” (Jds 11). 

Los nombres de sus hijos los encontramos en el libro del Exodo: “Hijos de Coré: Aser), Elcaná y Abiasat. Son los clanes coraítas” (Ex 6,24). Por tanto y dado el prestigio y reconocimiento familiar, a los hijos de Coré,  Aser, Elcaná y Abiasaf, se les ha otorgado la autoría de esos 11 salmos del conjunto del Salterio. En general, los salmos de la colección coreíta se caracterizan por su devoción al templo y a sus solemnidades litúrgicas (Sal 42-43; 84), lo mismo a la ciudad santa, morada del Señor (Sal 46-48; 87). El estilo suele ser expresivo y patético, con un profundo sentido nacional. Veamos los siguientes versículos del salmo 42,1-6:

 

Como la cierva sedienta

busca las corrientes de agua,

así mi alma suspira

por ti, mi Dios.

Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi único pan de día y de noche,

mientras me preguntan sin cesar: “¿Dónde está tu Dios?”.

Al recordar el pasado,

me dejo llevar por la nostalgia: ¡cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta!

¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas?

Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.

 

Los motivos que predominan en la primera estrofa (v.v. 2-5) son: la cierva, el agua, la sed, las lágrimas, el pan y la nostalgia del templo de Jerusalén y de sus celebraciones festivas. Ausencia de agua y nostalgia son elementos que se tocan y se funden entre sí. Encontramos una imagen enérgica, la de la cierva que brama de sed en busca de corrientes de agua. La persona que compuso este salmo siente una terrible sed de Dios. A esto, viene a añadirse la pregunta maliciosa: “¿Dónde está tu Dios?”. El estribillo (v.v.6.12) se pregunta por el motivo de la aflicción del salmista a la esperanza de volver a encontrarse con Dios en el templo.

Por tratarse de una súplica individual, podemos rezarlo personalmente, pues a veces nos da la impresión de que Dios está ausente de nuestra vida y de nuestros sufrimientos. Conviene rezar este salmo completo (v.v.1-12) cuando nos sentimos oprimidos; cuando sentimos nostalgia de su presencia; cuando tenemos hambre y sed de él; cuando se aflige nuestra alma y nos sentimos abatidos...

 

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