“Reciban el Espíritu Santo”

Oración inicial

¿Cuándo vendrá el Consolador, oh Padre mío? ¿Cuándo llegará a mí tu Espíritu de verdad? El Señor Jesús nos lo ha prometido, dijo que lo enviaría desde tu seno hasta nosotros. Padre, ¡abre tu corazón y envíalo desde los cielos santos, desde tus altas moradas! No tardes más, sino cumple la antigua promesa; ¡sálvanos hoy, para siempre! Abre y danos tu Amor por nosotros, para que también yo pueda abrirme y ser liberado por ti y en Ti. Que esta Palabra tuya sea hoy el lugar santo de nuestro encuentro, la estancia nupcial de la inmersión en ti, ¡oh Trinidad Amor! Ven a mí y yo a ti. ¡Permanece, oh Padre! ¡Permanece, oh Hijo Jesucristo! ¡Permanece para siempre, oh Espíritu Consolador, no me abandones jamás! Amén.

Lectura Bíblica

Lectura del santo Evangelio según San Juan 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

Palabra del Señor.

Momento de silencio

Hago silencio y repito en mi corazón “Ven Espíritu Santo”.

Algunas preguntas

1.¿Por qué, Señor, te he esperado tan poco, por qué ha sido tan frágil, tan hipócrita, mi atención hacia Ti? Tu mandas a Alguien a buscarme, y ni tan siquiera me doy cruenta, ni tan siquiera muestro interés. 

2.Tengo miedo, tú lo sabes. ¿Por qué dar la cara ante todos: a mis compañeros de colegio, de universidad, de equipo, a mis amigos, que me invitan a salir con ellos? ¿Por qué este esfuerzo? ¿No puedo ser cristiano igualmente? ¡Tú eres mi principio y mi fin; tú eres mi entera existencia! ¿Cómo es, Señor, que no doy testimonio? ¿Cómo puedo continuar así?

3.Pero, deseo probar, deseo acogerte, ¡oh Tú, que eres el Amor, que yo me deje aferrar por tu Espíritu! ¿Me llevará al desierto, como hizo contigo? (cf. Lc 4,1) ¿Abrirá mi vida, como abrió el seno de la Virgen María? (Lc 1,35) ¿Me invadirá como hizo con Pedro, con los otros, con cuantos creyeron en la predicación, como narran los Hechos de los Apóstoles? No sé lo que me sucederá, pero deseo decirte que sí.

Oración final 

Gracias, oh Padre, por la venida del Consolador, del Abogado; gracias por su testimonio de Jesús en el mundo y en mí, en mi vida. Gracias, porque es Él el que me hace capaz de recibir y llevar el peso glorioso de tu Hijo y mi Señor. Gracias, porque Él me guía a la verdad, me entrega la verdad toda entera y me revela las palabras que Tú mismo pronuncias. Gracias, Padre mío, porque en tu bondad y ternura, tú me has alcanzado hoy, me has atraído a Ti, me has hecho entrar en la casa de tu corazón; me has inmerso en el fuego de amor trinitario, donde tú y el Hijo Jesús son una sola cosa en el beso infinito del Espíritu Santo. Aquí también estoy yo, y por eso mi alegría es desbordante. Te ruego, Padre, haz que yo pueda dar a todos este gozo en el testimonio amoroso de Jesús Salvador, cada día de mi vida. Amén. 

Lecturas: Prim. Hech 2, 1-11 / Sal 103 / Seg. 1 Cor 12, 3-7. 12-13 / Jn 20, 19-23 • Ciclo B • Domingo de Pentecostés • Liturgia de las Horas: I del salterio

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