A nuestra Selección Nacional de Fútbol

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

Cada cuatro años, la fiesta del futbol alcanza una escala mundial y, el deporte “Rey” como le denominan algunos, acapara la atención de esta “aldea global” que, en contadas ocasiones, se alegra al sentir la fraternidad universal de estos encuentros destinados a promover y acrecentar los lazos de amistad y de convivencia pacífica entre los pueblos.

Decía San Juan Pablo II que el deporte, “cuando no se convierte en un mito, es un factor importante de educación moral y social, tanto a nivel personal como comunitario. 

Aun sabiendo que el mundial está revestido con una parsimonia que disimula grandes intereses económicos, políticos y sociales que lo convierten, oportunamente, en ese elemento distractor y válvula de escape para los pueblos, debemos, principalmente, acentuar los valores de la disciplina y de la honestidad de los competidores que, en aras de un compromiso en común, se sacrifican para alcanzar la excelencia.

Quedan para la posteridad las lágrimas de emoción que arrancaron los momentos únicos que deparó Brasil 2014 haciendo que, en todos los rincones del país, los costarricenses se sintieran en primera fila disfrutando aquel espectáculo sin precedentes. 

Para los “entendidos en la materia”, Costa Rica, al quedar situada, primeramente, en el “grupo de la muerte”, haría un papel deplorable, no obstante, su actuación fue asombrosa, sosegada y permanente, considerada por muchos la gran revelación de aquel Mundial. 

Nuevamente, el representativo patrio hará acto de presencia en estas justas deportivas. Nuevos tiempos corren y con ellos, la esperanza de un digno desempeño.

Al pensar en los dirigentes, técnicos y jugadores seleccionados, pienso también en los grandes valores espirituales con que han sido enriquecidos, y por tanto reconocer no sólo sus altas capacidades y  profesionalismo sino, ante todo, el hecho de representar los más altos principios e ideales de nuestro país: “Ustedes son el centro de la atención de esas personas que los admiran; compórtense de forma que dichas personas siempre puedan apreciar en ustedes las cualidades morales de un grupo comprometido de deportistas.” 

El mismo San Juan Pablo II destacaba que un equipo impenetrable y exitoso no sólo es fruto de condiciones físicas; sino que es también el resultado de una rica serie de virtudes humanas, de las cuales sobre todo depende el éxito: “el entendimiento, la colaboración y la capacidad de amistad y de diálogo; en una palabra, los valores espirituales, sin los cuales el equipo no existe y no es eficaz.” 

En esa misma tónica, el Papa Francisco, reconocido como gran aficionado del futbol, recuerda particularmente a los jugadores: “Considerando la fascinación y el reflejo que el fútbol profesional tiene sobre las personas, especialmente entre los jóvenes, ustedes tienen una notable responsabilidad… pues aquellos que son considerados campeones se convierten fácilmente en figuras de referencia, por eso cada competición es una prueba de equilibrio, de dominio de sí mismo y de respeto de las reglas… Quien, con su propio comportamiento, sabe dar prueba de ello, entonces se convierte en un ejemplo para sus admiradores” 

Mi llamado es pues, a nuestra Selección Nacional para que con su trabajo demuestren la verdadera razón de ser del deporte en general y del futbol en particular, y en ese contexto universal, les invito a no temer el dar a conocer, con serenidad y equilibrio, los principios morales y religiosos en los que se inspira su vida.

Con su esfuerzo y dándolo todo de sí mismos, alcanzarán la meta que se proponen. Que Dios les de fortaleza muchachos, les proteja en todo momento y cuenten con nuestras oraciones.

1 Juan Pablo II discurso a delegación del Futbol Club Barcelona, Viernes 14 de mayo de 1999

2 Juan Pablo II a los del equipo italiano de fútbol de Milán. 20 de diciembre de 1986

3 ídem

4 Francisco a los jugadores de la Juve y de la Lazio. 16.05.2017

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