La solidaridad como estilo de vida

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

El mensaje central de Jesús es sencillo y directo: “Ustedes deben amarse los unos a los otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.”1  Su “mandamiento” no es un precepto más; el Señor nos enseña que el amor es el camino para seguirle y este es un camino concreto, “un camino que nos conduce a salir de nosotros mismos para ir hacia los demás.”2

Detenerse ante Cristo que sufre, y practicar la solidaridad con Él, es el deber de cada cristiano y, para servir y amar a Jesús así, debemos reconocer a Cristo en esos “rostros sufrientes que nos duelen”3 pues, “cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis”.4

Graves acontecimientos han golpeado a pueblos hermanos. Por una parte, Nicaragua ha vivido un baño de sangre que dejan ya 134 muertos, la inmensa mayoría jóvenes, primeramente, por la represión del Gobierno ante el reclamo de la reforma de la Seguridad Social y en estas últimas fechas, por las protestas generalizadas contra el régimen de Daniel Ortega, sin que, por ahora, se vislumbre una solución pacífica a esta crisis que hunde en el dolor y en la inseguridad a este amado pueblo.

El mismo Papa Francisco ha declarado: “Expreso mi cercanía en la oración a ese amado país, y me uno a los obispos en la petición del cese de toda violencia” para que “se evite un inútil derramamiento de sangre y las cuestiones abiertas sean resueltas pacíficamente y con sentido de responsabilidad”.

Asimismo, nuestros hermanos guatemaltecos han experimentado el caos y la destrucción por los efectos del volcán de Fuego con más de una centena de muertos, casi 200 desaparecidos y unos 3.000 heridos y evacuados; en lo que se considera una de las más grandes tragedias de los últimos años en este país, previéndose aún, el riesgo a nuevas erupciones.

Allí, también, el Santo Padre, en un conmovedor mensaje “ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y oraciones por todos los que sufren las consecuencias de ese desastre natural” y pidió, que “se transmita el sentido pésame de Su Santidad, junto con expresiones de consuelo, a los familiares que lloran la pérdida de sus seres queridos”.

La credibilidad de la Iglesia se encuentra en su misericordia, dice el Papa Francisco y, en ambos casos, la Iglesia ha asumido una presencia destacable, acompañando y auxiliando a los que sufren, sobre todo a los más pobres, y manifestando con su testimonio que “no se trata solo de encontrar a Cristo en los pobres, sino también de que los pobres perciban a Cristo en nuestros actos”.5

En este mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, pidamos que al rememorar ese amor que brota de Cristo, todos nosotros tengamos la fuerza y el coraje de entregarnos y servir a estos hermanos. Estos hechos, definitivamente, deben movernos a la solidaridad para que, estos hermanos países puedan enfrentar con serenidad espiritual y esperanza cristiana tan difíciles pruebas.

Que nuestras oraciones al Padre misericordioso y Señor de la vida en favor de Nicaragua y Guatemala sean constantes sabiendo que Él, con su infinita bondad, consolará la aflicción de quienes lloran la muerte de sus seres queridos.

La compasión es el modo de ser de Dios y mirar las personas con amor compasivo es parecerse a Él, por ello, la colecta que hemos realizado llegará a hermanos guatemaltecos,  como un gesto de nuestra fraternidad y solidaridad con quienes más necesitan. No nos cansemos de hacer el bien.


1 Evangelio según San Juan 13,34-35

2 Papa Francisco, Rezo del Regina Coeli, 10 de mayo de 2015

3 Documento Aparecida 8.6

4 Evangelio según San Mateo 25,40

5 Papa Francisco, 15 de marzo de 2017

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