Femicidios: emergencia nacional

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Hemos leído en los medios que se pide declarar emergencia nacional en Costa Rica por la cantidad de femicidios que estamos viendo. Según datos suministrados por Crhoy.com en los últimos años se han registrado 292 femicidios en el país. Demasiado triste y lamentable.

Patricia Mora, ministra de la condición de la mujer, ha expresado públicamente que luchará por erradicar la violencia contra la mujer en todas sus manifestaciones, pero el tema es más amplio e incluye el valor de la vida. Según el Ministerio de Salud (crhoy.com 1 mayo 2018) las mujeres sufren más todos los tipos de violencia en comparación con los hombres: patrimonial, sexual, psicológica y física.

Ante los datos anteriores es evidente que todos debemos trabajar por la protección de la mujer, por el acompañamiento y por la denuncia cuando se conocen casos que requieren protección inmediata. Sin embargo, en mi reflexión quisiera ir más allá de la violencia contra la mujer. Estoy pensando en los 400 adultos mayores que han sido abandonados en hospitales públicos y otros lugares porque las familias ya no quieren hacerse cargo de ellos. Pienso en las 200 mil personas que aproximadamente están sin empleo. Pienso en el bullying que está complicando la vida de niños y jóvenes que quisieran estudiar en paz. También pienso en la injusticia o acoso laboral con tantos casos documentados, en la corrupción que aqueja cada vez más instituciones del país, en la alta cantidad de homicidios que tenemos, aunque sucedan entre pandillas, son vidas humanas…en la violencia que se palpa al manejar en las calles. ¿No deberíamos entonces decretar emergencia nacional por una sociedad cada vez mas enferma y sin valores?

¿Qué sociedad vamos a heredar a los niños? Todos quisiéramos que las futuras generaciones tengan paz, que tengan una sociedad donde las personas puedan desarrollarse sin temer por su vida, donde no se descarten los seres humanos porque envejecen o enferman. Cada uno de nosotros que envejezca o enferme podría hoy ser apartado como estorbo, pero no creemos que eso nos pase a nosotros cuando lo hacemos a los demás. 

Debemos despertar de forma urgente, en emergencia nacional. Nuestra sociedad tiene signos claros de enfermedad. Cuando alguien muestra fiebre, tos y dolor de garganta sabemos de inmediato que tiene gripe. Creo que debemos aplicar esta lógica con nuestra sociedad. Si vemos que la violencia aumenta en todo nivel, que se descartan los seres humanos como si fueran nada, que no se aprecia la vida y que ya no se puede vivir tranquilo, no se necesita ser un genio para obtener la conclusión. 

Como Iglesia podemos aportar mucho para cambiar el presente y el futuro. Lo primero que debemos hacer es romper la indiferencia que nos dice: “como eso no me pasa a mi o a mi familia entonces no me importa”. Tenemos que involucrarnos, no solo tenemos que orar, hay que actuar, hay que ayudar, sembrar valores, proteger a los más débiles, ayudar a los que necesitan como si fueran hermanos de sangre, rescatar a nuestros jóvenes, luchar por las familias, llevar fe y luz al mundo. Si seguimos indiferentes, tarde o temprano también el cáncer de la sociedad nos alcanzará a nosotros. Ojalá podamos unirnos y luchar por esta causa con la ayuda de Dios, recordemos lo que el ángel Gabriel dijo a María Santísima “para Dios nada hay imposible” (Lc 1.37) 

Junta Proteccion Anuncio