“El compromiso implica tiempo de rodillas”

  • Pbro. Rolando Gutiérrez, Congregación de la Misión

Ma. Estela Monterrosa S.

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El Padre Rolando es un hombre joven, activo y apasionado por la misión, por las letras, los idiomas y hasta la física. Es oriundo de Atenas, de una familia sencilla y trabajadora. 

Su vocación al sacerdocio surgió en plena adolescencia, a pesar de que había tenido formación en grupos no católicos. “Cuando estaba en el colegio tuve inquietudes sobre la fe. Leí una meditación metafísica de Descartes que no entendí mucho, pero el tema de la Trinidad me llamó la atención”, recordó.

Tiempo después participó en un encuentro organizado por laicos vicentinos, ese fue su primer acercamiento a la Iglesia Católica y este carisma. “Cuando estaba en el último año de colegio ya había tenido experiencias misioneras que me permitieron sentir mi inclinación a servir en la misión. Así que, al salir del colegio, aunque tenía opciones académicas importantes, ingresé al seminario vicentino, en el 2007”, comentó.

A la pregunta ¿qué le fortalece en su ministerio? Contesta con seguridad: “La oración, la lectura diaria de la Palabra, los escritos de mi fundador, la comunidad en la que he encontrado verdaderos hermanos y el pueblo de Dios, los pobres principalmente”.

Caló el testimonio 

El testimonio de misioneros vicentinos como los estadounidenses John Kennedy y Arturo Kolinsky, y el Pbro. William Benavides, le mostraron a aquel muchacho un concepto de Iglesia y sacerdocio que no conocía y lo impulsaron a ser misionero.

Durante su formación en el seminario, casi 10 años, tuvo lugar un continuo proceso de conversión en su vida.  “Ese tiempo me permitió purificar el sentido de iglesia, entender que el compromiso con los más necesitados implica el tiempo de rodillas y el misterio de Dios. Los necesitados antes que solo un plato de comida, esperan el anuncio de Jesucristo. Con el anuncio debemos trabajar en la promoción humana”. 

En esa época también conoció personas que le influenciaron y le hicieron ver la paz y la felicidad de la vocación.

En la misión, Rolando ha tenido diversas experiencias. Entre las que más le han marcado, recordó su servicio en República Dominicana tras el terremoto en Haití. “Ahí puede experimentar el dolor, la miseria, el pasar hambre porque la pasé con ellos, pero fui muy feliz. Marcó un antes y un después en mi vida”.

Otro lugar significativo es Talamanca, donde los vicentinos tienen ya varias décadas. “He conocido grandes misioneros ahí. En Talamanca encontré a Jesús, aprendí a darle vuelta a la medalla, aprendí que no se puede comparar el sacrificio de caminar cinco o diez horas en la montaña al gozo de compartir yo -que tengo grandes pecados- el sacerdocio de Cristo, no hay comparación”.

Desde hace seis años se encarga de la Pastoral Vocacional de su congregación en el país donde se ha topado con el desafío de unir vocación y misión. “Nuestra vocación es el llamado de Dios a seguir a Cristo, evangelizador de los pobres, y eso no puede escucharse ni entenderse mejor que en la misión, ahí es donde podemos ver los signos de que Dios sigue seduciendo los corazones para entregarse a la obra que Él mismo quiso iniciar y que quiere continuar a través de nuestras manos”, afirmó. 

El fruto de este trabajo ha sido satisfactorio para él, pues actualmente hay once seminaristas.

Otras facetas

Otra de las pasiones de este sacerdote es escribir, actualmente trabaja en su primer libro que trata sobre Teología Vocacional y Vicentinismismo y tiene otra obra en proceso sobre la historia de la Congregación de la Misión en el país. Además, en Eco Católico dio sus primeros pasos en comunicación y ahora escribe para una comisión internacional de comunicación y vocaciones, que depende de la curia general.

Este joven sacerdote, que aún no llega a los 30 años, habla francés, portugués, italiano, “un poco” alemán, “algo de griego” y de latín por lo que también se desempeña como traductor. “También tengo gusto por la física, pero lo que he tenido que dejar por el tiempo”, afirmó.

Todos esos dones los ha puesto al servicio de la Iglesia. “En mi vida he visto como la Divina Providencia ha configurado muchas cosas que sueltas parecen no tener punto de unión, pero Dios me permitió conjugarlas, es la capacidad de poner los dones al servicio, sabiendo que ‘Dios no se contradice’”.

De cara al futuro, el Padre Rolando afirma que su expectativa es ir tomando las opciones que su congregación le presente para configurar su vida con Cristo evangelizando los pobres. “Mi atención está en pensar en las necesidades de la comunidad y responder desde ellas”.

¿Quiénes son las personas que más admira?, preguntamos. “A Cristo, a San Vicente de Paúl -mi fundador-, San Justino Jacobis, Pbro. Pedro Opeca CM, a mis papás porque son luchadores y a mis hermanos, admiro a un montón de gente que conozco en sus luchas y que me han evangelizado con su fe y a los seminaristas vicentinos”. 

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