Imprimir

Creciente conciencia ecológica

Hace unos días se realizó en nuestro país la entrega de los galardones Bandera Azul Ecológica, que distingue a instituciones, empresas y organizaciones por adoptar una serie de medidas para conservar el ambiente y promover el cuido de la naturaleza.

Animado por la publicación de la encíclica Laudato si´ del Papa Francisco en el 2015, el Programa Bandera Azul Ecológica creó la categoría eclesial, dentro de la cual un grupo de parroquias y grupos de Iglesia inició el camino de la conversión ecológica.

Como resultado de este esfuerzo, varias comunidades han sido reconocidas, las últimas de ellas con calificación perfecta: la Parroquia Inmaculada de Heredia y la Parroquia San Antonio de Padua de Coronado, cuyos esfuerzos sostenidos en el tiempo han contado con el apoyo de la feligresía y están consolidando una nueva cultura ecológica nutrida por la fe.

Dicha cultura, siguiendo el programa trazado por el mismo Papa Francisco, está llamada a colocar siempre a la persona humana en el centro de las acciones a favor del planeta, nuestra casa común. 

No se trata pues, del ecologismo desencarnado y deshumanizado tan común en ciertas Organizaciones no Gubernamentales dedicadas al tema, sino de una integración real de la persona en su entorno, bajo principios como la justicia social, el bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, que propicien y alienten su desarrollo integral.

La crisis ecológica en la que hemos metido al planeta tiene un origen humano, y su solución, antes que sea demasiado tarde, no puede dejar por fuera a las personas. Pero para que este cambio sea verdadero, tiene necesariamente que iniciar en el corazón, en la mente y la conciencia, ámbitos en los cuales la fe y la vida espiritual son determinantes.

Bajo esta perspectiva, las parroquias han perseverado en el esfuerzo y muchas de ellas lo han logrado como signo de su compromiso, que se traduce en beneficios concretos para el ambiente como el uso racional del agua y la electricidad, los esfuerzos de recuperación y reciclaje de desechos, la educación ambiental, la solidaridad y la promoción humana entre otros.

La parroquia se convierte así en un foco comunal de desarrollo integral, de conservación ambiental, formación, articulación y multiplicación de esfuerzos que parten de las mismas familias que conforman los comités de trabajo.

Hemos conocido de jornadas de limpieza de ríos, de plantas de acopio y reciclaje, de jornadas de formación, de fiestas patronales ecológicas, de eliminación de plásticos de un solo uso, de limpieza de playas, de la utilización de fuentes de energías alternativas, de nuevos ejes catequéticos y enfoques pastorales novedosos sobre la creación, todo para responder a la responsabilidad de construir juntos un mejor lugar para vivir.

Se trata de una labor evangélica auténtica, que involucra desde la perspectiva de la fe, la vivencia de valores cristianos fundamentales, comenzando por la consideración con el hermano que sufre las consecuencias del despilfarro de recursos y la contaminación, tantas veces verificado en desastres naturales, pérdidas materiales y humanas.

Afirma el Papa Francisco en su encíclica ambiental: “Si tenemos en cuenta la complejidad de la crisis ecológica y sus múltiples causas, deberíamos reconocer que las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad.” (LS, 63)

Desde esta perspectiva, esfuerzos integradores como el Programa Bandera Azul vienen a dar un impulso a la acción y al compromiso ambiental eclesial. 

No podemos dejar de señalar el impacto positivo y el potencial que para esta nueva misión de la Iglesia suponen los jóvenes, quienes están siendo formados bajo nuevas coordinadas ecológicas y de conservación. Es necesario involucrarlos, escucharlos y darles poder de acción y decisión en este campo.

Lo ideal es que de esfuerzos en solitario, pasemos a toda una pastoral de la ecología, donde como Iglesia avancemos de modo sistemático hacia la transformación de patrones poco amigables con la naturaleza como signo del Reino de Dios, del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y de la vida en abundancia que nos vino a traer.

Junta Proteccion Anuncio