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“Los inmigrantes NO son una tragedia para el país”

  • Pbro. Edwin Aguiluz Milla, Secretario de Pastoral Social-Cáritas Nacional

Desmontar los mitos que se han tejido alrededor de la población migrante nicaragüense en nuestro país, es el primer paso para luchar contra la xenofobia y cumplir con la exigencia evangélica de proteger, acoger e integrar a estos hermanos que hoy necesitan nuestra ayuda. “No son una tragedia para el país”, afirma con datos el Pbro. Edwin Aguiluz Milla, secretario ejecutivo de Pastoral Social-Caritas.

Laura Ávila Chacón
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De acuerdo con los datos que manejan los equipos diocesanos de Pastoral Social y las cifras oficiales, ¿Cuál es la dimensión real de la ola migratoria nicaragüense?

Ha habido un flujo grande. Tenemos indicadores cualitativos que lo demuestran, específicamente en los días más intensos de la crisis, que fue en los últimos tres meses. Fue muy notorio que gran cantidad de familias nicaragüenses llegaron al país, y en algunas comunidades señalaron que su presencia era notoria como en tiempos de las cosechas de café. El momento más crítico ya pasó, mientras no recrudezca la violencia en Nicaragua. En aquel momento efectivamente hubo una llegada importante de personas que fueron acogidos por una red, la más natural, que es la de sus familiares y amigos en sus hogares, de estratos sociales ricos, de clase media y sectores más populares. Seguimos en alerta por el crecimiento del flujo, que es constante pero no masivo, a raíz de la crisis socioeconómica que se deriva de la crisis política y que va a terminar generando impactos muy preocupantes en la economía de ese país y por lo tanto generará desempleo y caída de inversión. Por ejemplo, en algún momento el sector nicaragüense de la empresa privada habló de pérdidas de 250 mil empleos, entonces obviamente eso podría redundar en un incremento de la población inmigrante hacia Costa Rica. 

¿Qué representa ese flujo migratorio para la economía del país? 

Yo creo que hay que visibilizar que la población migrante no es una tragedia para el país, al contrario, la población nicaragüense supone un gran aporte imprescindible. Lo que se estima en términos del Producto Interno Bruto (PIB), es que la población inmigrante Nicaraguense aporta cerca del 12% del PIB, si eso de repente desapareciera, tendríamos un impacto, una verdadera crisis económica. No es cierto que son una carga, al contrario son una necesidad pues aportan en varios rubros. En ese sentido el país debería estar agradecido con su presencia. 

¿En qué otros rubros aportan los nicaragüenses al país? 

El primero es la agricultura. Hablamos de la corta de la piña, la caña de azúcar y el banano, así como en las cogidas del café, es decir en toda nuestra agricultura hay presencia importante de esta población, tanto de la que reside en el país, como a la que se le permite entrar en temporadas de cosecha. También en el sector de construcción están aportando. Otro muy importante, pero que es difícil cuantificar, es la seguridad privada. El incremento en la seguridad privada tiene que ver con el déficit de atención en esa área por parte del Estado, entonces hay una gran cantidad de vigilancia en los barrios en manos de nicaragüenses. Lamentablemente muchísimos de ellos son mal pagados y están en condiciones indignas de trabajo, sin armas y sin capacitación. Luego está el servicio doméstico, esto permite que muchas instituciones y familias puedan trabajar pagándole a alguien para que le haga los servicios domésticos, porque ellos no tienen tiempo y además cuidan a los adultos mayores y otros. Esto es un aporte importante al país. 

¿Podría hablarse de mitos alrededor de la población nicaragüense?

Hay muchos mitos alrededor de esta población. Entre ellos, por ejemplo que vienen a saturar los servicios de la Caja Costarricense del Seguro Social. Lo primero que hay que decir es que nosotros sí tenemos cerca 300 mil inmigrantes nicaragüenses en situación regular, es mentira que son un millón, nunca ha habido un millón de nicaragüenses. Por la Ley de Migración, toda persona extranjera para tener su residencia en el país debe contar con un seguro y hay que tener en cuenta que gran parte de la población inmigrante es de mediana edad y en edad productiva, por lo tanto es población joven o de media edad que no está demandando muchos servicios de la Caja Costarricense y sin embargo están cotizando. Esto es una inyección de dinero que le entra a la Caja. 

¿Hay datos que lo respalden?

Los datos sugieren que la mayoría de migrantes contribuyen al seguro de salud y su incidencia es casi siempre menor que su proporción en relación a la población nacional. Por ejemplo, solo un 3% de las atenciones urgentes son para nicaragüense no asegurados, este porcentaje es mucho menor que el de nacionales no asegurados, que es aproximadamente un 11%. Además, hay mujeres embarazadas nicaragüenses que dan a luz, bendito Dios porque a un país con un invierno demográfico como el nuestro, nos está aportando un 0.2% a la tasa de natalidad, no es mucho, pero es algo. Como Iglesia tenemos la responsabilidad de desmotar mitos que generan xenofobia y tenemos el deber de mostrar las bondades de la población migrante que nos enriquece en muchas cosas. Ello sin caer en la ingenuidad de que no deja de haber complejidad en la situación.

¿Afecta la población migrante la criminalidad del país?

El OIJ ha sido justo y ha aclarado que no podríamos decir que la población nicaragüense esté afectando la criminalidad del país, la cifra es mínima en delincuencia. Hay casos, pero son proporcionales a la población, no es que son todos, y los que hemos vivido en barrios con presencia nicaragüense sabemos que son gente educadísima, capaz de convivir con otros. Un problema grande es la maximización que hacen algunos medios de comunicación de los delitos cometidos por algunos nicaragüenses. Esto va generando la percepción de que vienen a cometer crímenes y estos son mitos que se deben ir desmontando. La mayor parte de la fuerza nicaragüense en nuestro país está ocupada, algunos trabajan en la informalidad, pero eso no es un problema de inmigración, sino nuestro como país aunado a que hay muchas personas inescrupulosas que se aprovechan de su vulnerabilidad para explotarlos y abusar de sus derechos, por eso nosotros en la Pastoral Social-Caritas tenemos un servicio de asesoría legal y migratoria, que es consultado por personas inmigrantes, porque muchos están en situación de explotación laboral.

¿Qué opinión le merece la respuesta del gobierno, las autoridades policiales y migratorias ante la inmigración nicaragüense?

Comenzaría diciendo que como país tenemos una legislación migratoria que puede ser mejorada, pero normalmente responde a una visión positiva. Yo tengo la impresión de que el gobierno no está haciendo un mal trabajo, no es fácil controlar el ingreso de personas por puntos ciegos de la frontera. La oficina de migración frente a esta crisis tramitológica logró ir respondiendo a las solicitudes de refugio. Hoy ha crecido la conciencia de atender los flujos migratorios, es decir, que también hay principios humanitarios como país y eso lo vimos con la llegada de migrantes cubanos, haitianos y extracontinentales.

¿Qué hace la Iglesia para atender a estos hermanos?

La Iglesia cuenta con una Pastoral de Movilidad Humana. Recientemente se ha creado una red llamada Clamor, promovida desde el CELAM, que es internacional y en cada país hay una local. Ahí están las diócesis y organizaciones católicas que trabajan el tema. Gracias a Dios, tenemos en Costa Rica una pequeña red eclesial de atención a personas migrantes. Entre ellas están congregaciones religiosas y parroquias, muchas de las cuales ha estado brindando asistencia alimentaria, medicina y atención médica. Además, se han abierto albergues, tres de ellos en la Diócesis de Tilarán Liberia, las Hermanas de la Caridad de Santa Ana han apoyado con dos albergues y también en Ciudad Quesada hay dos centros transitorios. 

¿A qué atribuye las reacciones violentas y xenofóbicas contra los migrantes en nuestro país? ¿Tienen algún antecedente en la historia nacional?

Algo como esto no se había visto. Sin embargo, hay un caldo de cultivo y es que ciertamente hay una parte, no sabemos cuanta de la población, que si tiene una visión xenofóbica respecto a la inmigración, en especial a la nicaragüense, eso no lo podemos negar. Hubo cuatro páginas anónimas de Facebook que estuvieron caldeando los ánimos, que llegaron a tener 64 mil entradas y lo que uno nota en muchos comentarios relacionados con este tema en los medios digitales es que son mayoritariamente xenofóbicos. Todos estos son indicadores que nos dicen que hay algo que está generando violencia en el país y que si no lo afrontamos con claridad y valentía se nos va a escapar de las manos. Antes de esta campaña xenofóbica, la gente no estaba reaccionando mal frente a la  crisis migratoria, más bien había un sentimiento de solidaridad hacia la población nicaragüense que estaba teniendo que huir por la represión a la que estaba siendo sometida. También muestra lo peligroso que pueden ser las redes para generar movimientos repentinos de carácter violento en el país, en este y otros temas. 

¿Siente que hay algún interés de grupos en fomentar este tipo de expresiones de odio?

Se han identificado algunos grupos vinculados a ellos con símbolos neonazis, grupos de barras violentas futbolísticas y no faltarán personas con antecedentes delictivos. No parece ser que responda a un movimiento de alto nivel en el pensamiento, sino más bien son grupos en los que predomina mucha ignorancia sobre el tema, no tienen una visión crítica respecto a la información que les llega  y la forma en la que pueden ser manipulados.

Ante esta realidad, ¿Cómo debemos responder los cristianos?

La Iglesia no puede funcionar como funciona el resto de la sociedad. La Iglesia en primer lugar tiene un mandato de Jesucristo, cuando él se identifica con el inmigrante, cuando dice “fui forastero y me acogieron”, tenemos el mandato de acoger al inmigrante. El tema de los inmigrantes y de la acogida a ellos va en la línea de proteger, promover e integrar al hermano. Como cristianos  no podemos tener fronteras, además una buena parte de ellos son fieles católicos. Debemos sensibilizar a la población católica. Esto por cuanto la población católica es influida por ese gran ambiente xenofóbico, pero nosotros no podemos funcionar de la misma manera, no es posible que hoy actuemos así.

 

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