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Más que asistencialismo, hay que salvar indigentes

Escrito por Super User el . Publicado en Iglesia hoy

Club de Paz varía hacia un nuevo enfoque de atención

Danny Solano Gómez
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Personas que exigen tenis o ropa de marca; que han agredido a funcionarios y ante la petición de disciplina hasta dicen frases como: “De por sí, hoy me sobra ayuda”. 
Estas son situaciones que enfrenta desde hace meses la Asociación Misionera Club de Paz, la cual brinda atención a personas en situación de calle y que ha decidido implementar desde noviembre de 2017 el Sistema Integral de Control y Ayuda al Indigente (SICAI). 

Con este modelo se pretende obtener un mayor compromiso de los beneficiarios respecto a buscar un cambio en sus vidas y no ser solo una institución asistencialista como otras.
La Asociación manera cifras de que se reparten 13.000 platos de comida en San José para únicamente 1.800 indigentes, por lo tanto, la pregunta es: ¿A quién están alimentando? Según sus estudios, calculan que un indigente podría desayunar hasta 10 veces o almorzar hasta 17 veces en un día.

La Asociación reconoce que “producto de los pocos o nulos controles que hay en la atención que damos, y el uso de los servicios por parte de esta población, estamos siendo cómplices de mantener una forma de vida para algunos, o bien premiar a algunos delincuentes que se escudan en la indigencia y la ayuda que damos realmente se pierde”.
Según informan, actualmente, “como nunca antes y gracias a Dios”, la población indigente recibe múltiples ayudas de manera institucional e incluso por parte de individuos, grupos y familias. Pero, a raíz de esto, afirman se ha creado una necesidad de los propios indigentes de obtener objetos materiales “por encima del fin último que es su recuperación y reinserción en la sociedad”.
“No queremos más condenarlos con el asistencialismo, paternalismo y evasión de su dura realidad a una nueva adicción: La de esperar y recibir ayudas sin el mínimo esfuerzo y seguir siendo indigentes condenados a la pobreza y marginalidad; sin darles la oportunidad de ser ellos mismos y salir de la indigencia, porque no nacieron para vivir así”, expone un comunicado de la Asociación.

Club de Paz pone como ejemplo ciertas jornadas de ayuda a los indigentes donde, por ejemplo, se les regala una cobija o un edredón para que se abriguen, pero más tarde los van a vender a 200 o 500 colones para consumir drogas o alcohol.
También han notado que hay quienes ni siquiera son indigentes pero van a recibir asistencia, incluso hablan de familias enteras que llegan a estas actividades a aprovecharse de la buena voluntad de otros.

“Hemos podido comprobar que, después de jornadas y campañas masivas, la población indigente que se atiende es la misma que asiste a nuestras obras sociales, y siguen en el círculo de la dependencia. Solo que ahora están fotografiados para ser utilizados como trofeos”, afirma la Asociación.

El SICAI

Básicamente lo que se busca con el SICAI es implementar controlar y tejer una red de apoyo para no duplicar ayudas que derivan en un mero asistencialismo y dependencia, “que en un alto grado se convierte en alcahuetería, y hace que surjan más indigentes”, según afirma el Club de Paz. Así, el beneficiario brinda sus datos personales, se le explica que se monitoreará la ayuda que reciba y se compromete a asistir a la formación y terapias educativas del proceso de recuperación.

De esta forma, los usuarios tienen la oportunidad de participar de grupos de Alcohólicos y Neuróticos Anónimos, foros de cine, charlas, oraciones, entre otros.
No obstante, se busca que siempre prevalezca el principio de ayuda y solidaridad, así que aun cuando una persona no quiera recibir las charlas se le brindará ayuda si lo necesita y se le invitará a formar parte del SICAI. 

Actualmente, la red de apoyo está constituida por el Club de Paz, Dormitorio Municipal, Dormitorio Any y William y el Centro de Internamiento Beraka.
“Son muchos años de brindar ayuda meramente asistencial y hemos sido cómplices de perpetuar a muchos de estos hombres y mujeres a una vida donde permanecen esclavos de la adicción, por falta de un mayor compromiso de nuestra parte por darles la debida formación y las exigencias amorosas de quien les desea lo mejor, y con ello hacerles ver que la ayuda que se les brinda les permite, con su esfuerzo, voluntad y la debida formación, dar ese cambio en sus vidas”, concluye la Asociación Misionera.

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