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Jesús, el pan de vida

Escrito por Eco Católico el . Publicado en Lectio Divina

Oración inicial

Señor Jesús, tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

El Texto: Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste acá?” Jesús les contestó: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.

Ellos le dijeron: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?” Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”. Entonces la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”.

Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

Palabra del Señor.

Un momento de silencio:

Para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.

Algunas preguntas:

1. La gente tenía hambre, comió el pan y buscó más pan. Buscó el milagro y no la señal de Dios que en el milagro se escondía. ¿Qué es lo que más busco en mi vida: el milagro o la señal?

2. Hambre de pan, hambre de Dios. ¿Cuál de las dos predomina en mí?

3. Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”. El sacia el hambre y la sed. ¿Qué experiencia tengo de esto?

4. Por un momento, haz silencio dentro de ti y pregúntate: “Creer en Jesús, ¿qué significa para mí, concretamente en mi vida de cada día?”

Oración final

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir cuanto tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros, como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar sino practicar la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Comer y compartir el pan de la vida

Escrito por Super User el . Publicado en Lectio Divina

Oración inicial

Padre nuestro que estás en los cielos y nos has entregado a tu Hijo predilecto, envíanos tu Espíritu, para que podamos comer y gustar lo que nos das. Danos hoy el pan cotidiano del cuerpo y del espíritu y haz que susciten en nosotros el hambre y la sed de Ti, de tu palabra y de tu banquete, en el que nos saciarás de tu presencia, de tu amor y de tu shalom (paz), en la alegría de los hermanos que nos das hoy, para que compartamos con ellos el pan material y espiritual. 
Amén.

Lectura Bíblica
Lectura del santo Evangelio según San Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto las señales milagrosas que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?” Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?” Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.
Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”. Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.
Entonces la gente, al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, decía: “Este es, en verdad, el profeta que había de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.
Palabra del Señor.

Momento de silencio

Para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.

Algunas preguntas

a) El muchacho de la narración evangélica se fía de Jesús, aún cuando él no había prometido nada. Nosotros, ¿haremos lo mismo?
b) “Nada es imposible para Dios”: ni convertir los corazones más duros, ni cambiar el mal en instrumento de bien... Dios colma toda desproporción entre él y nosotros. ¿Creo, incluso, cuando todo parece que está en contra?
c) El pan material que nos es dado por Dios nos recuerda lo que debemos compartir con tantos hombres y mujeres que sobre la tierra están faltos de recursos y que luchan desesperadamente por un trozo de pan. Cuando rezamos “danos hoy nuestro pan cotidiano”, ¿dirigimos un pensamiento a aquellos a quienes les falta este pan y tratamos de ir a su encuentro?
d) El hambre física y el pan material nos recuerdan también el “hambre de Dios” y el banquete escatológico. Cuando durante la celebración eucarística aclamamos “...¡Ven Señor Jesús!”, ¿estamos realmente a la espera de la vuelta gloriosa de Aquel que nos ama y que desde ahora lo prevé todo para nosotros?

Oración final

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir cuanto tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros, como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar sino practicar la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.