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Jueves, 18 Julio 2024
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Mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Con respecto al Reglamento Sanitario Internacional, que es un instrumento legalmente vinculante, que cubre medidas para prevenir la propagación internacional de enfermedades infecciosas, aprobado por la 58.ª Asamblea Mundial de la Salud en el año 2005, y aprobado en el ordenamiento jurídico costarricense, mediante el Decreto Ejecutivo para la Oficialización del Reglamento Sanitario Internacional, Número 34038,

LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA MANIFIESTA:

  1. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estado trabajando en los últimos años en un primer acuerdo global sobre posibles pandemias.
  2. El Órgano de Negociación Internacional de la OMS ha revisado muchas versiones del acuerdo de salud para crear un plan de acción global para cualquier potencial emergencia sanitaria.
  3. Comprendemos que para resolver los conflictos que surgen entre las diversas comunidades políticas y que comprometen la estabilidad de las Naciones y la seguridad internacional, es indispensable pactar sobre reglas comunes derivadas del diálogo.
  4. La condición central del ser humano y su natural tendencia, así como la de los pueblos, de estrechar relaciones entre sí, es un elemento fundamental para construir una verdadera comunidad Internacional, cuya organización debe orientarse siempre al bien común universal.
  5. En Costa Rica, algunos expertos se oponen, a la Propuesta de Acuerdo de la OMS sobre Pandemias, pues consideran que se fortalecería la autoridad de la OMS sobre Costa Rica, por la sola presencia de un «patógeno con potencial pandémico», lo que infringiría los derechos constitucionales de los costarricenses y se violaría la soberanía de nuestro país.
  6. Que nuestra Constitución Política literalmente indica: ARTÍCULO 2º.- La Soberanía reside exclusivamente en la Nación. ARTÍCULO 3º.- Nadie puede arrogarse la soberanía; el que lo hiciere cometerá el delito de traición a la Patria.
  7. Que la propia Carta de Naciones Unidas indica en su artículo segundo que dicha Organización “está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus Miembros.”
  8. Que, en el número 157 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre los Derechos de los pueblos y de las Naciones leemos: “El Magisterio recuerda que el derecho internacional «se basa sobre el principio del igual respeto, por parte de los Estados, del derecho a la autodeterminación de cada pueblo y de su libre cooperación en vista del bien común superior de la humanidad.”

“Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas,

pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa”. Rut, 3, 11

 

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, manifestamos nuestro profundo afecto, respeto y admiración hacia todas las mujeres. Nos inspira la Sagrada Escritura, especialmente en el libro de Rut, cuyas protagonistas son unas mujeres extraordinarias que decidieron ser solidarias, entre ellas, después de haber quedado viudas.

Cristo reconoció siempre la dignidad de las mujeres, su servicio y entrega, y las hizo partícipes de su plan de salvación: su encuentro con la mujer samaritana, a quien revela su condición mesiánica (Jn 4: 4-42); llama “hija” y reconoce la fe de la mujer enferma que toca su manto y queda curada de inmediato (Mc 5: 25-34); con Marta de Betania, a quien interroga y obtiene de ella una respuesta de fe y su reconocimiento como Hijo de Dios (Jn 11: 20-27); es a una mujer, María de Magdala, a quien se aparece y habla una vez Resucitado (Jn 20: 1-18).

Cristo, nos recuerda San Juan Pablo II, “fue ante sus contemporáneos el promotor de la verdadera dignidad de la mujer y de la vocación correspondiente a esta dignidad” (Mulieris Dignitatem n° 12). Señala también que, en virtud de su vinculación con la Santísima Virgen, la mujer ha representado “la cercanía de Dios a las expectativas de bondad y ternura de la humanidad herida por el odio y el pecado, sembrando, en el mundo, las semillas de una civilización que sabe responder a la violencia con el amor” (Audiencia general, miércoles 6 de diciembre de 1995). Y el Concilio Vaticano II, en su mensaje a las mujeres señaló: “en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres, llenas del espíritu del Evangelio, pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga” (Mensaje del Concilio a las mujeres. 8 de diciembre de 1965).

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