

De pequeño iba a coger café y a jugar en el campo. Pero cuando era adolescente, comenzó a notar a unos frailes franciscanos, le llamaba la atención la manera cómo vivían, sobre todo la fraternidad que tenían entre sí.
Tras finalizar sus estudios universitarios, siguieron escuchando el llamado del Señor y tomaron una decisión crucial. “Él quería proponerme una felicidad que definitivamente era mayor”, dice uno de ellos.