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Viernes, 09 Octubre 2026
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Sayal y ceniza

By Pbro. Mario Montes M. Animación bíblica, Cenacat. Octubre 09, 2026

El sayal o cilicio y las cenizas se usaron en los tiempos del Antiguo Testamento, como un símbolo de la degradación, el duelo y/o el arrepentimiento. Alguien que deseaba mostrar un corazón arrepentido, a menudo se vestía de cilicio, se sentaba sobre cenizas, y se ponía cenizas en la parte superior de su cabeza. El cilicio era un material áspero generalmente hecho de pelo de cabra negra, haciéndolo algo bastante incómodo de llevar. Las cenizas significaban desolación y ruina.

Cuando alguien moría, el acto de ponerse cilicio mostraba un profundo dolor por la pérdida de esa persona. Vemos un ejemplo de esto cuando David lloró la muerte de Abner, el comandante del ejército de Saúl (2 Sam 3,31). Jacob también demostró su tristeza y dolor al ponerse un sayal cuando pensó que su hijo José había muerto (Gén 37, 34). Estos gestos de luto por los muertos hablan del saco o cilicio, pero no de cenizas.

Las cenizas complementaban el cilicio en tiempos de desastre nacional o de arrepentimiento por el pecado. El pasaje de Est 4,1, por ejemplo, describe a Mardoqueo rasgando sus vestiduras, poniéndose un sayal y saliendo por la ciudad "dando gritos de amargura". Esta fue la reacción de Mardoqueo ante la declaración del rey Asuero, por darle la autoridad al malvado Amán para destruir a los judíos (ver Est 3, 8-15). Mardoqueo no era el único que lloraba. "En cada provincia, a medida que iba llegando la orden del rey y su decreto, había un gran duelo entre los judíos, con ayunos, lágrimas y lamentaciones. Y el sayal y la ceniza sirvieron de lecho para muchos” (Est 4,3). Ante esta devastadora noticia, los judíos respondieron con cilicio y cenizas, mostrando su intenso dolor y angustia.

El cilicio y las cenizas también se usaron como una señal pública de arrepentimiento y humillación ante Dios. Cuando Jonás anunció al pueblo de Nínive, que Dios iba a destruirlos por su maldad, todos, desde el rey hasta el menor de los ciudadanos,  respondieron con arrepentimiento, ayuno, cilicio y cenizas (Jon 3, 5-7). También cubrieron de cilicio a sus animales (v. 8). Su razonamiento era el siguiente: “Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos" (v 9).

Esto es interesante porque la Biblia no dice que el mensaje de Jonás incluyó alguna mención de la misericordia de Dios, aunque la misericordia fue lo que recibieron. Es claro que cuando los ninivitas se cubrieron de cilicio y cenizas, no lo hicieron como un espectáculo sin sentido. Dios vio un verdadero cambio, un cambio humilde de corazón representado por el cilicio y las cenizas, a lo cual Dios cedió y no llevó a cabo su plan para destruirlos (Jon 3, 10). Entre las personas que la Biblia menciona que se ceñían de cilicio, están el rey Ezequías (Is 37,1), Eliaquim (2 Rey 19,2), el rey Ajab (1 Rey 21,27), los ancianos de Jerusalén (Lam 2, 10), Daniel (Dan 9,3), y los dos testigos en el libro del Apocalipsis (Ap 11, 3).

Sencillamente, el cilicio y las cenizas se usaron como una señal externa de una condición interna. Este símbolo hacía que el cambio de corazón de una persona fuera visible y demostraba la sinceridad de su dolor o arrepentimiento. No fue el acto mismo de ceñirse de cilicio y ceniza lo que hacía que Dios interviniera, sino la humildad que esas acciones demostraban. El perdón de Dios en respuesta a un arrepentimiento genuino es celebrado por las palabras de David: "Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría" (Sal 30, 11). 

El sayal de San Francisco de Asís

Hoy la Iglesia celebra a San Francisco de Asís y este año estamos celebrando el Jubileo de su tránsito al cielo (su muerte), ocurrido hace 800 años. En sus pinturas, imágenes y cuadros, lo vemos con su hábito de color café o marrón, cuando en realidad era gris y en la ciudad de Asís aún se conserva su sayal. Si buscamos en algunos libros de historia, veremos que San Francisco de Asís vestía con un hábito que, en realidad, era un sayal.  El sayal en aquella época era la ropa de trabajo propia del labriego. Lo usaban las personas que trabajaban duramente en el campo, ya fuera en labores de agricultura o ganadería, con el fin de proteger sus propias ropas, pues para eso mismo había sido hecho.

Es muy significativo que San Francisco haya escogido el sayal como su hábito. Estamos hablando de ropas de trabajo pesado, y sabemos que San Francisco se dedicó a trabajar arduamente por los pobres, durante todos los años de su vida que consagró al servicio de Cristo. El sayal no era de tela fina. De hecho, era una prenda hecha con un tejido bastante tosco, porque lo que se buscaba era que fuera resistente al rudo trabajo del campo. No siempre era de color café, pero era de esperarse que, después de mucho tiempo de trabajo duro y exposición a la intemperie, terminara adoptando el color café. Entre nosotros, vendría a ser como el llamado “saco de gangoche”, hecho de tela de yute y que antiguamente no solamente servía como saco, sino también como cobija entre los campesinos más pobres. Su tela era muy tosca.

En aquel tiempo, llevar un cinturón era una imperiosa necesidad y en muchos casos hasta signo de prestigio. El cinturón permitía portar dinero, armas, herramientas, etc (ver Mt 10,9). Y claro está que los había de muchas calidades y materiales. En el caso del Pobre de Asís, escogió como cinturón una gruesa y ruda cuerda, algo que hacía que su voto de pobreza destacara mucho más. Se dice que él le hacía tres nudos a la cuerda. Muchos afirman que los tres nudos representan los tres votos del que se consagra a Dios: pobreza, castidad y obediencia. Algunos otros dicen que los hacía en atención a la Santísima Trinidad.

En nuestros días la orden franciscana está muy esparcida por el mundo, y son muchas las historias de pueblos y comunidades que han progresado mucho, tanto material como espiritualmente, gracias a la labor de los franciscanos. Ellos no solamente evangelizan, también procuran llevar el desarrollo a comunidades paupérrimas, donde tal vez ni siquiera hay servicios de agua potable o energía eléctrica. En la actualidad los franciscanos ya no usan sayales como hábitos. Aun así, siguen siendo pastores de almas, que trabajan incansablemente por sus rebaños. Muchos hombres y mujeres han pertenecido a esta orden mendicante y han dejado su legado como testimonio de una verdadera y auténtica evangelización.

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