Nuestra Iglesia, declarando la santidad heroica de no pocos de sus hijos, reconoce el poder del Espíritu Santo que actúa en los fieles que se abren a Él con total disponibilidad. De este modo, se nos recuerda que la Iglesia continúa “proponiéndonos” la vocación universal a la santidad, con la cual nos sentimos impulsados a la imitación de los Santos y a su intercesión por nosotros.
Para llegar a la… canonización, es decir, a proclamar la santidad de un fiel cristiano, hay que ir superando cuatro etapas.
- Cuando alguien, al morir, goza de suficiente “fama de santidad”, primero hay que dejar pasar al menos cinco años, para que el Obispo de la diócesis en cuyo territorio, haya fallecido, y en el que goza de “fama de santidad”, pueda aprobar que se introduzca el proceso de canonización.
Se da así comienzo a la búsqueda de todos los posibles documentos que traten de la vida y de las virtudes de la persona propuesta y escuchando, además, a los testigos que le hayan conocido, personalmente o de oídas. Desde entonces al investigado se le denomina “Siervo de Dios”.
Se trata de una etapa que, generalmente, que puede exigir mucho tiempo, ya que las mismas normas establecen que la documentación debe ser amplia y suficientemente justificada.
Una vez que se haya reunido toda la información necesaria, ésta es enviada al Vaticano, concretamente al Dicasterio para las Causas de los Santos.
- Una vez que los documentos llegan al Vaticano, un equipo de historiadores y de teólogos (al menos siete) van examinando toda la información, y lo hace cada uno “personalmente”, es decir, sin confrontar su opinión con los demás expertos.
Si el relator, o encargado de la Causa, autorizado por el mismo Dicasterio, recibe un juicio concorde (mejor, unánime) de parte de los expertos, acerca de la suficiencia y del posible progreso de la Causa, se dedica a preparar la que llaman Positio (propuesta) en que se presente, con suficiente amplitud, las razones y hechos para un posible juicio acerca de la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios. La Positio pasa entonces a la discusión de una Comisión de teólogos y expertos para poder concluir -si es el caso- con un juicio positivo. Si es así, en una reunión solemne de Cardenales, Obispos y miembros del Dicasterio para las Causas de los Santos, revisan y discuten la opinión ya presentada de parte de los expertos, tomando como referencia la misma Positio. Si ésta es aprobada, se pasa al Decreto del Papa, con el que se declara Venerable al Siervo de Dios. Desde este momento, cabe invocarlo y pedir su intercesión, también públicamente.
- La tercera etapa está dedicada al estudio de los posibles milagros obtenidos de Dios y atribuidos a la intercesión del Venerable Siervo de Dios, cuya santidad se está determinando. Se trata de una etapa que yo mismo he conocido de cerca y que es exigente. Consiste en escuchar el juicio de al menos siete doctores en medicina para poder establecer si los hechos en cuestión no pueden en absoluto ser explicados por causas naturales y si superan toda posible explicación científica. De ahí, sigue una nueva intervención de teólogos, con el fin de ver con toda claridad si el hecho considerado milagroso pueda y deba ser atribuido a la intervención del Venerable. Si es así, con el veredicto del Santo Padre se declara Beato y se establece la fecha de la celebración de su memoria (normalmente la que corresponde a su muerte).
- La cuarta etapa está dedicada completamente a examinar otros posibles milagros acontecidos después de que el Venerable haya sido declarado Beato. Las exigencias no son pocas. Este hecho da razón de que no pocas veces, transcurren años antes de que un Beato sea declarado Santo, si el milagro ha sido demostrado tal, un nuevo Decreto papal y con fórmula muy solemne, declara Santo al que era venerado sólo como Beato.
Como puede apreciar, estimada Ingrid, el camino es largo, exigente, pero a la vez edificante. Y lo es, particularmente porque se manifiesta en él la fe de la Iglesia, en tanto que si no hay lo que podemos llamar la firma de parte de Dios manifestada en los milagros, la Iglesia a nadie declara Beato o Santo. La última palabra, es de Dios que a través de su intervención milagrosa confirma el juicio de la Iglesia.

















