

“La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla.”
Gaudium et Spes, 16
La conciencia es el ámbito íntimo en el que cada persona reconoce su deber de hacer el bien y evitar el mal. No es una preferencia pasajera ni una autorización para actuar arbitrariamente: exige una búsqueda sincera de la verdad, una adecuada formación moral y la disposición de asumir responsablemente las consecuencias de las propias decisiones.
La Iglesia enseña que nadie debe ser obligado a actuar contra una conciencia rectamente formada. Al mismo tiempo, recuerda que toda persona tiene el deber de formar su conciencia a la luz de la verdad, la razón, la ley moral y el Evangelio. Un principio permanece firme: nunca es lícito realizar un mal para obtener un bien, evitar una dificultad o responder a una presión.
Por ello, cuando una persona considera que se le exige participar directamente en un acto gravemente contrario a la dignidad humana y a sus deberes morales, puede -y en determinados casos debe- invocar la objeción de conciencia. En este sentido, san Juan Pablo II enseña que el rechazo a participar en una injusticia constituye no solo un deber moral, sino también un derecho humano fundamental que debe ser protegido por la ley civil (cf. Evangelium vitae, 74). Esta consiste en negarse, de manera personal, pacífica, responsable y respetuosa, a realizar ese acto. No equivale a abandonar las responsabilidades profesionales ni a negar la dignidad de quienes tienen convicciones distintas; exige, por el contrario, buscar alternativas compatibles con el bien común y el respeto debido a todas las personas.
En este sentido, valoramos la resolución n.° 2026-031948 de la Sala Constitucional, que declaró inconstitucional prohibir de manera absoluta el ejercicio de la objeción de conciencia en las actividades clínicas y académicas de una especialidad médica. La decisión anuló actuaciones que habían rechazado la solicitud de una médica residente.
Saludo de la Conferencia Episcopal de Costa Rica a la Señora Presidente electa y a los diputados electos de la República
La Conferencia Episcopal de Costa Rica expresa su respetuosa felicitación a la señora Laura Fernández Delgado, Presidente electa de la República, así como a las señoras y señores diputados electos con ocasión del mandato que el pueblo costarricense les ha confiado mediante el ejercicio democrático.
Reconocemos, en este momento, no solo la culminación de un proceso electoral, sino el inicio de una tarea exigente y de gran responsabilidad: servir a toda la nación, en su diversidad de opiniones, sensibilidades y realidades sociales. Gobernar implica hoy, de manera particular, el desafío de unir al país, sanar divisiones y promover un clima de diálogo, respeto y búsqueda sincera del bien.
La Sagrada Escritura nos recuerda que “si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los constructores” (Sal 127,1). Por ello, como Iglesia, reafirmamos nuestra cercanía espiritual y nuestro compromiso de oración por la señora Presidente electa, las señoras y señores diputados electos y por quienes los acompañarán en esta misión.
Monseñor Mark Gerard Miles, nombrado por el Papa Francisco como nuevo Nuncio Apostólico en nuestro país, arribó la tarde de este lunes 2 de setiembre al aeropuerto internacional Juan Santamaría. Fue recibido por el encargado de negocios a.i. de la Nunciatura Apostólica Mons. Laurentio Dancuta, varios obispos del país y personal de la Cancillería de la República.
Al término de la Asamblea Ordinaria de los Obispos del país, celebrada esta semana, ha sido elegida una nueva Junta Directiva de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.
Monseñor Javier Román, obispo de Limón, fue elegido como Presidente, Monseñor Mario Enrique Quirós, obispo de Cartago, vicepresidente, Monseñor Bartolomé Burgués, obispo de Alajuela, Secretario General y Monseñor José Rafael Quirós, Arzobispo de San José como tesorero.
En conversación con el Eco Católico vía telefónica, Monseñor Javier Román agradeció a Dios permitir encontrarse con sus hermanos obispos para dialogar sobre la vida de la Iglesia en nuestro país.
"Han sido días en los que hemos orado pidiendo discernimiento y ayuda del Espíritu Santo por el bien de la fe de nuestro pueblo".
En efecto, explicó, "esta fue una asamblea electiva de la nueva Junta Directiva de la Conferencia Episcopal para los próximo tres años en la cual mis hermanos han querido que sea yo quien presida en este próximo periodo".