

«Procuremos lo que favorece la paz y lo que contribuye a la edificación mutua» (Rm 14, 19)
Después de haber peregrinado como santo pueblo fiel de Dios hasta el Santuario Nacional de Nuestra Señora de los Ángeles, y habiendo depositado en las manos de María, nuestra Madre, las alegrías, preocupaciones y sufrimientos de nuestro pueblo, como pastores, nos dirigimos con afecto y esperanza a los fieles y a todos los habitantes de nuestra Patria.
Al contemplar las innumerables peregrinaciones que llegan hasta la casa de la Negrita, descubrimos que nuestro pueblo sigue buscando a Dios, sigue anhelando la paz y continúa creyendo que es posible construir una Costa Rica más fraterna y solidaria. Tenemos el compromiso de acompañar esas búsquedas favoreciendo el encuentro con Cristo, único que puede dar respuesta a los anhelos del corazón humano.
Con inmensa alegría damos gracias a Dios porque ha querido bendecir a la Diócesis de Puntarenas con el nombramiento del nuevo obispo, Monseñor Elímar Gerardo Carvajal Durán. Este don del Señor fortalece la comunión eclesial y manifiesta su amor providente por su Pueblo, que nunca deja de ser acompañado por pastores según su corazón. Acogemos fraternalmente a Monseñor Elímar Gerardo en el seno de la Conferencia Episcopal de Costa Rica y elevamos nuestra oración para que el Espíritu Santo lo ilumine y sostenga en su ministerio episcopal.
“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental.” (Laudato Si´, 139)
Ante la realidad presente en Crucitas, distrito de Cutris de San Carlos, Zona Norte de nuestro país, deseamos ofrecer una palabra de orientación que brota de nuestra misión pastoral y de la Doctrina Social de la Iglesia, mirando al bien integral de la persona humana y de la creación.
Ante la cercanía de las elecciones nacionales del próximo primero de febrero, la Conferencia Episcopal de Costa Rica invita a los sacerdotes del país a "animar, la participación responsable y consciente de los fieles en este importante momento para la vida del país".
Así lo dio a conocer la institución eclesial en un mensaje este miércoles 14 de enero de 2026. En él, los obispos afirman que "el ejercicio del voto es una expresión concreta de responsabilidad ciudadana, un medio legítimo para buscar el bien común, expresión de una sólida y edificante democracia. El alto nivel de abstencionismo vivido en procesos anteriores nos interpela como sociedad y como Iglesia". "La Palabra de Dios nos recuerda que “a quien mucho se le dio, mucho se le exigirá (Lc 12,48)", apuntan.
“La participación en la vida política es un deber moral” (Compendio DSI, n. 189), que debe vivirse como un servicio a la justicia, la paz y la dignidad humana. Sin promover opciones partidarias, nuestra misión es ayudar a formar conciencias, iluminar desde el Evangelio y a despertar el compromiso cívico de los fieles", agrega la misiva.
Mensaje de los Obispos de la Conferencia Episcopal en la celebración del Buen Pastor, Jornada Mundial de oración por las vocaciones
Con ocasión de la celebración del Buen Pastor y, en ella, de la 62° Jornada de Oración por las vocaciones, como pastores del Pueblo de Dios que peregrina en Costa Rica, queremos dirigir una palabra de saludo y aliento a todas las comunidades de nuestras Diócesis.
El Señor renueva contantemente en su Iglesia la elección que hace de cada uno y nos llama a estar en actitud de salida «de nosotros mismos para emprender un camino de amor y de servicio»[1]. Testigo de ese dinamismo vocacional de la Iglesia, como comunidad de discípulos misioneros, ha sido, hasta el último de sus días, el Papa Francisco. También el proceso para la elección del nuevo Obispo de Roma que continuará la animación de la Iglesia.
La dimensión vocacional de la Iglesia, como camino de esperanza
En Cristo hemos sido «elegidos, antes de la creación del mundo… predestinados a ser sus hijos adoptivos» (Ef 1,4.5); hemos sido llamados, vocacionados, para elevar el mundo, para sembrar en él la luz, para abrir el surco de caminos inéditos que puedan generar un mañana mejor.
Tenemos conciencia del entramado de confusión en que vive la sociedad y que afecta sobre todo a nuestros jóvenes. “Una crisis de identidad, que es también una crisis de sentido y de valores”: la desintegración familiar, la incertidumbre del mañana, el bombardeo digital, la polarización social que ensancha las injusticias como fruto en gran medida del materialismo egoísta, la creciente violencia que éste genera. Todo esto hace difícil que cobre cuerpo en nosotros “la convicción de ser amados, llamados y enviados como peregrinos de esperanza”.
Mensaje de los Obispos de la Conferencia Episcopal a la Iglesia y al pueblo de Costa Rica con ocasión del Mes de la Juventud
Jóvenes constructores de la civilización del amor
Nuestra Iglesia, tradicionalmente, dedica el mes de julio a los jóvenes. Por esa razón, se multiplican en estos días encuentros y espacios en los que, junto a ellos y con ellos, reflexionamos y oramos por los jóvenes, renovamos nuestra apertura e invitación para que se sientan parte de nosotros y participen con su protagonismo en un caminar sinodal.
Bien dice el Papa Francisco que los jóvenes no son solo el futuro, sino el presente de la Iglesia y del mundo, su rostro más radiante y auténtico por los valores y las convicciones que los caracterizan. La juventud debe ser un tiempo de entrega generosa, de ofrenda sincera, de sacrificios que duelen pero que nos vuelven fecundos (cfr. Christus vivit, 107). Con el Santo Padre decimos a los jóvenes: No dejen que les roben la esperanza y la alegría, que los narcoticen para usarlos como esclavos de sus intereses. Atrévanse a ser más, porque su ser importa más que cualquier cosa.
Muchos son los signos de esperanza que encarna nuestra juventud. En el corazón de la inmensa mayoría de nuestros jóvenes hay un auténtico deseo de bien, perviven altos ideales y proyectos generosos, quieren ser agentes y constructores de una nueva civilización, más plenamente humana, compasiva, entregada al servicio, consciente de sus capacidades y de sus responsabilidades, comprometida con la paz, el diálogo, la atención de los hermanos necesitados, el desarrollo integral y la protección de la Casa Común.
No faltan los signos de amenaza como el resentimiento y la autoreferencialidad por las heridas de los golpes de la vida, las relaciones tóxicas de dominio, manipulación, acoso; las ideologías deshumanizadoras, las adicciones de cualquier tipo que esclavizan, las dinámicas sociales de consumismo e indiferencia ante el sufrimiento de los demás, la discriminación, la violencia…