

“Bendito sea Dios… que nos ha hecho renacer a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo.” (1 Pe 1,3)
Con profunda alegría pascual elevamos nuestra voz para anunciar la Buena Noticia que nunca envejece: el Señor ha vencido la muerte, y con Él, también son sanadas nuestras heridas, vencidos nuestros miedos y todo aquello que parece quitarnos la paz. En medio de nuestras realidades cotidianas, con sus luces y sombras, la Pascua irrumpe como un anuncio de vida nueva, de alegría profunda y de esperanza que no defrauda.
En la Resurrección del Señor encontramos la luz que disipa toda oscuridad, la fuerza que nos levanta de nuestras caídas y la certeza de que el amor de Dios es más fuerte que el pecado, el dolor y la muerte. Es un acontecimiento que transforma la historia y toca nuestras vidas hoy. En el Señor resucitado, Dios ha pronunciado su palabra definitiva sobre la humanidad: no estamos hechos para la muerte, ni para la desesperanza, ni para el sinsentido, sino para la vida plena, la comunión y la eternidad.