

A un sacerdote se le cayó una hostia consagrada en la Iglesia de San Antonio, en Sokóka, Polonia, el 12 de octubre de 2008. Como corresponde, la recogió y la colocó en un recipiente con agua para que se disolviera. Una semana después cuando vieron el recipiente notaron que tenía adheridos coágulos rojos.
En 2019, los estudios científicos concluyeron que los elementos encontrados eran compatibles con los tejidos de un corazón humano (miocardio) y que inexplicablemente se mantenían conservados. Este hecho es considerado uno de los primeros milagros eucarísticos del siglo XXI. Como este, ha habido otros hechos similares desde hace siglos.