

“Mi padres me transmitieron la fe desde muy pequeño. Mi abuelo materno también jugó un papel muy importante en mi formación, ya que me llevaba a mis hermanos y a mí a participar de actividades de la Iglesia. A los 14 años, un amigo me invitó a formar parte de un proyecto que buscaba crear una comunidad juvenil en Pueblo Nuevo de Limón. Por diversas circunstancias, sin esperarlo, asumí el liderazgo del grupo durante más de cinco años.
El grupo se llamó JOVIC (Jóvenes Viviendo para Cristo) y continúa activo gracias a Dios. Allí descubrí dones y carismas que Dios había puesto en mí para ponerlos al servicio de la Iglesia y los jóvenes. La Pastoral Juvenil ha significado una de las experiencias más importantes y transformadoras de mi vida.
Durante más de diez años tuve la oportunidad de servir en diferentes responsabilidades, crecí poco a poco en mi compromiso pastoral, desde líder de comunidad juvenil hasta asumir el servicio como Delegado Diocesano de la Pastoral Juvenil de Limón, el cual finalicé en el 2025.
La Pastoral Juvenil fue para mí una verdadera escuela de vida. Allí aprendí a escuchar, acompañar, animar, trabajar en equipo y comprender que el liderazgo cristiano se construye desde el servicio y no desde los títulos o cargos.
Aprendí también a confiar en Dios en medio de los momentos difíciles, cuando los recursos parecían insuficientes o cuando los desafíos parecían más grandes que nuestras capacidades.
Hace 13 años, su madre iba a tener una operación y él se ofreció para donar sangre; no obstante, el examen previo encontró un nivel bajo de plaquetas. El doctor le recomendó hacer una prueba de VIH. El resultado dio positivo, algo totalmente inesperado.
Fue el inicio de un duro proceso de asimilación y lucha por seguir adelante. También, sin saberlo, ahí se comenzó a germinar su poemario, Balada de un hombre con SIDA, el cual fue reconocido este año con el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría.
El poeta Pablo Narval habla sobre cómo encontró en Dios y en la poesía fuerzas para continuar. “Dios y la poesía me salvaron”, dice sin aspavientos. Se podría decir también que el Señor se manifestó a través de la familia y los amigos que estuvieron y están junto a él en los momentos complicados.
Pablo fue lector en la Catedral Metropolitana y actualmente se prepara para ser Ministro Extraordinario de la Comunión. “Un enfermo que lleva la comunión a otros enfermos”, expresa con felicidad.
Tras recibir aquella difícil noticia y sentir el desprecio de algunos, se sumió en una pesadumbre absoluta, incluso reconoce que en algún punto decidió no tomar los retrovirales, pues prefería morir. Así, su salud comenzó a deteriorarse hasta quedar hospitalizado.