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Lunes, 26 Enero 2026
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En este tiempo pascual en que experimentamos, si cabe más, el abismo de gracia y misericordia del Padre en la portentosa intervención salvífica de la resurrección de Cristo que, sobreabundando sobre el mal, nos restaura, nos libera, nos regenera, nos disponemos a vivir un nuevo jubileo. La iglesia celebra y difunde esa oferta de gracia y misericordia de Dios y se complace en ofrecernos su abundante caudal, esta vez, con ocasión de los significativos aniversarios que se cumplen en torno a la gran figura de San Isidro labrador.

Es una nueva invitación a vivir la vocación que tenemos todos a la santidad, a acoger la Vida nueva que brota de la resurrección, por acción del Espíritu, y centrar nuestra vida en la dinámica del amor que nos asegura haber nacido de Dios. En San Isidro se manifiesta eso que el Papa Francisco llama la santidad de la puerta de al lado, una santidad muy “normal”. Se santificó viviendo una vida sencilla y cotidiana, a la que lo había llamado el Señor, pero vivida con la intensidad de la referencia a Dios que lo hizo feliz, dichoso, bienaventurado, junto a su familia, en el contexto que le tocó vivir.

La conciencia de la Providencia divina, de estar inmerso en el misterio de la benevolencia de Dios, lo llevó a una fe profunda que conformaba totalmente su vida, planteada siempre en la relación con el Señor, y que le permitía asumir actitudes que le daban una admirable talla humana. La vivencia del amor en el contexto del matrimonio, de la familia, lo fue madurando, justamente en la entrega de su vida a su esposa, con la que compartió el camino de santidad, y a su hijo, en un proyecto común que significaba, para todos, la presencia del amor de Dios.

Los obispos de la Conferencia Episcopal costarricense manifestaron su agrado ante el anuncio realizado por las autoridades del Gobierno de la República de quitar las restricciones de aforo en actividades, lo cual permitirá celebrar la Santa Eucaristía en los templos al 100% del espacio disponible. Asimismo, el episcopado hizo un llamado a la responsabilidad en medio aun de la situación de Pandemia.

Los prelados culminaron la Asamblea Ordinaria 123 y anunciaron las disposiciones para la celebración de la Cuaresma y la Semana Santa. Respecto a las procesiones en vía pública, el gobierno mantiene las restricciones y no ha respondido a la petición hecha por los obispos para que estas sean levantadas. 

 

A casi dos años de que se diera el primer caso positivo de COVID-19, los pastores diocesanos elevan una plegaria por las personas fallecidas, por quienes han sufrido a causa de esta enfermedad y por aquellos familiares o amigos que sufren por todas estas consecuencias por la pandemia.

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