

Anoche, en medio de las manifestaciones en el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, algunas personas ocasionaron daños en la Parroquia Inmaculada Concepción de María, en Liberia. Ante esta situación la Diócesis de Tilarán-Liberia reafirmó su compromiso con las mujeres.
Mediante un comunicado de prensa, la iglesia diocesana transmitió su rechazo categórico a toda forma de discriminación y violencia contra la mujer.
“Monseñor, todos sabemos que las primeras páginas de la Biblia nos dicen que Dios creó al hombre y a la mujer, distintos físicamente, pero iguales en dignidad. ¿Por qué entonces, a lo largo de la historia se ha desarrollado e impuesto una visión contraria, según la cual se ha considerado a la mujer inferior al varón? ¿Ha habido causas filosóficas, sociales y religiosas? ¿Y por qué también en la Iglesia se ha ido aceptando esa concepción contraria a la enseñanza de la Palabra de Dios?”
Margarita Rivera A. – Heredia
Usted, estimada Margarita, apunta a varias causas que han podido concurrir a esta injusta situación de la mujer en relación con el varón. Sin embargo, lo primero que hay que tener siempre presente, es que este hecho hace parte de un fenómeno más amplio y muy injusto y doloroso. Nos referimos a la tendencia general de marginación y de atropello del ser más débil, de parte de aquel que se considera más fuerte y que, entonces, “golpea” al más débil, al pobre, al indefenso, al minusválido, al anciano, al extranjero, al que posee poca o ninguna educación formal… Nos basta pensar en el fenómeno por todos conocido, del “bulling”, tan común en nuestros centros educativos.
A través del Motu proprio "Spiritus Domini", el Papa Francisco estableció que los ministerios del Lector y del Acólito están en adelante también abiertos a las mujeres, de forma estable e institucionalizada con un mandato especial.
Como destaca el portal Vatican News, las mujeres que leen la Palabra de Dios durante las celebraciones litúrgicas o que realizan un servicio en el altar, como ministras o como dispensadoras de la Eucaristía, no son ciertamente una novedad: en muchas comunidades del mundo son ahora una práctica autorizada por los obispos.
Sin embargo, hasta ahora todo esto se ha realizado sin un mandato institucional real y adecuado, en derogación de lo establecido por San Pablo VI, quien, en 1972, al abolir las llamadas "órdenes menores", había decidido mantener el acceso a estos ministerios reservados a los hombres sólo porque los consideraba preparatorios para un eventual acceso a las órdenes sagradas.