

“Descubrir el Ordo Virginum -dice- fue también descubrir que existía en la Iglesia una forma de vida que expresaba aquello que comenzaba a crecer con tanta fuerza dentro de mi corazón: permanecer en medio del mundo, inserta en la realidad de mi diócesis, y al mismo tiempo entregar toda mi vida a Cristo como esposa”.
“Soy agustino, un hijo de San Agustín, que ha dicho: Con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo”. Estas fueron palabras del Papa León XIV durante su primer saludo Urbi et orbi, las cuales fueron pronunciadas por un gran santo de la Iglesia, San Agustín de la Iglesia, cuya vida es una historia de conversión y búsqueda de la Verdad.
San Agustín nació en Tagaste (actual Argelia) en el año 354. Su madre era cristiana, Santa Mónica, y su padre, llamado Patricio, era pagano. Desde joven se distinguió por ser muy estudioso.
De pequeño iba a coger café y a jugar en el campo. Pero cuando era adolescente, comenzó a notar a unos frailes franciscanos, le llamaba la atención la manera cómo vivían, sobre todo la fraternidad que tenían entre sí.