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Domingo, 08 Febrero 2026
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Caridad, compasión y misericordia al servicio de los enfermos

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar y Educativo, UJPll / UCAT / Doctor en Humanidades, UPF Febrero 08, 2026

En un pasillo del hospital, la quietud de la noche parece acentuar cada susurro. Willy, un líder comunitario que escribe semanalmente sobre salud, bienestar general e historia para un semanario de la Iglesia Católica, se cruza con Joel Levi, capellán de un hospital.

Su encuentro no es casualidad: es una búsqueda compartida para convertir la compasión en una calidad de presencia real en la vida de los enfermos y sus familias. En este diálogo, las palabras y ejemplos de San José Moscati, Beato José Ambrosoli y San José Gregorio Hernández iluminan la senda; el hilo conductor es la parábola del Buen Samaritano y el llamamiento de la Jornada Mundial del Enfermo 2026 a amar llevando el dolor del otro, con la atención puesta en Chiclayo como punto de referencia de acción comunitaria.

Willy: Padre Joel, a veces me pregunto si nuestras acciones llegan al lugar donde el dolor se manifiesta con más claridad. En mi labor de orientación educativa y familiar, y en mi labor pastoral como ministro extraordinario de la Comunión, busco palabras de consuelo acompañadas de gestos concretos. ¿Qué exige la compasión cuando se traduce en hechos diarios, especialmente en los pasillos de un hospital? San José Moscati dice que la caridad es la savia que da sentido al servicio; ¿cómo traduces esa verdad en la vida de las familias que acompañamos y en las comunidades que servimos?

Padre. Joel Levi: La compasión, para ser auténtica, debe convertirse en acción sostenida. Frente a la realidad de quienes sufren, la presencia cuidadosa—tiempo, escucha y afecto—es tan crucial como cualquier tratamiento físico. El ejemplo del Buen Samaritano nos enseña a no mirar hacia otro lado; a detenerse, acercarse y cuidar con constancia. San José Moscati nos recuerda que la caridad es la savia que da sentido al servicio; esa savia debe fluir en cada visita, cada conversación, cada gesto de cercanía que alivie la soledad y el miedo.

Willy: Mi columna semanal, en la que publico mis artículos para el semanario Eco Católico, intento mostrar que el cuidado no es solo una intervención técnica, sino una relación que transforma.

Quisiera que cada lector descubra que la compasión no es un sentimiento pasivo sino una acción que necesita tiempo, recursos y presencia. ¿Cómo podemos traducir esa visión en prácticas concretas para familias y comunidades, manteniendo la dignidad de cada persona?

Padre. Joel Levi: El cuidado integral implica cuerpo, mente y alma, y reconoce que la soledad puede ser una forma de enfermedad para el enfermo y para quien cuida. El Beato José Ambrosoli quien fue medico nos recuerda que la paciencia continua gana a la enfermedad; la fidelidad en la espera es una forma de oración activa.

Así, cada acción—una visita, una conversación, una oración compartida—se vuelve liturgia de misericordia en medio del mundo. ¿Qué pasos prácticos propones para que estas ideas se traduzcan en programas semanales que conecten con Chiclayo, lugar donde se celebra la Jornada 2026?

Willy: Propongo rutas de apoyo emocional y espiritualidad cotidiana: talleres de empatía y escucha para familias, espacios de diálogo sobre miedos y esperanzas, y redes de voluntariado que acompañen a enfermos y adultos mayores. También campañas que faciliten acceso a recursos de salud, asesoría y transporte para quienes lo necesitan. Pero quiero que estos esfuerzos sean sostenibles y no efímeros. ¿Cómo mantener el impulso con fidelidad a lo que creemos sin convertirlo en simple rutina?

Padre. Joel Levi: La constancia nace cuando cada encuentro se planta como semilla capaz de germinar en el tiempo. San José Gregorio Hernández quien fue médico sostiene que la salud del alma es tan importante como la salud del cuerpo, y la curación auténtica nace de la misericordia que cura al compañero.

Piensa en cada actividad educativa y parroquial como un acto litúrgico cotidiano: una oración compartida, una visita, una charla que anime a ver al enfermo como prójimo. ¿Cómo puedes diseñar un programa semanal que conecte con la realidad de Chiclayo?

Willy: En mi entorno, imagino redes de voluntariado para visitas a enfermos y adultos mayores, programas de educación emocional para familias y escuelas, campañas para mejorar nutrición y acceso a medicamentos, y espacios de oración que integren sufrimiento y esperanza.

También deseo que el mensaje llegue a través de historias de sanación que combinen ciencia, fe y ternura, demostrando que la compasión es una acción concreta, no una idea abstracta. ¿Qué desafíos crees que debemos anticipar para sostener este proyecto a lo largo del tiempo?

Padre. Joel Levi: Uno de los retos es evitar la repetición vacía de gestos; cada acción debe ser significativa y acompañada de escucha.

Debemos permitir que la bondad se exprese en la diversidad de cada persona y comunidad. Mantener una cultura de cuidado exige humildad, confianza mutua y una visión de largo aliento. Si la compasión se queda en palabras, pierde su fuerza; cuando se traduce en obras, transforma la experiencia de enfermos y cuidadores por igual. ¿Qué pasos concretos propones para institucionalizar estas ideas en tu entorno educativo y comunitario?

Willy: Propongo un plan en varias capas: redes de acompañamiento para enfermos y adultos mayores con visitas periódicas y apoyos espirituales; programas de educación emocional para familias y escuelas; campañas de salud integral que abarquen alimentación, vivienda, acceso a medicamentos y transporte; espacios de oración y reflexión compartida; y difusión de historias de sanación que demuestren que la fe actúa en el mundo.

El Beato José Ambrosoli, a través de la memoria que nos acompaña, nos recuerda: “La paciencia continua gana a la enfermedad; la fidelidad en la espera es una forma de oración activa.” ¿Qué tipo de sostenimiento emocional y comunitario sería más eficaz para sostener este proyecto en el tiempo?

Padre. Joel Levi: El sostén proviene de una comunidad que aprende a mirar al enfermo con dignidad y a acompañar con generosidad. Asegurar que nadie quede al margen requiere un compromiso que se renueva cada día, para que la dignidad de cada persona inspire políticas y prácticas en escuelas, parroquias e instituciones. La compasión no es un acto aislado, sino una forma de vida que se expresa en cada encuentro y decisión. ¿Qué mensaje quieres dejar a las comunidades que leerán este diálogo y qué imagen quieres que se lleven de tu experiencia?

Willy: Quiero que cada lector vea la compasión como una acción cotidiana que da sentido a la vida. No es necesario gestos grandiosos, sino presencia constante: escuchar sin prisa, ayudar sin condiciones.

Que cada vecino descubra que el cuidado del otro es una oportunidad para crecer en humanidad y fe. Que la experiencia de la Jornada 2026 inspire a convertir el dolor en obras de misericordia y a construir comunidades donde nadie se sienta descartado. Que la fraternidad cristiana se extienda más allá de las paredes de la iglesia y del hospital hacia aulas, oficinas y hogares.

Padre. Joel Levi: Así sea. Que la compasión, sembrada en cada rincón de la ciudad, se convierta en testimonio que atraiga y sostenga, que transforme la vida de quienes cuidan y que ofrezca esperanza a quienes sufren. Que este diálogo sea una invitación a tejer redes de cuidado donde la ciencia y la fe dialoguen en honra de la dignidad humana.

Willy: Agradezco este encuentro, Padre Joel. Sigamos tejiendo puentes entre la ciencia, la fe y la vida cotidiana para que la compasión se multiplique como labor de amor en cada rincón de la realidad.

La verdadera compasión se revela cuando se traduce en acción sostenida: un paso a la vez, un gesto que reconforta, una presencia que acompaña.

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