Este artículo presenta un diálogo entre dos voluntarios del Centro Juvenil Luis Amigó: Willy, orientador familiar y educativo; y Anna Katherine, docente con experiencia amplia y una hoja de vida de profesional, liderando iniciativas en educación a nivel internacional.
A través de una conversación amena y enriquecida con citas insertadas en medio del diálogo, exploran la idea de que la educación empieza en casa, se fortalece en la escuela y se potencia en el nivel superior, siempre con la validación de emociones y una orientación familiar y educativa que acompaña a los niños, niñas y jóvenes en todas las etapas.
Willy: Anna Katherine, en nuestro trabajo como orientadores y docentes voluntarios del Centro Luis Amigó, hemos visto que la casa educa y la escuela perfecciona.
Pero para sostener ese proceso a lo largo del kínder, la primaria y la secundaria, necesitamos una alianza con las familias y con el entorno social de nuestros, niños, niñas jóvenes. ¿Qué experiencias te han mostrado esa sinergia entre casa, escuela y vida profesional de impacto?
Anna Katherine: Es una visión compartida y necesaria. Tú, como orientador familiar y educativo, trabajas desde la casa hasta la escuela para que cada paso del camino tenga coherencia. Yo, con mi trayectoria docente y con una hoja de vida profesional liderando iniciativas internacionales en educación, he visto que la calidad educativa se enriquece cuando hay una red de apoyo que valida emociones y fortalece habilidades a cada nivel.
Cito a Ortega y Gasset para entender la relación entre yo y mi circunstancia: “Yo soy yo y mis circunstancias”; la educación debe abrazar esas circunstancias para convertirlas en aprendizaje. Y en nuestro escenario, la circunstancia es la familia, la escuela, el colegio el centro juvenil y la comunidad.
Willy: Me gusta esa idea de abrazar circunstancias. En nuestra labor diaria, la orientación familiar funciona como puente entre lo que la casa espera y lo que la institución ofrece.
Cuando las familias participan y se valida la emoción de los niños, niñas jóvenes, el aprendizaje se afianza. ¿Qué experiencias te han mostrado esa dinámica en tu trayectoria con jóvenes, especialmente cuando hay riesgos o conflictos sociales?
Anna Katherine: En mi experiencia como docente y en roles directivos a nivel internacional, he aprendido que muchos niños, niñas y jóvenes no son “problemas” sino personas con necesidades invisibles: miedo, inseguridad, deseo de pertenencia, y a veces una herida por una experiencia de exclusión.
Un protocolo de escucha activa, combinado con acciones concretas de apoyo, reduce conductas disruptivas y eleva la motivación. En palabras de Omar Dengo, la educación debe abrir puertas para que cada persona pueda transitar hacia su propio aprendizaje y transformarlo.
En este sentido, cuando la familia participa y las personas docentes y profesionales en orientación trabajan con empatía, se crea un entorno donde los niños, niñas jóvenes pueden practicar la responsabilidad y la cooperación.
Hay una verdad que comparto con mis colegas: “Trabajar con la niñez juventud no es sólo protegerlos, es empoderarlos para que protejan su propio futuro”, como sostiene una líder educativa que admiro.
Willy: Esa idea de empoderar es central. En las aulas y en los pasillos del centro de la escuela y del colegio, veo que la validación emocional abre la puerta a conversaciones sobre límites, responsabilidades y sueños. ¿Cómo trabajas esa validación en distintos contextos educativos, desde kínder hasta secundaria, y qué papel juegan las figuras parentales y comunitarias?
Anna Katherine: La validación emocional no significa aprobar todo; significa reconocer y nombrar la experiencia de quien está frente a ti. En el kínder, reconocer el miedo a la separación ayuda a construir resiliencia; en primaria, la frustración ante un reto impulsa estrategias; en secundaria, la ansiedad por el futuro requiere acompañamiento sostenido.
María Eugenia Dengo decía que la educación debe ser un acto de dignificación humana; esa idea guía mi práctica. También, citando a Octavio Paz, “El silencio es la violencia que la palabra puede romper”; validar emociones es darle voz a lo que el niño, niña y los jóvenes ya siente para que puedan expresar, comprender y actuar con responsabilidad.
La familia debe integrarse en ese motor emocional, acompañando y reforzando lo aprendido en la escuela.
Willy: Hoy hablamos de una orientación familiar transversal. ¿Cómo construir una alianza sólida entre familia, escuela, colegio y Centro Juvenil para que la educación de calidad alcance a todos los niveles educativos?
Anna Katherine: En primer lugar, entender que la familia es coeducadora y aliada; no solo un entorno. En segundo lugar, establecer una comunicación clara y continua con roles y metas compartidas.
En tercer lugar, diseñar planes de intervención que respeten la diversidad y las condiciones propias de cada niño y niña, desde el kínder hasta la formación técnica o universitaria.
En cuarto lugar, celebrar los logros, por pequeños que parezcan. Siempre que hemos trabajado en red, los resultados mejoran: menos ausentismo, mayor participación y conductas más estables.
Carmen Naranjo decía que la palabra bien utilizada puede transformar una realidad; si la orientación se da desde la escucha y la esperanza, la transformación es posible. Y, para dar un realce literario, recordemos a Isaac Felipe Azofeifa, quien nos enseña que la educación debe ser una experiencia que invita a soñar y a construir.
Willy: Precisamente, la celebración de logros es fundamental. En el Centro Juvenil Luis Amigó, trabajamos con proyectos que integran familia, escuela y comunidad: lectura en voz alta familiar, talleres de habilidades de vida, proyectos de servicio comunitario. ¿Qué prácticas recomiendas para fortalecer esas alianzas entre familias y docentes y mantener la motivación de los jóvenes en todas las etapas?
Anna Katherine: Recomiendo, primero, crear espacios de encuentro regulares entre docentes, orientadores y familias, donde todos participen como aprendices y educadores. Segundo, usar herramientas de comunicación claras y humanas: boletines, chats, agendas, siempre con un tono de respeto.
Tercero, establecer metas compartidas: mejorar la asistencia, aumentar la participación en clase y reducir conductas disruptivas mediante acuerdos con las familias.
Cuarto, incorporar la voz de los jóvenes: que ellos mismos definan, junto a sus familias, qué esperan de la escuela y qué necesitan para lograrlo. Ortega y Gasset nos invita a reconocer las circunstancias para convertirlas en proyectos educativos. Y Borges, en su claridad, nos recuerda que cada relato de aprendizaje es una semilla que germina con el cuidado adecuado.
Willy: Hablemos de prácticas diarias que fortalecen la confianza entre familias y docentes en kínder, primaria y secundaria. ¿Qué acciones concretas propones?
Anna Katherine: Acciones simples y consistentes: llegar a tiempo, cumplir promesas, escuchar sin interrumpir, reconocer avances y responder con claridad ante dudas.
Invitar a las familias a participar en actividades concretas como lecturas, talleres de vida y proyectos comunitarios crea un sentido de pertenencia y seguridad. Una maestra que admire (Flory Chaves, q.D.g.) decía: la confianza se teje con hilos de atención real y presencia constante.
En ese marco, la voz de Borges resuena: “Uno no es la suma de sus veces detenidas; es la memoria de cómo se ha seguido.” Así, cada encuentro cuenta para construir relación y continuidad.
Willy: ¿Cómo incorporar citas y referentes literarios para enriquecer nuestra labor de educación con responsabilidad y validación emocional?
Anna Katherine: Aquí tienes algunas citas de autores que nos inspiran y que pueden insertarse dentro del diálogo:
Omar Dengo: la educación debe abrir puertas para que cada persona transite hacia su propio aprendizaje y se empodere para transformar su entorno.
María Eugenia Dengo: la educación es dignificación humana y acceso a oportunidades que permiten vivir con sentido.
Carmen Naranjo: “La palabra bien utilizada puede transformar una realidad”; la orientación y la comunicación empática pueden cambiar trayectorias.
Isaac Felipe Azofeifa: la educación es una experiencia que invita a soñar y a construir, orientando desde la solidaridad y la ética.
Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”; la educación debe comprender y dialogar con las circunstancias individuales de cada estudiante.
Octavio Paz: “El mundo es perfecto para el que no quiere cambiarlo”; recordando que la educación debe impulsar la acción reflexiva para transformar la realidad.
Borges: “La memoria es la inteligencia del corazón”; cada historia de aprendizaje es una semilla que se cuida y florece con paciencia.
Willy: Para cerrar, ¿qué mensaje corto y práctico dejarías para la audiencia sobre la importancia de la educación con responsabilidad, la validación de emociones y la orientación familiar en todos los niveles educativos?
Anna Katherine: Un mensaje claro: la educación es un camino que se construye con responsabilidad, escucha y acompañamiento.
La validación de emociones es la brújula que guía ese camino, y la orientación familiar y educativa actúa como puente entre casa y escuela para que cada joven alcance su pleno potencial.
Si familias y docentes trabajan como un equipo, desde kínder hasta la secundaria y más allá, estaremos sembrando un futuro más justo, humano y lleno de oportunidades para todos. Y que el diálogo entre ciencia, experiencia y ética guíe cada paso, como nos enseñan los grandes pensadores que citamos.
Willy: Agradecemos a cada familia, a cada docente y a cada joven que se compromete a caminar juntos. En el Centro Juvenil Luis Amigó continuaremos fortaleciendo estas alianzas, acompañando emociones y celebrando logros, por pequeños que sean.
Anna Katherine: Nos guía el pensamiento de que la educación no es llenar un cubo, sino encender un fuego. Sigamos encendiendo ese fuego con responsabilidad, empatía y cooperación.
Willy: Por un aprendizaje que transforma, una familia que acompaña y una comunidad que cuida. Hasta la próxima, Anna Katherine.
Anna Katherine: Hasta pronto, Willy. Que cada casa, cada aula y cada centro juvenil sean lugares donde la educación florezca con dignidad y esperanza.
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