Willy: Benjamin Moisés, sentado aquí en nuestra casa de Aserrí, rodeados de bambú y de doce perros que recogimos y cuidamos con tanto cariño, quiero hablar contigo sobre la Cuaresma de una forma cálida y cercana. ¿Te parece si lo hacemos en un diálogo de preguntas y respuestas que te guíe paso a paso?
Benjamin Moisés: Me encanta, papá. Quiero entender qué es la Cuaresma y, sobre todo, cómo vivirla aquí, en casa, con nuestra familia y con los perros. ¿Qué es lo primero que debemos saber?
Willy: Lo primero es entender que la Cuaresma es un tiempo de preparación del corazón. Es un viaje hacia adentro y hacia los demás, como cuando cuidamos a estos doce peluditos: les damos alimento, refugio y atención constante. Si pensamos en eso, ¿qué significa para ti “cuidar el interior” de uno mismo?
Benjamin Moisés: A veces me enfado rápido con mi hermano o me pongo nervioso en clase. Quiero aprender a escuchar mejor y a ser más paciente. Si la Cuaresma es un tiempo para convertir el corazón, ¿cómo puedo empezar a hacerlo, empezando por casa?
Willy: Es una pregunta muy bonita. El Catecismo habla de las obras de misericordia como acciones para ayudar a los demás en sus necesidades, tanto físicas como espirituales. ¿Recuerdas algunas que hemos comentado?
Benjamin Moisés: Sí: dar de comer al hambriento, consolar al triste, perdonar, instruir y aconsejar. ¿Son esas las que debemos vivir con más intención en la Cuaresma?
Willy: Exacto. Y para que se vuelvan hábitos, te propongo tres líneas guía que podemos practicar aquí, en casa y con los perros, para conectar lo que decimos con lo que hacemos. Primera: dar de comer al hambriento. ¿Qué acciones concretas podemos hacer para cumplir esta obra en nuestra casa y en la comunidad?
Benjamin Moisés: Podríamos cocinar algo sencillo para compartir, o ayudar a preparar comida para alguien que lo necesite. También cuidar la comida de los perros para que ninguno pase hambre. En la comunidad, podríamos apoyar a un comedor social o llevar algo para quienes lo necesiten. ¿Qué impacto crees que tendría eso entre tus amigos y en la escuela?
Willy: Sería un ejemplo vivo. Cuando los demás ven que actuamos con generosidad, se inspiran. Segunda línea guía: instruir, aconsejar y consolar. Tú ya estás creciendo y puedes acompañar con paciencia a tus amigos y a mí. ¿Cómo podrías ayudar a otros a entender mejor las cosas y a sentirse acompañados?
Benjamin Moisés: Puedo explicar con ejemplos simples, usar analogías cercanas y hacer preguntas para saber qué es exactamente lo que no entienden. Y si alguien está triste, puedo escuchar sin interrumpir y después compartir un consejo práctico. ¿Podrías darme ejemplos reales para practicar?
Willy: Imagina a un compañero que no entiende una tarea. Le dices: “Vamos a verlo juntos, paso a paso. ¿En qué parte te has quedado? ¿Qué te parece si probamos así?” Si alguien parece solo, te sientas con él durante el recreo, preguntas por su día y compartes un rato de charla. ¿Qué sientes cuando alguien te escucha de verdad?
Benjamin Moisés: Me siento visto y menos ansioso. Me ayuda a abrirme. Pero a veces me cuesta, porque quiero decirle a todos lo que deben hacer. ¿Cómo corregimos con amor, sin herir?
Willy: Esa es la tercera línea guía: visitar a un familiar mayor o participar en la pastoral social. Podemos empezar por una llamada, una visita breve o una ayuda solidaria. ¿Qué tipo de visitas o acciones te gustaría hacer para practicar esta obra?
Benjamin Moisés: Me gustaría visitar a la abuela de la vecina que vive sola, llevarle algo para comer y escucharla. También podríamos colaborar en la pastoral social, repartir comidas o visitar enfermos. Pero, ¿y si no hay una oportunidad grande de hacer algo? ¿Qué hacemos entonces?
Willy: Las obras de misericordia también se realizan en lo cotidiano. ¿Qué otros gestos podríamos hacer en casa para vivir estas obras sin necesidad de salir?
Benjamin Moisés: Podemos invitar a alguien a comer lo que sobra, compartir lo que tenemos con los vecinos, enseñar a mis hermanos cosas que no entienden y corregir con paciencia cuando se equivocan, sin humillarles. ¿Qué ideas prácticas propones para esta semana?
Willy: Proponemos una rutina suave y constante. Primera semana: visitar a un familiar mayor, llamar a alguien que no ves hace tiempo. Segunda semana: ayudar en la pastoral social, ya sea llevando comida o visitando a enfermos. Tercera semana: compartir en casa lo que sobra y cuidar con más atención a los perros. Cuarta semana: acompañar a quien ha perdido a un ser querido con presencia y oración. ¿Te parece que lo intentemos así, paso a paso?
Benjamin Moisés: Sí, me parece que sí. Pero a veces me preocupa si podré hacerlo bien o si voy a fallar. ¿Qué pasa cuando algo no sale como esperamos y alguien se enoja?
Willy: La Cuaresma no es una competencia; es un camino de aprendizaje. Si algo sale mal, respiras, pides perdón y sigues adelante. ¿Qué te ayudaría a no desanimarte cuando algo sale mal?
Benjamin Moisés: Recordar que el objetivo es aprender a amar y a estar para los demás, no solo “hacer cosas buenas”. También podría pedir disculpas y explicar mejor qué quería hacer, para evitar herir. ¿Qué papel juegan la paciencia y el perdón en este proceso?
Willy: Paciencia y perdón son pilares. Requieren humildad. Si alguien no entiende algo, preguntas qué les confunde y adaptas tu explicación. Si alguien se ofende, pides perdón de inmediato. ¿Cómo te sientes tú cuando perdonas a alguien o te piden perdón?
Benjamin Moisés: Me libera un peso, me invita a empezar de nuevo. Siento que la relación se repara y podemos reconstruir la confianza. Y con nuestros perros, ¿cómo aplicamos estas ideas?
Willy: Ellos también nos enseñan paciencia: al alimentarlos, al pasearlos, al esperar su turno para comer. Podemos establecer horarios de comida y juego y recordar que cada uno de ellos merece atención. ¿Qué reto propondrías para cuidar mejor a nuestros doce perros y a nosotros mismos durante la Cuaresma?
Benjamin Moisés: Propongo que cada semana tengamos una pequeña acción: una llamada a alguien mayor, una visita breve a un familiar, una ayuda en la pastoral, compartir lo que sobra y ser más consistentes con los horarios de los perros. ¿Te parece?
Willy: Me parece perfecto. Y si en algún momento la vida se complica, podemos volver a lo esencial: el cuidado, la escucha y la presencia. Porque la Cuaresma es un camino de amor que se practica día a día, en casa y en la comunidad. ¿Te gustaría que terminemos este diálogo con una oración breve que nos acompañe en este viaje?
Benjamin Moisés: Sí, papá. Cerremos con una oración suave, agradeciendo por nuestra familia, por nuestros perros y por la oportunidad de crecer en empatía y servicio.
Willy: Oremos juntos: Dios de misericordia, ayúdanos a mirar el interior de nuestras almas con humildad. Danos la paciencia para escuchar, la fuerza para perdonar y el valor para servir a los demás. Que cada gesto de cuidado, cada comida compartida y cada visita sea una semilla de amor que haga crecer tu reino en nuestro hogar. Amén.
Lo invitamos a compartir nuestro contenido