Necesitamos técnicas y técnicos, profesionales, mujeres y hombres en salud mental, psicología, gerontología, enfermería avanzada, educación especial, orientación familiar, terapia ocupacional, cuido paliativo. Hoy lo digo con fuerza. Cuidar será la profesión más revolucionaria, la que ninguna máquina hará. Campo donde nuestras mujeres sostuvieron el país sin reconocimiento. Ahora debe ser profesión digna y bien pagada para ellas y ellos.
Necesitamos carreras para cuidar la casa común. Nos vendimos como país verde, pero tenemos ríos contaminados, desperdicio de alimentos y crisis de agua en Guanacaste que afecta a agricultoras y agricultores. Necesitamos ingenieras e ingenieros en energías renovables, gestoras y gestores del agua, especialistas en agricultura regenerativa, bioeconomía, manejo de residuos, turismo sostenible real. Ahí está el empleo para jóvenes que aman la tierra.
Necesitamos carreras para economía del conocimiento con sello tico y equidad. No maquila de código ajeno, sino soluciones propias. Ciberseguridad tras hackeo de 2022. Ciencia de datos con ética. Inteligencia artificial centrada en ser humano. Biotecnología para biodiversidad. Como propone Sal Khan, la IA debe ser tutor que potencie a la docente y al docente, no sustituto. Necesitamos más niñas programando, más mujeres en ciencia, más jóvenes de colegios técnicos creando.
Y necesitamos carreras híbridas que aún no existen en CONARE y debemos crear. Abogada y abogado en ética de algoritmos y derechos digitales. Docente curadora y curador de contenidos de IA para escuelas unidocentes. Agricultora y agricultor que usen drones y saberes ancestrales de abuelas y abuelos. Enfermera y enfermero que usen IA para diagnosticar a distancia en Talamanca. Carreras con sentido y arraigo.
Aquí está el corazón. La IA no te quitará el trabajo. Te lo quitará alguien que use la IA mejor que tú. Según Future of Jobs 2025, 42 por ciento de habilidades laborales cambiará en tres años. UNESCO 2024 confirma que 60 por ciento de empleos ya están transformados por IA. No es futuro, es presente.
Para ser empleable en 2030, una joven y un joven necesitan cinco alfabetizaciones que ninguna malla enseña completa.
Primero, alfabetización emocional y ética. La IA no tiene conciencia, culpa, abrazo ni escucha. Costa Rica está ansiosa y deprimida. Debemos enseñar a hijas e hijos a gestionar frustración, trabajar en equipo entre mujeres y hombres, poner límites sanos, decir no sin culpa, pedir ayuda sin vergüenza. Como escribí hoy. También es autocuidado no dar más de lo que puedes dar. Descansar es amor propio. Resiliencia, empatía y ética serán currículum más buscado.
Segundo, pensamiento crítico y complejo. No creer todo lo que dice pantalla, TikTok o audio de WhatsApp. Verificar, contrastar, dudar, preguntar. En un país víctima de noticias falsas y estafas que afectan a adultas mayores y adultos mayores, pensamiento crítico es defensa de democracia y familia.
Tercero, alfabetización digital y de datos con perspectiva humana. No es usar Word. Es entender cómo funciona el algoritmo, qué sesgos tiene contra mujeres, personas afrodescendientes, personas con discapacidad. Proteger datos, dialogar con IA para que sea asistente y no sustituta. Pedirle que ayude a estudiar, no que haga tarea.
Cuarto, aprender a aprender y a desaprender. Título no es para toda la vida. Técnica y técnico del INA o bachiller universitario tendrán cinco o seis oficios en vida. La Universidad no puede dar todo el conocimiento. Debe dar brújula, curiosidad y humildad para nunca dejar de aprender. Como decía Toffler, analfabetos del siglo XXI no serán quienes no sepan leer y escribir, sino quienes no sepan aprender, desaprender y reaprender.
Quinto, creatividad y emprendimiento con propósito. La IA genera ideas, pero no tiene propósito ni valores. El Ser humano sí. Costa Rica no necesita jóvenes esperando empleo. Necesita jóvenes, mujeres y hombres, que creen trabajo digno para ellas, ellos y otros. Como digo a mis estudiantes. No esperes oportunidades, créalas.
Cómo deben ser nuestras universidades hoy. Más pequeñas en ego y más grandes en corazón. Menos aulas con filas y más laboratorios de vida que resuelvan agua, basura, soledad de adultas mayores y adultos mayores. Menos exámenes de memoria y más proyectos comunitarios donde estudiantes se ensucien zapatos en territorio.
Necesitamos universidad que enseñe que éxito no es mejor promedio, sino salud mental para sostener vida. Que trabajo no es solo salario, es servicio. Que tecnología es maravillosa, pero fin siempre debe ser humano y tico, con rostro de mujer y hombre, niña y niño.
La mejor universidad no será la que tenga biblioteca más grande, sino la que forme personas que sepan qué hacer cuando no hay biblioteca, no hay internet, solo hay ser humano frente a otro que necesita ayuda.
Esa es universidad que sueño. Valiente, humana, digital, inclusiva y profundamente costarricense. Que abrace a las y los diversos, a quienes aprenden diferente, a quienes vienen de lejos.
Porque como decía don Pepe Figueres, para qué tractores sin violines. Hoy digo, para qué inteligencia artificial sin inteligencia emocional, sin ética y sin corazón tico que incluya a todas y todos.

















