"Todo ser humano merece una segunda oportunidad, y una tercera, y todas las que sean necesarias." Lo he visto una y mil veces. La muchacha que llegó consumida por el crack y hoy ayuda a otras compañeras. El muchacho que estuvo detenido tres veces y hoy estudia soldadura. No son casos aislados, son milagros cotidianos que ocurren cuando alguien decide no rendirse con ellos y con ellas. El amor es terco, insiste, permanece.
"Educar es un acto de amor, no de castigo." Como orientador educativo y familiar, he comprendido que nuestros jóvenes y nuestras jóvenes no necesitan más sermones, necesitan más escucha. No necesitan que les digamos lo que hacen mal, ya lo saben. Necesitan que les ayudemos a descubrir lo que pueden hacer bien. Cada joven tiene un don, aunque esté enterrado bajo el dolor, bajo la droga, bajo el abandono.
"Quien salva una vida, salva al mundo entero." A veces me dicen, Willy, usted no va a cambiar el mundo con lo que hace. Y yo sonrío, porque yo no quiero cambiar el mundo entero, yo quiero cambiarle el mundo a una persona a la vez. Si una joven deja de cortarse, si un joven decide volver a estudiar, si una madre recupera a su hijo, mi mundo ya cambió y el mundo cambió.
"La gratitud es la memoria del corazón." Por eso nunca olvido de dónde vengo. Nunca olvido mis pies descalzos, mis naranjas en un balde, mis noches con hambre. Olvidarlo sería traicionar a quienes me ayudaron. Cada vez que sirvo un plato de comida, cada vez que presto mis zapatos, cada vez que me quedo hasta tarde escuchando, estoy devolviendo un poquito de todo lo que recibí gratuitamente.
"La esperanza es lo último que se pierde, pero lo primero que se debe sembrar." En nuestros barrios hay mucho dolor, pero también hay mucha esperanza. La esperanza está en la señora que abre su casa para que los muchachos se bañen, en el policía que en lugar de golpear aconseja, en la profesora que no expulsa, sino que abraza. Somos más los buenos y las buenas, solo que a veces hacemos menos ruido.
"Amar hasta que duela, y seguir amando." Madre Teresa lo decía con claridad. Servir duele. Duele cuando un joven recae, duele cuando una muchacha vuelve a la calle, duele cuando te mienten, duele cuando te roban. Pero el amor franciscano no es romántico, es realista y perseverante. Duele, sí, pero no se retira. Se queda, espera, vuelve a intentar.
"Ser amable es revolucionario en un mundo violento." Por eso mi invitación hoy es sencilla y profunda. Sea amable con la cajera que lo atendió mal, con el joven que le gritó en el bus, con el vecino que le puso música alta. Usted no sabe qué batalla está librando esa persona por dentro. Quizás su amabilidad sea la única luz que vea en toda la semana.
"Los jóvenes no son el futuro, son el presente que necesita ser amado hoy." No podemos seguir diciéndoles que son el futuro mientras les negamos oportunidades en el presente. Si los queremos y las queremos como líderes del mañana, debemos amarlos y amarlas, formarlos y formarlas, incluirlos e incluirlas hoy. Con educación, con trabajo, con escucha, con fe.
"El servicio es el alquiler que pagamos por vivir en esta tierra." Yo pago mi alquiler cada día intentando ser útil. No soy rico, no tengo mucho, pero tengo mi historia, tengo mis manos, tengo mi tiempo. Y eso lo pongo al servicio. Porque al final de la vida no nos preguntarán cuánto tuvimos, sino a cuántos ayudamos, a cuántas sonrisas devolvimos, a cuántas vidas tocamos.
"Donde hay caridad y sabiduría, no hay temor ni ignorancia." San Francisco de Asís nos enseñó eso. Cuando hay amor verdadero, el miedo se va. Muchos de nuestros jóvenes y nuestras jóvenes viven con miedo: miedo al abandono, miedo al rechazo, miedo a no ser suficientes. Nuestro trabajo es reemplazar ese miedo por confianza, por certeza de que son amados y amadas incondicionalmente.
"Finalmente, nunca desistan de ser buenos y buenas." Ese es mi mensaje para usted que me lee y para cada joven que acompaño. El mundo necesita menos jueces y más hermanos y hermanas. Menos dedos que señalan y más manos que levantan. Si usted fue amable hoy con alguien que no lo merecía, si usted escuchó sin juzgar, si usted sirvió sin esperar nada, entonces usted ya hizo que este mundo sea un poco más humano, un poco más franciscano, un poco más de Dios.
"La calle enseña lo que ninguna universidad puede enseñar." En la calle aprendí a leer miradas, a distinguir el hambre real de la tristeza profunda, a valorar un vaso de agua fresca. Por eso cuando una muchacha o un muchacho me dice que tiene hambre, no solo le ofrezco pan, le ofrezco dignidad.
"El perdón libera más al que perdona que al perdonado." Muchos de nuestros jóvenes y nuestras jóvenes cargan rencores enormes contra su padre, contra su madre, contra el sistema que los expulsó. Perdonar no es justificar el daño, es liberarse de la cadena que los ata al pasado. Solo cuando perdonan pueden avanzar hacia una vida nueva.
"Cada historia de dolor puede convertirse en una historia de servicio." Mi historia de vender naranja descalzo hoy es mi credencial para entrar a lugares donde otros profesionales no pueden entrar. Cuando les cuento a los muchachos y a las muchachas que yo también pasé necesidad, se crea un puente de confianza que ningún título universitario puede comprar.
"La familia no siempre es de sangre, a veces es de elección." He visto jóvenes que no tienen madre ni padre presentes, pero han encontrado una familia en sus compañeros y compañeras del proceso, en una orientadora que los espera, en un taller donde aprenden un oficio. Esa familia elegida los sostiene.
"El amor no se impone, se propone con testimonio." No obligo a nadie a cambiar, no impongo mi fe. Solo propongo con mi vida que se puede vivir de otra manera, que se puede ser feliz sin drogas, sin violencia, sin delinquir. El testimonio vale más que mil discursos.

















