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Sagradas Escrituras: Fieras y ángeles con Jesús

By Pbro. Mario Montes M. Junio 04, 2023

En el primer domingo de Cuaresma, en el que se nos presentan las tentaciones de Jesús, del ciclo B, que corresponde al Evangelio de San Marcos, se nos cuenta lo siguiente: Enseguida, el Espíritu lo llevó (a Jesús) al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían. Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia (Mc 1,12-15).

La escena inicial en los vv. 12-13 de este texto, está en estrecha relación con la anterior, en la que Jesús ve rasgarse el cielo y al Espíritu bajar sobre Él, en el día de su bautismo (Mc 1,9-11). Es este Espíritu el que ahora toma la iniciativa, impulsando a Jesús al desierto. Aquí y durante cuarenta días, Jesús es tentado, convive con los animales salvajes y es servido por los ángeles. En el escueto relato de San Marcos, la tentación no se produce al final de la estancia en el desierto, sino que se extiende a lo largo de toda ella.

Cediendo a escrúpulos teológicos, la traducción litúrgica presenta la tentación desde una visión “permisiva” de Jesús. "Dejándose tentar por Satanás" es una traducción inexacta, pues el original está escrito desde la óptica del narrador, quien habla de una permanencia de Jesús en el desierto, durante una cuarentena de días, en que "fue tentado por Satanás". De igual manera que la tentación, el servicio que prestan los ángeles no se sitúa al final de los cuarenta días, sino que tiene lugar durante todo ese tiempo, en el que ellos suministran alimentos a Jesús. En el relato de San Marcos no hay, pues, ayuno de Jesús, sino, al contrario, alimento milagroso continuado.

 

Jesús entre fieras y ángeles

 

Podemos preguntarnos qué clase de animales rodeaban a Jesús, si eran alimañas, fieras, bestias feroces o demonios, contrapuestos a los ángeles de quienes hemos estado hablando. Si partimos desde la realidad misma del desierto y de los datos que nos ofrece la historia bíblica, sabemos que ese lugar es inhóspito y muy peligroso, no hay comida ni agua, está poblado de animales que, eventualmente,  pueden atacar a las personas (Núm 21, 4-7), como también de espíritus inmundos que vagan por esos áridos lugares…Basta con leer los episodios del pueblo de Israel, en el desierto en los libros del Éxodo, Números y Deuteronomio.

Es la morada de las fieras, de los búhos, de los avestruces y de los sátiros, de quienes hemos tratado como habitantes de aquellos parajes (Is 13,21); lugar frecuentado por los perros salvajes, por las hienas y por el demonio hembra de la noche, llamado Lilit (Is 34,14). El desierto es una región árida, esto es, sin vida (ver Lev 16,22; Is 53,8; Ez 37,11), porque carece de agua, fuente de vida. Es un lugar terrible y espantoso, en donde sólo viven serpientes venenosas y escorpiones; lugar de sed y sin agua (ver Dt 8,15).

 

Todo lo contrario…

 

Habría que decir que, más que una situación de desolación, peligro o muerte, para Jesús que pasó una cuarentena allí, vemos que, en este pasaje de Mc 1,12-13, hay un contraste muy marcado: Jesús durante estos cuarenta días es sometido a prueba por el Tentador, pero vive pacíficamente entre alimañas y servido por los ángeles. Es posible que se refleje aquí, antes de comenzar la vida pública del Salvador, aquella situación originaria que nos cuenta el libro del Éxodo, en el que, durante cuarenta años, Israel fue sometido a todas las tentaciones y, a la vez, fue objeto de los beneficios y cuidados de Dios. 

Por otra parte, la pacificación de las fieras viene a ser el restablecimiento de un orden paradisíaco (Gén 2,19-20), que el profeta Isaías había anunciado como una señal mesiánica (ver Is 11,6-9; 65,25). Además, el servicio de los ángeles significa el trato familiar que Jesús mantiene con el Padre Celestial, quien lo ha llamado con toda verdad "su Hijo amado" (Mc 1,11). Todo ello indica que va a comenzar una nueva creación y que, en Jesús,  va a ponerse en marcha el nuevo pueblo de Dios. San Marcos, pues, no presenta a Jesús en el desierto en una situación de peligro, de amenaza y de ayuno, sino todo lo contrario: vive en paz con los animales del desierto, pues con él han empezado los tiempos mesiánicos, siendo alimentado providencialmente por los ángeles, como Yahvé alimentó al pueblo elegido allá en el desierto. También existe un cierto paralelismo con Adán, el primer hombre: en una misma situación paradisíaca, Adán cae en la tentación, mientras  que Jesús triunfa.

El hombre del principio y el hombre definitivo, en abierto contraste teológico. Todo sucede a la vez y prolongado durante cuarenta días: tentación-animales salvajes o fieras –ángeles... Una única gran escena, fantástica y paradójica en unos pocos versículos. Toda ella nos introduce de nuevo en el imaginativo mundo de la tradición judía, sobre el final de los tiempos. Una escena paradisíaca del tiempo final. Un recurso expresivo de la fe en Jesús y de que con él, ha comenzado el Reino de Dios (Mc 1,14-15).

En el desierto Jesús es tentado por Satanás, se nos dice usando una expresión que podría entenderse así: “bajo su poder”, el Hijo de Dios realmente no tiene prerrogativa diversa a cualquier hombre, pues se somete igualmente a la acción del Tentador, no se exime de la prueba. Si no se dice el contenido de la tentación, tampoco se dice el resultado, pero podemos intuir que Jesús sale victorioso por los signos que le acompañan. Vive entre las fieras, como se vivía en el paraíso de los comienzos y como se promete que habrá esa paz entre todas las creaturas de la tierra (Ez 34, 20; Is 11, 7-9). 

Y también por la presencia de los ángeles que le sirven, que es el resultado de su victoria, como también un signo de su naturaleza divina, que opera ya en el mundo (Gén 28, 12; Jn 1,51). Jesús no se nos presenta como actor de un acontecimiento, sino que se nos habla de un mundo, en el cual él está inmerso y que es, a la vez, de prueba y de cumplimiento de profecías, donde convive lo animal y lo espiritual, en medio de la acción del Espíritu y de la tentación. En medio de estas contrariedades, Jesús se prepara para su misión, expresada en los siguientes versículos, al término de esta cuarentena. Toda una catequesis de optimismo y confianza: nada debemos temer si estamos con Jesús, aunque nos “enfrentemos con fieras”, pero estando protegidos por los ángeles.

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